Desde hace un par de años la comunidad judía de Paysandú ha tenido un nuevo impulso. La misma supo tener su época de apogeo en los ´60, ocasión en la que había cerca de 200 familias. Institucionalmente la comunidad tiene más de 80 años y es la comunidad más importante luego de la de Montevideo.
20Once dialogó con el presidente de la SIP (Sociedad Israelita de Paysandú), Alejandro Wajner y Marcos Gerstenblüth, su antecesor.
Alejandro es Licenciado en Historia, egresado de la Universidad de la República con educación escolar y liceal dentro de la red escolar judía. Hace cuatro años que está radicado en Paysandú. Junto a Martín Fremd y Luis Dorfman han sido la savia nueva que junto a la experiencia del resto de los directivos confirman el buen momento comunitario.
En efecto Wajner sostiene que “se puede hablar de una etapa nueva donde se ha involucrado la gente que venía trabajando desde siempre con algunas personas que nos incorporamos. Eso generó una buena confluencia de nuevas ideas. Sin dudas que con el respeto por la idiosincrasia de la institución, el bagaje que tenía.
Marcos nos comenta que “lo que me gusta de esta nueva etapa es que somos una mezcla de generaciones, la sangre joven con Martín, Alejandro y por otra parte los “viejos”. Quiero destacar a las mujeres que colaboran muchísimo como Karina (Wollheim) y Ruthy (Kanovich) que integran la directiva. Me tiene muy entusiasmado esta nueva etapa. Hace dos años que se está trabajando con muchas ganas. Hay como una retroalimentación, todos trabajamos”.
Se estima que hay 30 familias judías en Paysandú con la particularidad que hay gente socia que no asiste a la comunidad y también hay personas alejadas.
De la charla surge que hay una cantidad de judíos con identidad sanducera que viven en el exterior que “siguen vinculados afectivamente y los hemos acercado con algún compromiso tangible”.
En las épocas de más presencia en la comunidad llegó a haber una escuela de educación no formal o complementaria, biblioteca, grupo de teatro, coro.
Destacan que es una comunidad muy integrada a la sociedad sanducera.
“A Gorzy (ex presidente del Comité Central Israelita) que es una figura mediática le gusta comparar con el gallego que capaz hace 50 años vive en Uruguay y se siente gallego y uruguayo. Con los judíos puede pasar algo similar. Nahum Bergstein escribió un libro, “Judío, una experiencia uruguaya”. La idiosincrasia uruguaya confluye con la identidad judía. El judío es uruguayo, incorpora la identidad propia a la identidad nacional” indica Wajner.
Marcos agrega que “los judíos que están en Israel de a ratos son más uruguayos que israelíes”.
Comparten que “en la propia cultura judía está implícito la importancia de involucrarse socialmente, es muy difícil pensar en judaísmo sin pensar en un aporte a la sociedad que puede venir desde distintas perspectivas, científica, organismos sociales o gubernamentales, en clubes deportivos, profesionalmente”.
Con la Escuela
“Estamos en un proyecto con la escuela Estado de Israel elaborando un proyecto en el que se trabajará junto a lo ex becarios. Uno de ellos recientemente vino de Israel y otro fue hace 3 años. En el proyecto se involucra a la policía comunitaria con las escuelas. Se aplica en Israel y en Cerro Largo se repicó también desde hace unos años, manteniéndose en la actualidad”.
Los ex becarios se agrupan en Uruguay en el club Shalom, que es la asociación que hoy preside el periodista Gerardo Sotelo. En Paysandú hay muchos, uno de ellos es el dr. Ricardo Fleitas que estuvo dos veces en calidad de becario.
Medio Oriente
Afirman que hay un serio problema de desinformación y de información sesgada que hace que las noticias que lleguen acá sean, por momentos, poco fiables. Hay una confusión entre la crítica legítima a las políticas que Israel lleva adelante (como las puede haber frente a determinadas políticas de cualquier Estado) y la agresión y deslegitimación al derecho de existencia del Estado de Israel, que se transforma en una ofensa para la propia comunidad judía. Además, no se explica cómo las únicas noticias que circulan son de carácter político, siendo que Israel es un país con tecnología de punta, desarrollo académico y científico, programas de cooperación internacional muy fuertes, una sociedad muy diversa que aporta gastronomía y tradiciones de todas partes del mundo, en fin…
Estrechando lazos
En los últimos tiempos se han intensificado los vínculos con la embajada de Israel. Nina Ben Ami estuvo recientemente para la pascua judía. El año pasado estuvo con el intendente departamental y también en la escuela 112 que lleva el nombre del Estado de Israel.
A la actual Comisión directiva la integran Boris Dorfman, Ruthy Kanovich, Luis Andrés Dorfman, Martín Fremd, Karina Wollheim, Alejandro Wajner y Marcos Gerstenblúth
Recuadro
La presencia de judíos en Paysandú data de varias décadas atrás
Una experiencia de colonización agraria judía fue la Colonia 19 de abril de Paysandú. Ramón Oxman en la revista Hoy es Historia en su número 13 de diciembre de 1985 señala lo siguiente:
“Recuerdo, en mi juventud, los cuentos que nos hacía mi padre en largas sobremesas, sobre su experiencia vivida en sus años mozos en la Colonia “19 de Abril” de Paysandú. Recuerdo, también, con cuanto calor encaraba su relato a pesar del escaso público que mostraba cierto interés por el tema. Este tipo de relatos, no cesó con el tiempo, puesto que yo, más adelante, interesado en las disciplinas sociales, le inquiría más y más sobre lo que, entonces llegué a comprender se trataba de una experiencia insólita en nuestro país: la de inmigrantes judíos provenientes de la Rusia zarista abocados a la colonización agrícola.
Es cierto que en los países vecinos, especialmente en Argentina y en Brasil, experiencias de este tipo ya eran habituales. Incluso desde el siglo XIX. Pero nada de esto había pasado en el Uruguay.
Estaba pues en presencia de un hecho socio-histórico original. De ahí que las preguntas, cada vez más a fondo en vida de mi padre, apuntan a dejar en claro algunos puntos en los cuales prevalecían las dudas.
Creo que mi padre intuía al final, que sus cuentos podrían plasmarse en algún relato a mi cargo.
Para concretar esa idea, me contacté con otros integrantes de la Colonia y consulté acerca de alguna bibliografía, documentos oficiales y períodicos de la época, para confirmar y robustecer los diversos relatos orales de que disponía.
Quienes poco tiempo después se convertirían en los fundadores de la Colonia 19 de Abril salieron del puerto de Bremen en barcos alemanes y brasileños, debiendo realizar el cruce del Océano Atlántico en precarias condiciones de higiene y hacinados en cubiertas y bodegas.
Su destino era la Colonia “ Quatro Irmaos” en Río Grande do Sul, Brasil.
En 1913, el Itaúba, barco brasileño destinado a este tipo de transporte, desembarcó en el Puerto de Pelotas a un importante núcleo de inmigrantes judíos que llegaban a la Colonia antes mencionada. En sus brazos, una joven madre judía descendió con un niño nacido en travesía.
Instalados los inmigrantes en la nueva colonia, pronto apreciaron las dificultades a que debían enfrentarse: el clima agobiante, las lluvias tropicales, la escasez de tierras aptas para la agricultura y ganadería, ya que la mayoría de ellas eran fundamentalmente selváticas, con sus consiguientes peligros derivados de la proliferación de ofidios, insectos y demás plagas. No obstante, ese era su nuevo destino y la mayoría acató resignadamente por lo menos en lo inmediato, lo que el presente les deparaba. Otros optaron por seguir a la Argentina a donde las condiciones aparentaban ser más propicias.
A comienzos de 1914, los inmigrantes comenzaron a pensar en un destino mejor hacia el que orientar sus expectativas. Enterados de que en el Uruguay se ofrecían tierras y facilidades a los inmigrantes, se acordó el envío de un representante a Montevideo para realizar las averiguaciones del caso. La respuesta resultó favorable y diversas familias se dispusieron a aceptarla.
En definitiva, unas 45 familias, cuyas edades paternas oscilaban entre los 25 y los 45 años y una extensa prole promedial de 4 hijos por familia, más un pequeño núcleo de jóvenes solteros, se convirtieron en los acreedores de la nueva propuesta.
A comienzos de 1915, tomaron un tren que los llevó hasta Santa Ana de Livramento. En ese entonces no se exigía trámite alguno para ingresar al país, los inmigrantes que pudieron abonar sus pasajes abordaron un nuevo tren, mientras que los demás, los jóvenes, iban caminando por la vía o viajando clandestinamente. Después de recorrer el norte del país en dirección al litoral, los viajeros se dividieron en dos: unos quedaron en la Estación Porvenir y otros siguieron a Paysandú. En esos lugares descendieron cansados y hambrientos.
Fueron instalados provisoriamente en galpones municipales, a la espera de la finalización de los trámites burocráticos que le permitiesen llegar hasta la futura Colonia. En conjunto sumaban unas cuatrocientas personas, cuyo rasgo común lo constituía la indigencia extrema.
La prensa lugareña, concretamente El Telégrafo, se hizo eco de este acontecimiento y dada la extrema pobreza reinante, promovió una colecta de ayuda a los rusos israelitas, a los que calificaba de “pobre gente”. De inmediato, una nueva colecta, esta vez organizada por la “ Liga de Damas Católicas, permitió llevarles alimentos.
Los nuevos inmigrantes, especialmente los mayores, tenían una sólida formación religiosa. Por lo demás, la mayoría procedía de lugares donde su vínculo con ciertas formas de explotación agrícola era evidente. Finalmente, sabían leer y escribir el Yiddish, o como mucho, algunos hablaban en polaco, ruso o rumano, que eran conocidos por los inmigrantes de Besaravia. Cabe imaginar, pues, el difícil trance vivido por los inmigrantes, que a su turno debieron convenir y firmar los acuerdos consistentes en compromisos de compraventa con garantía hipotecaria de la tierra que se les adjudicaba y que debían pagar en treinta años.
No obstante, el deseo de acceder a la tierra, trabajarla y obtener de ella sus frutos, los animaba. No cabía en sus mentes esperanzadas, entrever las consecuencias de los compromisos que entonces asumían, ni presagiar lo que en definitiva les depararía el destino.
Pero así fue. Y a la mañana siguiente, los inmigrantes abandonaban los galpones en los que habían pasado varios días, viviendo de la caridad pública. Desde la Estación Porvenir fueron transportados en carretas, recorriendo siete tortuosos kilómetros por camino de tierra, que los dejaría finalmente en la Colonia “19 de Abril”.
El estanciero José Eyheravide Mendisco, se mostró dispuesto a vender unas cuatro mil hectáreas en Paysandú, cosa que se concretó mediante escritura del 17 de abril de 1914. Lamentablemente, la Comisión Asesora de Colonización destinó parte de las cuatro mil hectáreas para atender compromisos con colonos que se establecieron en las cercanías de la Estación Porvenir y trescientas hectáreas más para ocho chacras en la vecina Colonia Esperanza. El resto de la tierra, bastante menos de lo esperado, se destinó a la Colonia 19 de Abril.