M.G.

El empate conseguido en la primera fecha por la debutante selección de Islandia ante Argentina en la máxima competencia deportiva puso en el mapa del mundo a esta pequeña isla europea de no más de 300 mil habitantes.

Islandia es sinónimo de equidad social, hay poca gente, lindos paisajes, existe el aborto legal, buenas series como Trapped, escritores (y otros artistas) con sueldos estatales para producir, Sigur Ros, cero violencia, educación inclusiva, igualitarismo hasta en la Iglesia (hay mujeres curas), desocupación cero.

Está bien arriba en todos los índices de desarrollo humano, hicieron un referéndum para no asistir a los bancos tras la crisis financiera en la que los demás Estados pusieron miles de millones para salvar a esas entidades buitres.  Pero la descubrimos ahora, porque le empata a Argentina con un equipo casi amateur. No hay más de 100 futbolistas profesionales y 23 integran el plantel de fútbol. Un verdadero milagro.

Quizás muestran en la cancha que juegan como se vive.

Nos cansamos de hablar de Finlandia y de sus programas de educación modelo. Ahora también conocemos a Islandia. De todos hay que aprender y aprehender.

La BBC nos dice que Islandia es considerado el país más amigable del mundo para los inmigrantes, según el Índice de Aceptación de la encuestadora Gallup, que recogió opiniones en 139 naciones durante 2016 y 2017.

Es una isla perdida en el Mar del Norte -y a 700 kilómetros de su vecino más próximo-, famosa por sus paisajes únicos de volcanes y géiseres tanto como por sus logros en materia de bienestar social.

La llegada exponencial de inmigrantes es un fenómeno reciente.

«Esto es un pequeño pueblo», repiten los habitantes de Reikiavik, su capital a la BBC.

De los 350 mil habitantes, un 10,6% es extranjero. Pero hace dos décadas eran apenas 2% de la población total, lo que revela un crecimiento del 430%.

Aquellos que tienen contacto con inmigrantes tienden a ser más receptivos.

Aquí compartimos algunos números recordando aquello que no todo lo que pasa en otro país es transportable pero al menos mirémoslo como un espejo.

1er. lugar de Islandia entre 139 países, en el sondeo de Gallup sobre los destinos más receptivos para inmigrantes.

Casi 100% de la energía que se consume en la isla proviene de fuentes renovables.

Un dato que permite ponerlo en perspectiva: en 1996, 95% de la población era 100% islandesa, según Statistics Iceland, el instituto oficial de registros.

De la eficacia de sus políticas de seguridad social, sus méritos medioambientales (el 100% de la energía la obtienen de fuentes renovables), sus avances en igualdad de género (en enero, el país se convirtió en el primero del mundo en obligar a las empresas a demostrar que pagan equitativamente a hombres y mujeres), sus mejoras en materia de salud pública (un programa antitabaco logró reducir el consumo entre jóvenes con resultados extraordinarios).

Y estos resultados son, paradójicamente, los que atraen a miles de extranjeros a probar suerte en esta sociedad que históricamente ha querido preservar su uniformidad.

«En el último medio siglo, Islandia ha experimentado un crecimiento económico sustancial, pasó de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más ricos mediante una serie de reformas de libre mercado combinadas con un alto nivel de intervencionismo gubernamental», explica el Instituto de Políticas Migratorias.

Lo cierto es que, como consecuencia de ese despegue, el mercado de trabajo islandés está necesitado de mano de obra.

Unos 3.000 nuevos puestos, según la confederación empresarial del país, si el Producto Interno Bruto crece anualmente entre 2,5 y 3% como plantean las proyecciones más conservadoras.

Podrían ser incluso más y, con un índice de desempleo de apenas 2%, esa fuerza de trabajo sólo puede venir del exterior.

La mayor parte del flujo es una migración económica.

La moda ahora es Islandia, como antes lo fue Finlandia en temas educativos. Al menos podríamos intentar ya no ser la Suiza de América, ahora la Islandia de América.

Hay sobradas razones para hacerlo. Si siguen haciendo historia en el mundial más se hablará de ellos. Y seguramente más extranjeros se interesarán por este pequeño país. Al fin de cuentas lo de pequeño nos unifica. Y también lo de recibir corrientes migratorias como sucede ahora.

La Islandia de América, podriamos proponernos serlo.