David Rabinovich-San José, 5 de febrero

“Nuestro firme respaldo al presidente encargado de Venezuela, diputado Juan Guaidó, a objeto de que ejerza sus competencias constitucionales como cabeza de Estado y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada…” Así lo manifestaron un grupo de encumbrados políticos de la derecha hispanoamericana en IDEAS el 14 de enero. Y nueve días después Juan Guaidó se declaró presidente ‘encargado’ en Venezuela. Entre los visionarios ex presidentes estaban el Dr. Luis Alberto Lacalle y el Dr. Julio María Sanguinetti. Lo sacó a la luz pública CNN Chile y lo registró Venezolana de Televisión.

Es difícil entender la realidad porque disponemos para ello -más allá de nuestras limitadas percepciones personales- de lo que nos cuentan o muestran ‘los medios’. Grandes medios concentrados en pocas manos, amplias redes sociales administradas por selectas empresas. O los medios alternativos: pequeños, pobres y pocos. (La inexorable lógica de las 3P)

El periodista polaco, Ryszard Kapuscinski, lo explica bien: “Hay cientos de maneras de manipular las noticias en la radio y la televisión. Y sin decir mentiras. Podemos limitarnos a no decir la verdad. El sistema es muy sencillo: omitir el tema. La mayor parte de los espectadores de televisión reciben de forma muy pasiva lo que ésta les ofrece. Los patronos de los grandes grupos televisivos deciden por ellos qué deben pensar. Determinan la lista de las cosas en que pensar y qué pensar sobre ellas (…) Si no hablamos de un acontecimiento, éste sencillamente no existe”.  También se puede mentir y se miente. Las fake news y las posverdades juegan, impulsadas por trolls y bots, un papel cada vez más destacado para conformar ‘el humor de época’ para amplias capas de la sociedad contemporánea. Modelan pensamientos, pautas de consumo, votaciones y su poder asusta. Aunque claro, no todo lo pueden (por lo menos por ahora).

Es en este marco que intentamos entender el complejo mundo en el que nos toca vivir. Entender todo lo que pasa lejos, sin referencias históricas ni de contexto, es una tarea imposible. Pero cada día lo intentamos, como perfectos idiotas, frente a pantallas chiquitas, medianas o grandes… Es un ejercicio de fe. Elegimos creerles a algunos y desconfiar de otros. Es inexorable que construyamos nuestra realidad con escasos retazos de relatos interesados.

El tema que nos ocupa es “Nuestra América”. Diversa pero una en su dolor por la injusticia, el saqueo de sus inconmensurables riquezas, la injerencia impúdica e inmisericorde de los poderosos imperios que la colonizaron. Nuestra América rebelde, indígena, negra, mulata, blanca… Mestizaje infinito en el que descendientes de emigrantes de todos los continentes aportamos a su generosa diversidad.

Analizar es separar en partes para tratar de entender cómo funciona el conjunto. Hoy hay una parte que duele de manera muy especial: Venezuela. La que se ahoga en su mar de petróleo. La patria de Bolivar que soñó con una patria unida, fuerte, libre. La que tiene un presidente electo en elecciones cuestionadas y otro ‘encargado’ por designio yanqui.

Un encargo es recado, misión, cometido, comisión, encomienda, pedido, favor, petición, compromiso, embajada… Porque encargar tiene que ver con encomendar, confiar, mandar, requerir ocuparse, cuidarse, asumir, arrogarse, responsabilizarse, comprometerse…  Las últimas elecciones presidenciales en Venezuela se realizaron en un clima de álgida confrontación. Algunos jefes opositores no participaron por estar acusados de crímenes y atentados violentos. La oposición decidió no presentare. Las abstenciones fueron un porcentaje muy alto (aunque comparable con el de otros países como por ejemplo los EE. UU.)

Los jefes de estado, políticos todos de derechas más allá de declararse alguno socialdemócrata o socialista incluso, reclaman a los venezolanos “que acompañen al presidente Guaidó en la difícil y compleja tarea de rescatar a su nación y enrumbarla hacia el goce pleno de las libertades”.

Desde la Internacional Conservadora “invitan respetuosamente a la Fuerza Armada de Venezuela” a que “asuma asuma su obligación de respetar y hacer respetar el orden constitucional y democrático, mediante su subordinación al poder civil que ejerce el encargado de la Presidencia de la República”.

El martes 22  por la noche el senador ultra conservador Marco Rubio escribió en Twitter: “Mañana será un día muy bueno (e importante) para la democracia y el orden constitucional en Venezuela”. El miércoles 23, Juan Guaidó se autoproclamó presidente encargado. Estados Unidos lo reconocerá ipso facto; lo siguieron Canadá, los países del grupo de Lima (salvo México) y unos días después los de la Unión Europea. Estaba todo acordado de antemano. Guaidó estaba preparado para cumplir con el ‘encargo’ de intentar ocupar el gobierno.

Es un dato de la realidad el empobrecimiento cada vez mayor de Venezuela y la deriva autoritaria de su gobierno ante la crisis. Un dato no menor, pero que no valida todo lo que sucede ni convalida la legitimidad del golpe de mano definitivo que –una vez más- se intenta contra el proceso de cambios en Venezuela. A la guerra ‘política’: económica, mediática, diplomática; a la ‘guarimba’ violenta, le sucederá probablemente la guerra. La guerra cruda, cruel y caliente como en Irak, Libia, Siria… como antes en los países de nuestras doloridas repúblicas sobre las que sobrevoló el Plan Cóndor.

En diciembre, Juan Guaidó viajó discretamente a Wáshington para reunirse con diferentes personajes. El día 14, con Luis Almagro, secretario general de la OEA discutieron los posibles escenarios, incluida la vía constitucional. Poco después, Guaidó viaja a Bogotá para participar en la reunión del Grupo de Lima, formado por 14 países americanos en el año 2017 para abordar la crisis venezolana. Con la asunción del nuevo presidente mexicano ese país a tomado distancia de las políticas conservadoras del grupo.

Para el consejero de Seguridad Nacional de USA, John Bolton, hay una ‘troika de la tiranía’ en América Latina. “Esta troika de la tiranía, este triángulo de terror que va de La Habana, a Caracas y Managua, es la causa de un sufrimiento humano inmenso, el motivo de una gran inestabilidad regional y la génesis de una cuna terrible de comunismo”.

Por más que lo parezca apelar a la violencia como parte de la lucha política –una disputa que debería ser esencialmente de ideas- no es natural, ni legítimo. Como no lo es encargarle a Juan Guaidó la presidencia de Venezuela. El camino correcto lo trazaron México y Uruguay, pero supongo que no será recorrido. Los espacios para el diálogo se han estrechado. En uno de los muchos audios que circulan en Venezuela, una voz masculina – con acento colombiano-anuncia la inminente ‘entrada’ de ‘ayuda humanitaria’. Las incursiones estarían apoyadas en las fuerzas armadas de Colombia, Brasil, EE. UU. y otros. Para distribuir esa ‘ayuda’ tomarían Caracas y si el ejército bolivariano intentara oponerse se desataría una agresión feroz, sin medir consecuencias. Es parte sí de la campaña, de la guerra psicológica, del terrorismo que arrincona a los venezolanos.

La historia y el contexto apuntan a una situación terrible, de conflicto armado que podría extenderse rápidamente a los países vecinos.