Un libro indaga sobre los apoyos al golpe militar en Durazno
“Lo hicimos ayer, hoy y lo seguiremos haciendo”. Autoritarismo civil militar en dictadura. Durazno 1973-1980, se titula la obra de Javier Correa Morales, presentada en la Biblioteca Municipal.
Correa Morales es docente de historia egresado del Instituto de Profesores Artigas (IPA), y realizó una maestría en “Historia y memoria” en la Universidad de La Plata. El autor dijo a 20Once que este libro es la expresión de su tesis, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en la categoría “Ensayos sobre historia, memoria, testimonios y biografías”. Ese reconocimiento permitió que la editorial Fin de Siglo le propusiera su publicación. El resultado es “una adaptación” de aquel trabajo académico, explicó el historiador. Sus estudios en la vecina orilla le permitieron una amplia “formación en historia reciente”. Se trata de una carrera que comenzó a dictarse en el año 2003 y que cuenta ya con muchos estudiantes y egresados. “Dentro del pasado reciente, que es bastante amplio, yo decidí estudiar la dictadura y en lugar de enfocarme en Montevideo, hacerlo en una ciudad más pequeña y distinta. Elegí Durazno porque es la que conozco, con la que tenía contacto y en la que tenía mayor interés por ser de ahí. Empecé muy de a poco a hacer trabajos de investigación, que al principio son para aprobar cursos que te permiten llegar a una tesis” explicó el docente. “Hay poca atención a los fenómenos que pasan fuera de Montevideo, incluso a los que pasan por fuera del centro de Montevideo. Está todo muy centralizado” agregó. Una de las excepciones es el libro del profesor de historia Andrés Noguez Reyes, también basado en una tesis de maestría: San Carlos bajo la dictadura. 1973-1985, editado por Trilce y referido a esa ciudad de Maldonado. “Es bastante poco frecuente que en las humanidades, en la historiografía sobre todo se salga” de la capital del país, lo que no ocurre en otras disciplinas, señaló Correa Morales. Esto hace difícil “establecer un diálogo, buscar las fuentes”. El libro le demandó mucho tiempo, “por lo difícil y porque nunca me pude dedicar full time a esto, siempre lo hice, como casi todos, con varios trabajos a la vez”. “Había que investigar, aprobar materias y después escribir, que es el otro proceso de aprobación de una tesis, que necesita tiempo, para pensar, diagramarla” subrayó el escritor. “Hay que ser cuidadoso, porque yo no vivo en Durazno, vivo en Montevideo, y puedo estar mirando fenómenos muy alejados. Por eso hay que escuchar, informarse. Si bien lo mío es el pasado, hay que ver cómo se procesan esas discusiones en el presente, no quedar como un extraterrestre que viene, mira un lugar y se va. Eso lo incorporo a la escritura, uno de los personajes soy yo como historiador que reconstruye ese período”.
La prensa de ese departamento “repetía, reconstruía lo mismo que el diario La mañana, El País”, los que a su vez se diferenciaban de diario El Día, que logró sortear la censura (aunque tuvo algunas clausuras) con una línea editorial contraria al gobierno de facto.
Se trata de una prensa que “no solo apoyaba al régimen, sino que le demandaba ciertas políticas, le daba voz a supuestos lectores que escribían al diario demandando alguna medida económica, política, o de mayor represión. Una prensa así también hubo en otros lugares. Una cosa es supervivir, evitar la crítica directa para evitar la censura, y otra es apoyar”. En 1975 aparece un diario nuevo en Durazno: La idea nueva, que ya se editaba en Flores, y que se limita a dar la noticia, sin apoyar al régimen. “Había que evitar la censura para sobrevivir. No podías titular ‘Abajo la dictadura’ y no tener consecuencias. Si dabas una noticia, como el asesinato de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz, que eran diputado y senador, tenías que tener cuidado cómo lo informabas. Podías poner ‘los mataron’ y no ir mucho más allá. Eso es una cosa, otra es no dar la información o darle un acento, como hacía el diario La Publicidad, buscando mostrar una realidad que no existía. Antes hubo medios de izquierda que fueron censurados o no lograron seguir vigentes por falta de publicidad, que era la otra forma de censurar, corriendo a los anunciantes” explicó el autor.
Además de la prensa en Durazno, el libro pone la mirada en las instituciones del departamento. El intendente Raúl Iturria, al igual que otros 17 en el resto del país, “siguió en su cargo tras el golpe de Estado”. “Fue electo en 1971 y cuando se disuelven las Juntas Departamentales, el 27 de junio de 1973, sigue en su cargo hasta 1976, cuando lo sacan los militares. En 1984 fue candidato y perdió por muy pocos votos con Hugo Apolo, que era wilsonista, ganó la Intendencia en 1989; fue ministro del Interior de Lacalle, ministro de Defensa de Sanguinetti a partir de 1995 y fue senador nacional. El caso raro fue Rocha, cuyo Intendente electo cuando disuelven las cámaras decide renunciar, para no apoyar el golpe. Los sectores wilsonistas, con su líder en el exilio, tuvieron Intendentes que siguieron hasta 1980. Los primeros que echa la dictadura por irregularidades económicas y les hace proceso penal, fueron uno herrerista y otro pachequista”.
Correa se refirió a “las estrategias de la dictadura para legitimarse, conseguir el respaldo civil”, las que “tuvieron una respuesta favorable de 18 de los 19 Intendentes”. Recordó que las Juntas Departamentales fueron sustituidas por Juntas de Vecinos, integradas por siete personas nombradas directamente por el jefe comunal y el jefe de Policía. “Una cosa que llama la atención es que esas personas permanecieron los doce años que duró la dictadura. Después de dar el golpe hay que gobernar, y a Bordaberry lo ayudó mucho que 18 Intendentes siguieran en sus cargos. Era gente que ya estaba gobernando, que conocía el funcionamiento municipal, y continuó, sin respetar la Constitución, como personas de confianza del Presidente” subrayó el historiador. Señaló que “no sabemos si hubo gente que no aceptó integrar las Juntas de Vecinos, seguramente los hubo. Había restricciones para integrarlas, no podías haber sido edil, si no eras del departamento, si no eras ‘honorable’ tampoco, todas condiciones típicas de una dictadura. El marco de gente disponible se achicaba. Se exigía que fuera un vecino demócrata, y estando en plena dictadura. Lo que no sabemos es si el Intendente proponía a alguien y el jefe de Policía decidía. Algunos aceptaron porque compartían los postulados ideológicos del régimen, otros porque querían ocupar un cargo, o les gustaba la política pero no habían sido electos ediles. Otros no querían decirle que no al Intendente y al Jefe de Policía”.
