Escrito por Salomón Reyes, director y guionista

Cuando entras a la Sala Atahualpa y ves que en el centro del escenario hay una mesa larga con bebida y comida y además, 12 actores con una máscara de cerdo, en una clara sátira de la última cena de Jesucristo, ya puedes intuir lo que se te viene encima.

Cretinos Solemnes es un espectáculo armado por sketches de humor zarpado que se van sucediendo mientras el público pasa de espectador ‘pasivo’ a espectador “activo’ dentro de una fiesta teatral en donde parece que todos nos conocemos.

Los sketches pisan fuerte y aunque no abordan temas originales sí retoman los temas tabú que casi nunca se dirían en público. Están hechos con un humor sin límite moral y desbordado. Esa quizá sea la mayor virtud del espectáculo y también su principal alarma. Sí el público resiste y acompaña, el show está garantizado. Con ese humor de trazo grueso, los cretinos proponen situaciones que a todos nos dan risa porque pensamos que ‘siempre’ les pasa a otros pero cuando se trata de uno, ya no tanto. Así, entramos en la zoofilia, la homosexualidad, las drogas y el narcotráfico, la adopción de niños negros y chinos, la condición mongólica, la discapacidad física y la siempre rendidora parodia de las series gringas. Exceptuando estos últimos, todos son temas controversiales y más de un espectador, tendrá la misma interrogante que yo tuve mientras miraba el espectáculo, ¿me debería estar riendo de esto?

Hace poco escuché una charla donde se preguntaban si el humor debía tener un límite. Después de pensarlo un poco concluí que no, que en realidad te puedes reír de cualquier cosa pero la diferencia está en el humor público y el privado. En tanto que vos te podes reír de cualquier cosa en la intimidad, en el humor público, el que se expone en redes o frente a un público, la regla debería ser que sea bueno; si está mal hecho, entonces bancate el escarnio y la burla, que también deberá ser pública.

En los Solemnes no todos los chistes o gags son de alto nivel, algunos funcionan por pura inercia o pura tradición, como el caso de los chistes de puto que por más conciencia no discriminatoria que tengas, te siguen dando risa; hay otros que son buenos por su elaboración, el buen timing o la suma del gag físico, como la del personaje que literalmente se morfa la bandeja llena de cocaína y lo hace de tal modo que se le pinta una nariz blanca de clown en el rostro. Una metáfora que nos hace recordar que todo lo que está en escenario es ficción, aunque parezca la realidad.

El espectáculo parece largo pero después de tanta risa ya no piensas en el reloj, aunque si le cortaran un par de sketches no pasaría nada pero siendo tantos en el elenco, se entiende que había que darles juego. Las intervenciones musicales en vivo también están flojas. Un ajuste para arriba vendría bien.

El show tiene una fuerte relación con el teatro cabaret o el teatro de revista en donde abunda la incorrección política, el destrampe lingüístico, los chistes sexuales y mórbidos y la infaltable música. Es un espectáculo jolgórico y muy disfrutable, no sólo por la cerveza que te invitan a la mitad del show, en un claro mensaje que trata de decirte – No te hagas, vos también sos como nosotros, sino porque una vez que tus trabas morales se derriban, que puede ocurrir desde el primer skech, te puedes reír a gusto y sin culpa de  los disparates que te proponen.

Por razones que parecen obvias, el público juvenil acompaña con más facilidad en este bacanal satírico. Los adultos mayores se contienen un poco más. Algunos se sacudieron y les brotó una protesta murmurada en el sketch donde aparece el tetrapléjico. No obstante, si el público entiende que la risa en ese tiempo está permitida y que al salir de ahí, puedes continuar con tu vida responsable, ética y moral, no tendrás ningún remordimiento de haberte carcajeado de las cosas más jodidas del ser humano.

Les recomiendo ir sin complejos a ver la última función de Cretinos Solemnes, un espectáculo donde no es necesario apagar el teléfono y donde si no sabes reírte de los defectos, estarás muy incómodo durante 2 horas y media. Mejor, como dice el refrán, aflojando y cooperando.