Relaciones con Venezuela
Los últimos acontecimientos en el país caribeño refuerzan las contradicciones en el Frente Amplio. El gobierno condena los excesos de Maduro pero calla ante los cometidos en Paraguay, al tiempo que prefiere ignorar el autoritarismo en Brasil y la deriva antidemocrática de Macri en Argentina.
Escribe Mariannina Álvarez
Las tensiones con el presidente de Venezuela han escalado en la última semana tras sus declaraciones contra Rodolfo Nin Novoa. El canciller uruguayo suscribió, junto a sus pares de Argentina, Brasil y Paraguay, una declaración contra Maduro luego que el Tribunal Superior de Justicia asumiera las competencias de la Asamblea Legislativa, dominada por la oposición, argumentando que la misma se encontraba en desacato por no apartar a tres legisladores cuyas elecciones fueron impugnadas. La medida fue dejada sin efecto por el propio Maduro días después, al haber generado resistencia incluso en el propio ejecutivo.
“No puedo entender cómo su canciller agrede a Venezuela, coordina con el Departamento de Estado las posiciones contra Venezuela, coordina con la embajadora de Estados Unidos en Montevideo (Kelly Keiderling) la agresión contra Venezuela y guarda silencio de las masacres en otros países”, dijo el domingo Nicolás Maduro, y agregó que esperaba hablar con Tabaré Vázquez sobre “las declaraciones y la actitud de su cancillería”.
El lunes el presidente uruguayo salió al cruce de estas afirmaciones en un comunicado en el que manifiesta que las “rechaza tajante y categóricamente”, al tiempo que pide a Maduro que “proporcione las pruebas de la infundada denuncia” o de lo contrario, “se retracte públicamente, en virtud de que expresiones como las manejadas afectan gravemente el relacionamiento tradicionalmente amistoso entre los dos países”.
Al día siguiente Danilo Astori redobló las críticas. Dijo que los dichos de Maduro constituyen “un insulto gravísimo” y una “injusticia porque Uruguay ha actuado con mucha tolerancia con Venezuela”. Calificó al presidente bolivariano de “malagradecido” y expresó que “Si Venezuela aún está en el Mercosur es por Uruguay, que ha tratado de moderar con serenidad, con calma, con una evolución tendiente al diálogo (sobre) la situación de Venezuela, que ha sido duramente atacada por los demás socios del Mercosur”. El ministro de Economía fue más allá: “No se puede decir que en Venezuela hay una democracia” afirmó. “Los hechos lo están demostrando y sobre todo en las últimas horas, por el autoritarismo con que el presidente y el Poder Ejecutivo manejan la conducción del país y se refieren a los demás poderes”.
Como era esperable, la actitud del gobierno uruguayo tuvo la aprobación de todo el arco opositor, que saludó entusiasta la firmeza del Poder Ejecutivo. “Muy bien el presidente Vázquez”, manifestó el senador Pedro Bordaberry. Su correligionario José Amorin Batlle también mostró su beneplácito. “Es hora que Uruguay cambie de actitud y se sume a exigir un cambio en Venezuela”, añadió, apartándose de las proclamas contra la injerencia en asuntos de otros países que, al menos para la tribuna, han sostenido desde los partidos tradicionales.
Por su parte, el senador nacionalista Javier García consideró “Bien la respuesta del presidente Vázquez a Maduro. Por su tono y por su contenido”. Jorge Larrañaga, en cambio, se guardó los elogios. “Maduro no respeta a su propio pueblo, mal se puede esperar que respete a nuestro gobierno” dijo el sanducero.
Distinta vara
El respaldo que expresaron integrantes del Frente Amplio, no logran ocultar la incomodidad que la postura del gobierno genera en ciertos círculos de la izquierda. El presidente del Frente Amplio (FA), Javier Miranda, el diputado del Movimiento de Participación Popular Alejandro Sánchez y la senadora y secretaria general del Partido Socialista, Mónica Xavier, para quien el asunto es “¡Una cuestión de soberanía!” manifestaron su conformidad por la respuesta de Vázquez. El diputado socialista Roberto Chiazzaro, vicepresidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, señaló que la forma en que Maduro habló de la actuación de Nin Novoa “no es el modo en que un presidente se debe dirigir a otro”. “Se equivocó, y Vázquez respondió con mucha altura, pidiéndole que proporcione pruebas, pero tratando de mantener el excelente relacionamiento que existe entre ambas naciones”. El legislador no explicitó de qué forma podrían ser “excelentes” las relaciones tras los sucesivos pronunciamientos del gobierno uruguayo.
El Secretariado de la coalición de izquierda respaldó de forma “unánime” a Vázquez, argumentando que “no encuentra otro camino mejor que el de aclarar, pedir pruebas o retractarse. Nos parece muy correcto lo que hizo el presidente”.
La discusión en torno a Venezuela divide las aguas en el oficialismo, y las acciones y palabras de Maduro no hacen más que reforzar las posiciones más críticas. Desde sectores de la propia izquierda venezolana se advierten sobre los excesos del gobierno y se denuncia la pésima situación económica que padece la población.
La gestión del sucesor de Hugo Chávez es cada día más indefendible, pero que el gobierno de un gobierno progresista aparezca alineado incondicionalmente con los regímenes más reaccionarios de la región debería hacer sonrojar a más de uno.
Algunos dirigentes frenteamplistas han mostrado públicamente la incomodad que la situación les provoca.
Días antes de las declaraciones de Maduro contra Nin Novoa, la senadora Constanza Moreira dijo que “En Colombia asesinaron treinta personas el año pasado, entre dirigentes sindicales, periodistas y activistas políticos. ¿Alguien dijo algo?”. “Una declaración contra Venezuela hoy, es como una contra Cuba hace 20 años. Venezuela es nuestra nueva Cuba, en este concierto” subrayó.
El antecesor de Nin Novoa en Cancillería, Luis Almagro, actual secretario general de la OEA, ocupa un lugar estelar en la ofensiva contra Venezuela. La voz más crítica fue la del ex ministro de Defensa José Bayardi, quien actualmente preside la Comisión de Asuntos Internacionales del Frente Amplio, y acusó a Almagro de coordinar sus acciones con el Departamento de Estado de Estados Unidos, lo que no debería sorprender dados los antecedentes del organismo regional. Bayardi se basa en el documento “Venezuela Freedom 2”, fechado en febrero de 2016 y firmado por el comandante del Comando Sur de Estados Unidos, Kurt W. Tidd, filtrado a medios de comunicación el año pasado. En el texto se plantea “insistir en la aplicación de la Carta Democrática, tal como lo hemos convenido con Luis Almagro Lemes, secretario general de la OEA y los ex presidentes, encabezado por el ex secretario de la OEA, César Gaviria Trujillo”.
Que el gobierno uruguayo tiene poco margen de acción, dado el actual contexto político regional, no hay quien lo dude. Pero si pretende acompañar a los demás integrantes del MERCOSUR, debería poner ciertas condiciones, y alzar la voz ante atropellos institucionales como los cometidos en Paraguay. El antecedente de lo actuado frente al gobierno golpista de Brasil, a cuyo canciller José Serra se desairó para luego rendirle pleitesía, no constituye un antecedente esperanzador. Como dijo Gerardo Caetano en una charla bridada meses atrás en Paysandú, “a los gobiernos golpistas hay que recordarles que lo son”. Y en el tiempo transcurrido desde esas palabras Temer debió sustituir a una decena de ministros, acosados por las denuncias de corrupción.
Quienes en Uruguay se rasgan las vestiduras por los presos políticos en Venezuela, el gobierno entre ellos, deberían recordar que en Argentina la militante social Milagro Sala está detenida desde hace más de un año, tras un juicio plagado de irregularidades que ha llevado al gobierno argentino a ser interpelado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el Parlamento Europeo y hasta por el primer ministro de Canadá cuando visitó el país vecino.
Mientras tanto Mauricio Macri, que respalda la detención ilegal de Sala, recibe a la esposa de Leopoldo López, el opositor preso en Venezuela.
