Nelly De Agostini
José Estévez
Una ciudad es un espacio denso en experiencias y significados que se construye junto con otros: con esos otros que a veces son cercanos; otras distantes y diversos; pero que están ahí como referentes de la pluralidad y la alteridad.
Cada ciudad tiene historias que la identifican y lugares vinculados con esas historias. Son sus habitantes quienes en un proceso acumulativo, con presencias y olvidos, con permanencias y cambios, construyen su memoria. En nuestra ciudad esta construcción ha correspondido a las diferentes generaciones que la hemos habitado y que en ella nos reconocemos, nos pensamos y nos repensamos en nuestros distintos roles como ciudadanos.
Algunas de esas memorias están materializadas en elementos tangibles que acompañan nuestra cotidianeidad. Otras internalizadas en valores, tradiciones y expresiones que nos caracterizan como sanduceros. Como ejemplo de lo primero podemos mencionar nuestra Basílica, de lo segundo la expresión “Heroica Paysandú yo te saludo…” de Gabino Ezeiza, que incorporó a nuestra memoria colectiva el concepto de heroicidad con que se nos asocia. Y la apropiación de este concepto no solo nos lleva a uno de los hechos “símbolo” de la ciudad, el sitio y posterior caída de Paysandú en enero de 1865; puede también remontarnos a agosto de 1811, cuando la villa resistió a las tropas portuguesas, o a un segundo sitio, en 1846, durante la Guerra Grande. Pero también hacernos recordar el lugar elegido por Artigas previo a su instalación en la Villa de Purificación y en el pasado reciente, a nuestra heroica resistencia al golpe de Estado de 1973, durante la huelga general, y nuestra respuesta al plebiscito de 1980.
“Nace” la ciudad moderna…
Hace pocos días se cumplieron 155 años de su declaratoria como ciudad, un 8 de junio de 1863, durante el gobierno de Bernardo Berro. Nuestro país iniciaba un proceso de modernización, con un modelo de desarrollo hacia afuera. Un aluvión de inmigrantes que en general concentraron la riqueza y la propiedad, modificaron la composición social y cultural del Uruguay, generando las bases de una nueva urbanidad. Paysandú no estuvo exento de estos procesos.
Se inició para nuestra ciudad un período de auténtica prosperidad y realizaciones, con la conducción de Basilio Pinilla, que en enero de 1858 inició su segundo período como Jefe político de Paysandú, consagrándose como el impulsor del Paysandú moderno. Falleció en noviembre de 1864, a escaso tiempo de iniciarse el tercer sitio.
Pinilla construyó ciudad y ciudadanía: el Mercado Viejo, el Teatro Progreso hoy Florencio Sánchez, la Casa de Policía hoy Jefatura, son obras que remiten a su recuerdo. Llevó la ciudad al encuentro del río y pronto Paysandú se convirtió en una importante plaza mercantil que abasteció al norte del Río Negro, a las provincias argentinas de Entre Ríos y Corrientes y los estados brasileños de Rio Grande y Mato Grosso.
Estimuló a los habitantes en la participación para solucionar los problemas de la ciudad. Fue el impulsor de la Sociedad Filantrópica de Señoras en 1858, que con la que logró inaugurar el “Hospital de Caridad” en mayo de 1862; de la construcción de un mercado de frutos en el lugar que actualmente ocupa el Mercado Municipal, novedoso aporte para sostener al nuevo hospital.
Pero la década del 60, que se había iniciado en el país bajo auspicios favorables, concluyó con un conflicto de magnitud rioplatense, que afectó especialmente a nuestra ciudad, que volvió a quedar en ruinas. El 2 de enero de 1865 se vivió justamente aquí, en una Paysandú recientemente ascendida al rango de ciudad, uno de los hechos históricos más trágicos y cargados de simbolismo. La Basílica, cuya piedra fundamental se colocó en 1860, fue mudo testigo de los hechos. Y es en la figura del Gral. Leandro Gómez, Comandante de la Plaza, que recordamos cada año los fusilamientos de tantos compatriotas. No vamos a entrar en el análisis de este conflicto salvo decir que la caída y los fusilamientos de Paysandú tuvieron y aún tienen diferente significado y nuevas lecturas, para la historia oriental y para la brasileña. Tampoco caben dudas que fue la antesala para un drama mayor: la guerra contra Paraguay, en la cual quedamos involucrados.
La ciudad en la primera mitad de un nuevo siglo…
El 900 encuentra una ciudad en desarrollo, en un Uruguay que reclamaba transformaciones impulsadas por el batllismo. La llegada y difusión del ferrocarril, ampliaba el espacio urbano a nuevas zonas como la de la estación, y resignificaba las relaciones entre sus habitantes. En ese contexto el recientemente elegido presidente, José Batlle y Ordoñez tuvo como destino de su primer viaje dos ciudades del litoral: Paysandú y Salto, por la importancia que ambas tenían en el contexto de un país que iniciaba una nueva etapa modernizadora.
Otro momento clave en el proceso histórico de Paysandú fue su explosión industrial hacia mediados del siglo XX, en el marco del desarrollo del modelo industrial por sustitución de importaciones, en el Uruguay y la región. Con el despegue industrial aumentaron las empresas y en consecuencia los empresarios, los empleados y los obreros. Se buscó el bienestar social y se expandió la clase media. Paysandú se convirtió en la segunda ciudad industrial del país, con un dinamismo muy especial que le dio los mejores indicadores sociales en comparación con el resto del país. Fue modelo de sociedad trabajadora, igualitaria, sin barrios marginales y sin barrios residenciales. Hubo cambios sociales, educativos, culturales y urbanísticos con notables ejemplos de arquitectura moderna, con arquitectos como Vignola y Garrasino. Se desarrollaron también las primeras asociaciones con fines cooperativos.
Para finalizar y a 70 años, recordar que el año 1948 fue el año en que se llevó a cabo la Exposición Industrial y Agraria de Paysandú, hito de relevancia para el país y la región, en una zona en que habían comenzado a instalarse nuevas industrias manufactureras, con materia prima local. En su concreción participaron destacadas figuras del quehacer sanducero. En este contexto es ineludible hablar de José Acquistapace, nacido en Montevideo y electo Intendente por el Sublema ¨Batllismo¨ del Partido Colorado, cargo que asumió el 15 de febrero de 1947. Posteriormente elegido para un segundo periodo al frente de la Intendencia, desempeñándose en el mismo entre 1951 y 1953, año en que es convocado para un cargo ministerial. Fue una figura pública de relieve a nivel departamental y nacional. Contribuyó a través de importantes obras a dinamizar a un Paysandú que se proyectaba hacia un futuro promisorio de la mano de su incipiente crecimiento industrial. Puede ser considerado el gestor del Paysandú moderno por su impulso a la vialidad urbana, a la construcción de caminos y a la proyección urbanística con obras de calidad concebidas con una visión de futuro excepcional.
Muchas circunstancias afectaron la vida de nuestro país y de nuestra ciudad, desde aquel modelo industrial hoy considerado casi mítico, que por momentos parece actuar como una rémora para nuestro futuro. Nuevos contextos llevan a Paysandú a buscar un nuevo destino, sin dejar de considerar que los diferentes momentos de la vida de nuestra ciudad, son mojones que conforman rasgos de nuestra identidad.
