La prueba de nuestro progreso no es si nos unimos a la abundancia de quienes tienen más. Es si damos lo suficiente a aquellos que tienen poco.

Franklin D. Roosevelt

La olla popular continúa siendo un símbolo de unión y fraternidad solidaria.

Desde fines de la década del sesenta, cuando estallaron recordadas huelgas en rechazo a la congelación de salarios, la recolección de fondos y alimentos fue un referente insoslayable de la actividad sindical.

Hoy quedó atrás la tradicional olla popular que se instalaba en forma espontánea a raíz de un conflicto laboral. Hoy se instalan sí de manera más o menos autogestionada en distintas zonas de la ciudad y relacionadas con la población más vulnerable.

Somos conscientes de la importancia que tiene para personas carenciadas una comida recién hecha con alimentos frescos, sabiendo además que en la mayoría de las situaciones es la única comida del día. El más expuesto al impacto económico generado por las medidas de aislamiento social ante la situación sanitaria es quien menos posee.

Es así que las ollas populares son una gran demostración de solidaridad entre las distintas capas sociales y permite sostener la identidad de clase dando lugar a un entramado social muy variado.

En Paysandú según otras fuentes se habrían constatado en un principio 36 ollas solidarias. Actualmente quedan muchas menos y de funcionamiento dispar. La gente se agota física y monetariamente. Es que son los mismos ayudando al mismo barrio.

La olla de Soriano y Ledesma es un esfuerzo de 3 familias linderas que cocinan y comparten las donaciones con las otras dos de Tatuces Sur y Barrio Uruguay. El esfuerzo de los voluntarios se reparte entre distribuir las donaciones, salir a comprar lo que falta, conseguir leña,preparar la comida y entregar cada tardecita, excepto los sábados que se hace al mediodía, más de 100 porciones, hasta 130 incluso. Y pensar en el menú del día siguiente.

Desde el grupo solidario de Tatuces Sur, en la semana de turismo, se realizó un desembarco de merienda en el barrio Nueva York, es decir en Ledesma casi Soriano. Y un grupo de amas de casa de Barrio Río Uruguay prepararon tallarines desafiando el cruce de las Avenidas lo que luego fue una linda sorpresa para más de un día en la olla de Tatuces Sur. Esta semana la merienda cruzó el arroyito Sacra y llegó a los niños de San Félix.

Está siendo difícil la cuestión económica. Losniños que tenían tres comidas en las escuelas de tiempo extendido o en las 8 hs. de CAIF, los adolescentes que recibían su copa de leche (y algo más, a veces ayudados por docentes) en liceos, UTU o escuela agraria, están todos ociosos en sus domicilios compartiendo lo que falta, generalmente la comida.

Probablemente para muchos la olla popular es “dar a los de siempre”, o a los que “no quieren pasar trabajo cocinando” o un ejercicio de populismo. Escasamente algo de ello.

La cuestión es si se construye algo para el día después. Cuando pase el temblor.

Graciela Ruth Paz