Por Julio Norte
Existe ante nosotros una batalla épica, donde los enemigos unos de otros se camuflan detrás de las debilidades del otro.
Debilidades a la hora de gobernar en un mundo en el que nada pasa porque si y el imperio trata cada vez más de extender sus redes para obtener sus objetivos, pero también nosotros somos parte de esa batalla no solo por la dominación global sino también de nuestra conciencia para censurar tal o cual acción.
La inseguridad de tener algo en el que sobredimensionamos en su valor, es más importante la pantalla plana que la charla con nuestros vecinos, es más importante el último modelo de vehículo que asistir a un club deportivo.
Nuestro país no está al margen de los problemas mundiales y regionales, todos buscan nuevos mercados con su condicionamiento que existe y esto es en forma constante.
La violencia como forma y como método parece ser el modus operandi, por parte del imperio, guerra comercial o armamentística así ajusta a sus lacayos emergentes, estos tras acuerdos de libres comercio ajustan al tercer mundo. La depredación de recursos es la consigna.
Las formas de dominación que se enseñan en historia para la conquista de mercados no son aplicadas a cabalidad, sino con nuevos métodos llamados “golpes blandos” o “primaveras árabes”, “revolución de colores o de la alegría” y otros métodos que están a la vista y que son muy perversos solo alcanza que nos miremos a los ojos y pensemos si el Uruguay esa así como quieren que pensemos.
El descontento e inconformismo como armas de destrucción masiva
Dos verdades tangibles, desaceleración de la economía y falta de empleo es una realidad como también la es el hecho que no es una crisis “al mejor estilo 2002 batllista” ya que hay otra forma de gobierno que prioriza en muchos aspectos a los más vulnerables, para cada empresa que manifiesta problemas el trabajador se le prolonga el seguro de paro, se lo busca reconvertir laboralmente, en el pasado le comprarían el problema al patrón y sería el único que se salvaba como cuando se hizo la estafa de la deuda al banco Pan de azúcar en el gobierno de Lacalle padre.
Nuestra sociedad esta atormentada, adormecida, desorientada en un montón de valores y no es culpa de la educación formal, es culpa de no poder dejar de pedir y no dar nada a cambio.
El valor de las cosas ha cambiado para los uruguayos al punto donde la violencia por proteger la propiedad privada va en aumento.
Por cada arrebato como rapiña pedimos las mismas y más feroces penas, pero que hay de la vida misma, 20 mil denuncias de violencia de género hasta hoy, violencia puertas adentro, violencia de nuestros pares, aquel que compartimos la mesa y es en ese terreno que no exigimos ferocidad, incluso, se pide comprensión para el agresor y se condena a la víctima.
Nuestra sociedad esta atormentada, adormecida, desorientada en un montón de valores y no es culpa de la educación formal es culpa de no poder dejar de pedir y no dar nada a cambio.
La inseguridad de tener algo en el que sobredimensionamos en su valor, es más importante la pantalla plana que la charla con nuestros vecinos, es más importante el último modelo de vehículo que asistir a un club deportivo.
Cada día que pasa perdemos más roce social y vemos al otro como un peligro y por eso nos encerramos y aunque contratemos 30 mil policías más, como se hizo en estos 10 años no nos podrá quitar la inseguridad que nos alimentan para que sigamos consumiendo en nuestro encierro permanente.
El delito siempre es una diferencia con la armonía o la generación de la iniquidad, incluso el ejercer violencia para el cumplimiento de la ley más tarde o más temprano termina siendo una iniquidad y se encamina a ser la manifestación de un nuevo tipo de delito ya conocido por todos la violencia del estado sobre los que debe de proteger y no deban ser violentados.
Tal parece que no hay esperanza y menos si confundimos los eslóganes de la política partidaria como si esta pudiera resolver por ley lo que no está en la vida de las personas.
El cambio está en nosotros, si en algo valoramos la vida, debemos dar otra opción que no sea castigo al delito sino que el delito en sí mismo no llegue a serlo.
