Hacer periodismo en el interior es todo un desafío.
No creo que encaje en lo de quijotada. Si bien es importante el esfuerzo que ponemos a diario para hacer 20Once, uno elige hacer esto y no otra cosa. Es una empresa.
La recompensa a veces es grande, hacer lo que a uno le gusta no tiene precio.
El tema estriba en aquello que dijo alguna vez el gran Fontanarrosa, si te alcanza para vivir.
Las comunidades pequeñas como Paysandú tienen esa cuestión de la cercanía, casi todos nos conocemos aunque en realidad no sea tan así.
Eso conlleva a que se te hace difícil criticar a aquella persona que te la vas a cruzar en algún momento. Hay una especie de escrutinio primario sobre nuestras autoridades.
Claro, hay formas y formas de decir las cosas, se puede ser profundo y analítico sin herir.
Aunque la verdad siempre va a doler.
En el interior el periodismo se puede volver algo tedioso, previsible, muy de oficina de prensa. En la capital también.
Sabés que vas a ser ignorado por los medios capitalinos, que solo se acordarán de tu comunidad y te consultarán por algún hecho de sangre.
Lo vivimos en carne propia con la presentación de un libro sobre el fútbol de Paysandú. A nadie de Montevideo le interesó, seguro tienen temas más importantes.
Un buen informe, una buena entrevista siempre tendrán un público.
La curiosidad es uno de los rasgos sobresalientes para quienes trabajan en comunicación. La misma debe ir acompañada de la responsabilidad. Contar con una buena agenda es otra premisa.
No cualquiera ejerce esta profesión u oficio, el más lindo del mundo según decía García Márquez.
Muchos presidentes han sido periodistas. Periodismo y política guardan una íntima relación.
En el mundo de lo instantáneo, de la celeridad, el buen periodismo tiene que tratar de aportar algo de reflexión, de pienso para nuestras comunidades.
Ser vigilantes, estar atentos, reflejar lo que pasa en la comunidad de modo atractivo, pintoresco como decía Joseph Pullitzer.
No hay una sola manera de hacer periodismo, puede ser de información, de opinión. Respeto a todos.
El compromiso debe estar presente.
Siempre habrá lugar y espacio para hacer un buen periodismo.
Según Tomás Eloy Martínez “El periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.(…) En el gran periodismo se puede siempre descubrir los modelos de realidad que se avecinan y que aún no han sido formulados de manera conciente. Pero el periodismo no es un partido político ni un fiscal de la república. En ciertas épocas de crisis, cuando las instituciones se corrompen o se derrumban, los lectores suelen asignar esas funciones a la prensa sólo para no perder todas las brújulas. Ceder a cualquier tentación paternalista puede ser fatal, sin embargo. El periodista no es un policía ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo: acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo. Su poder moral reside, justamente, en que se sitúa a distancia de los hechos mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos». (Conferencia en 1997)”.
