En su perfil de facebook el intendente Guillermo Caraballo descartó rumores sobre su estado de salud e hizo varias puntualizaciones señalando hace instantes lo siguiente:  «Ayer, miércoles 21, los intendentes del Frente Amplio tuvimos la habitual reunión de bancada previa al Congreso de Intendentes (que hoy se realizó en Artigas). Luego de varias reuniones realizadas a la tarde en la capital salteña, la instancia prosiguió en Arapey, de acuerdo a la agenda definida por el colega anfitrión. Nos dirigíamos hacia ese centro termal, cuando comencé a recibir llamados, primero desde Paysandú, luego desde Montevideo y otros departamentos, todos con tono de preocupación, consultando por mi estado de salud. Aparentemente, alguien había construido y dejado correr el rumor de que yo había tenido un quebranto de salud y que estaba internado, lo que por supuesto, era falso (tal como queda documentado en decenas de fotografías subidas a las redes sociales y que me muestran en las mencionadas actividades). Desde que asumí como intendente –y aún antes- conozco bien la existencia de rumores referidos a mi persona. Desde los que me vinculan a negociados que nunca imaginé, hasta romances de todo tipo y color, pasando por diferencias con gente que ni siquiera conozco. Como hombre público sé que estoy expuesto a esto. Lo estamos todos quienes presentamos cierta visibilidad. Una acción política vieja como el mundo y de la peor especie. Lamentables “gajes del oficio”, podría decirse. Sin embargo, lo de ayer fue diferente. Por la simultaneidad, por las fuentes, por la masividad, todo indica que no se trató de una tontería aislada sino de una campaña organizada. Un rumor que se echó a andar cuidando los detalles y –para variar- potenciado por la posibilidad de protagonismo impune que las redes sociales otorgan. Pero además fue diferente por otra razón, más importante aún: esa masividad se pasó de raya y no consideró el posible daño colateral. Como suele suceder, los que organizan esto no tuvieron en cuenta que las víctimas del rumor no estamos solos. Tenemos familia. Una familia que no participa del juego y que ayer solo escapó a daños mayores gracias a que amigos y compañeros actuaron de manera rápida, logrando prevenir a tiempo que se trataba de una mentira. Esta nota tiene tres propósitos: primero, despejar toda duda respecto a que, salvo alguna contractura de vez en cuando, de salud ando muy bien y espero seguir así por un buen tiempo. Segundo, agradecer la sorprendente cantidad de llamados recibidos. Tercero, dejar al descubierto un modo de proceder que lamentablemente está cada vez más instalado en la política local y que me ha elegido como foco predilecto. Hay gente que quiere jugar al poder y, al parecer, no tienen una manera mejor. Al ver que lo intentan, lo intentan pero no pueden, optan por sentarse a la computadora y sembrar calumnias de todo tipo. Ojalá fuera diferente, pero es así. En Paysandú hay muchos problemas por resolver y en lo que a mí respecta, continuaré poniendo mi energía en las soluciones que aún faltan. No trataré de convencer a nadie de lo importante que sería preservar códigos (que muchos parecen no conocer). Tampoco me verán aclarando cada mentira que circule ya que si lo hiciera, sería el triunfo de los tontos y estoy seguro que la aplastante mayoría de los sanduceros, de todos los partidos, no queremos que eso suceda. Levantemos el nivel de una vez. Eso sí: protegeré a mi familia, por lo que cuando vea que se cruzan límites como ayer, apelaré a lo aprendido en mas de 10 años de ejercicio de la abogacía e intentaré hacer que las leyes no le permitan avanzar a la indecencia. Por mí, por mi familia, y para que la política de Paysandú no ampare prácticas que contaminan nuestra dignidad histórica».