Entre Paysandú y Tacuarembó, un comisario ya hecho famoso por la prensa capitalina cuando estuvo en Tranqueras de Rivera, sigue con su costumbre de acosar a los jóvenes y de excederse en el cumplimiento del deber.
Tambores, y el exceso de autoridad del comisario

Por Miguel A. Olivera Prietto
Semanario LaOtraVoz Tacuarembó para 20Once

Cuando escribo esto, no tengo idea si el Jefe de Policía de Paysandú sabe qué está pasando a 200 kilómetros de la capital sanducera, pero al Inspector Luis Mendoza le escuché decir palabras cálidas y llenas de contenido a los presos del COMCAR, en oportunidad en que fui invitado a leer poemas el fin de año pasado ante los presos del lugar. Mendoza quería que los privados de libertad se sintieran seguros, que la comunidad carcelaria viviese en armonía, que se sintieran personas y no pichis. Por eso me extraña la actitud del comisario Gésner Gómez, oriundo de Rivera, que llegó luego de un traslado desde Tranqueras, donde su actuación fue muy criticada por un sector de la población, y por la prensa capitalina. Digo que me extraña, porque pienso que el Jefe Mendoza, que pretende vivir en concordia entre los vecinos, no debe saber la actitud de sheriff del Far West norteamericano que tiene el comisario Gómez, en la villa Tambores, que pertenece a su Jefatura.
En un pueblo chico, como Villa Tambores, a veces la gente siente que está indefensa ante cuestiones que en ciudades más grandes tienen solución. Sin embargo, el simple hecho de que un comisario recién llegado empiece a tratar él de cambiar la rutina del pueblo, modificando la vida de los pueblerinos, logra con su autoridad, que los vecinos sientan que todo lo que sucede en su pequeña sociedad es grave, es casi definitivo, y no saben cómo zafar.

¿Qué hace?
Proveniente de Tranqueras, donde su actuación logró que hasta el semanario Brecha se ocupara de él, el comisario Gésner Gómez llegó a Tambores y ya se puso a trabajar.
Es posible que el comisario quiera arreglar las cosas, pero seguramente se excede. Es que las historias son muchas ya, en pocos meses, pero pongo algunos ejemplos de lo que sucede hoy en Tambores:
En los caminos vecinales el mismo hace los procedimientos, y revisa los vehículos de los vecinos que traen el “consumo” para sus casas. Muchos son peones de estancias que están acostumbrados a llevar un ovino que les da el patrón, pero el comisario Gómez ya no los deja pasar más. Les dice que sin papeles no pasan. La gente está optando ya por no llevar más carne al pueblo, y están enojados.
Por otro lado, la quita de motos y las multas a la gente, tanto del lado de Paysandú como de Tacuarembó, son comunes.
En un club de la ruta 26 entró de mal genio, pidiendo documentos a todo el mundo, pero fue observado por uno de los integrantes del club, explicándole que el club tenía personería jurídica, que el lugar era legal, que él no podía entrar así pidiendo documentos. Por lo menos, allí, le pararon el carro.
A un joven estudiante de UTU lo atajó y le tiró las cosas de la mochila para ver qué llevaba. El muchacho es conocido en el pueblo, y realmente es un joven estudiante esforzado, que por razones de sus estudios llega tarde a Tambores.
A los muchachos que se reúnen en la calle los enloquece, persiguiéndoles. A unos muchachos que tomaban mate les preguntó qué tenían en el termo. Le respondieron que agua. Entonces les tiró el agua del termo y les exigió que se fueran para sus casas.
A otros, que charlaban y tomaban vino, les pidió el vaso, hizo un buche y se los escupió dentro del vaso nuevamente, en un gesto desagradable que molestó a los jóvenes.
En otra oportunidad, a un funcionario del municipio le tiro el vaso de vino que tomaba, junto a otros amigos. Quizás se pueda creer que existe cierta persecución, porque este funcionario fue uno de los investigados por el robo de la caja fuerte de la Alcaldía, hace poco, pero posteriormente liberado. Aparentemente había comprobado su inocencia.
El otro día multó a un ciudadano que paró su auto en un comercio de Tambores a comprar porque estaba a más de 40 cm del cordón, en un pueblo cuyo tránsito es menguado.
Pero también interrogatorios innecesarios, como para demostrar su autoridad, como a una señora que volvía a su casa de compras, a la que le preguntó qué llevaba en el bolso, dónde había comprado y por qué tal cosa. Insólito.
A algunos comercios les dio la orden que no pueden estar abiertos después de las 20 horas.
A un hombre que tiene mini bus y hace transporte de pasajeros, cuadros de fútbol y excursiones, le prohibió que fuera a Rivera. De Ripley.

Reflexiones con los vecinos
Para un lugar como Tambores, cuya vida ha sido tranquila siempre, y cuya gente acuña valores de convivencia buenos, ejemplares muchas veces, la intranquilidad ahora es común.
Según varios vecinos, no significa que Gómez no proceda cuando existen situaciones incorrectas, pero él no tiene idea de cómo vivía Tambores antes, y cómo la comunidad elegía vivir tranquila. Los jóvenes, por ejemplo, que no tienen dónde ir, muchas veces se juntan en lugares públicos a conversar, a tomar un vino, a estar un rato juntos, pero ahora parece estar prohibido. El comisario modifica costumbres sin conversar con los vecinos, sin preguntar qué quieren, qué necesitan realmente.
Hace poco hubo un triste accidente con un vecino fallecido en la villa, y los vecinos les preocupa el tránsito (menguado por cierto), pero Gómez ahora se puso exigente y muchos vecinos ahora resolvieron hacer sus traslados a pie, o en bicicleta, por temor al temerario policía.
Un vecino le decía a LaOtraVoz que el comisario terminó de matar a Tambores, asustando a su gente y poniéndose duro.

¿Qué pasa con los verdaderos delitos?
Lo que resulta extraño es que la gente se siente perseguida, pero los graves temas de abigeato que hay en la zona no se resuelven, de la caja fuerte robada en la Alcaldía no se sabe nada, del balazo que pudo matar a una policía hace pocos días tampoco se sabe. Algunos dicen que esa actuación es una pantalla de asuntos que no se desean resolver, pero eso pasa a ser el rumor de los pueblos, que no siempre son ciertos.
Pero también resulta extraño es que algunas multas se estarían cobrando en la propia Comisaría, y en Paysandú no hay policía de tránsito. Además, la policía en el interior del país, la única multa que pueden cobrar es por no tener seguro el vehículo, porque si bien podrían multar (si hubiera policía especializada, que en Tambores no hay), las multas se deben pagar en lugares designados previamente, como cajeros, etc… Según fuentes de la Intendencia de Tacuarembó, existen muchas quejas de arbitrariedades por parte del comisario Gómez, y una de ellas fue la multa que le puso a un vecino del lado de Tacuarembó, a quien le pretendió cobrar una multa en la propia comisaría, cuando no está autorizado a hacerlo.

Ya Brecha conocía sus andanzas
En un artículo de Brecha, escrito por Tania Ferreira el 24 de enero de 2014, ya daba cuenta de la forma de trabajar de este policía, y de las controversias que provoca.
El artículo se llama “La marca de la gorra”, y habla sobre abusos policiales en Tranqueras de Rivera, hacia los jóvenes en espacios públicos, fundamentalmente.
La nota relata su actuación en Tranqueras de la siguiente forma: “Va a tener que acompañarme a la delegación” es una de las frases favoritas del flamante comisario Gésner Gómez en la ciudad de Rivera.
Un video en Youtube muestra al comisario Gómez en acción: muy serio, quiere incautarles las patinetas a unos jóvenes, en plena tarde, en el patio de la Utu. Exige con un portuñol severo a uno de ellos que se ponga la remera y de paso se lleva detenido a otro desafortunado chico que justo pasaba por el lugar con una latita de cerveza en la mano. Les explica a todos que ese es su deber y que basa su accionar en la nueva ley de faltas (19.120). Pero lo que Gómez hace en Rivera es una interpretación personal y demasiado libre de esta ley, o de todas las leyes.
Este funcionario, que por momentos parece el Agente Matute persiguiendo a Don Gato y su pandilla, tiene antecedentes de sheriff implacable en la ciudad de Tranqueras, donde trabajó antes de ser derivado a la ciudad de Rivera. Los oyentes de la radio tranquerense lo eligieron como la celebridad del año; los vecinos lo alababan por la “seguridad” lograda. Algunos jóvenes de la capital departamental no piensan lo mismo. Cuentan que, de uniforme impecable a pesar del calor, acompañado de uno o dos agentes en cada “operativo”, Gómez se hace presente hasta en las situaciones más nimias. Que se lleva para la comisaría a cuanto joven encuentra tomando alcohol en la calle –cuando en realidad no está prohibido beber en la vía pública–, y si es menor cita a los padres para entregárselo e informarles lo que estaba haciendo. Si los padres no contestan el teléfono, da cuenta directamente al inau. El comisario Gómez –dicen también– los manda a cortarse el pelo, y detiene a los que están fumando marihuana en lugares públicos, los lleva a la comisaría y les obliga a decirle dónde y a quién se la compraron. Es el mismísimo Gómez el que corta las calles en ocasión de los desfiles de la ciudad y quien da por finalizados los espectáculos artísticos a la hora que él considera pertinente. Para estos muchachos lo que pasó este último 25 de diciembre derramó el vaso: unos 1.200 jóvenes festejaban la Navidad en el centro de la ciudad, en su mayoría universitarios que vuelven a sus pagos a visitar a la familia. Era de madrugada, una mínima rencilla entre dos jóvenes que se dispersó enseguida fue la excusa perfecta para que la Policía –con el comisario a la cabeza– llegara con muchos efectivos y varios móviles. La fiesta se dispersó de obligado, uno de los policías le habría dado un culatazo a un joven, cortándole la cara, y a otra muchacha le habrían dejado moretones en los brazos. Varios fueron los detenidos y muchos de ellos –dicen– simplemente por estar grabando con sus celulares…”
El artículo sigue, pero ilustra al comisario que ahora se divierte en Tambores.