Escribe Nicolás Olivera
Sin dudas que el comienzo del Gobierno Nacional no fue el esperado. Se iba a comenzar de una manera, pero a los 13 días surgió una pandemia que cambió totalmente las prioridades tanto para el Gobierno como para la gente.
Si tuviera que elegir una frase que resuma estos 100 primeros días elegiría: Tenemos un presidente que se hizo cargo.
Se hizo cargo junto a un equipo que se solidificó. Se hizo cargo de todos los aspectos que preocupaban a los uruguayos: los sanitarios, los sociales, los económicos, los de seguridad, entre otros.
Sin dudas que la decisión más difícil fue el 13 de marzo cuando el presidente declaró la emergencia sanitaria y conjuntamente con ello las medidas que apuntaban al aislamiento social voluntario apelando a la responsabilidad de las personas. Hubo momentos de mucha presión, en donde desde diferentes organizaciones y centros de interés -incluidos el Frente Amplio- presionaron al Gobierno para que decretara la cuarentena obligatoria. ¿Alguien se imagina que sería de nosotros si se hubiera transitado por ese camino?
Mientras los pedidos de cuarentena obligatoria arreciaban, se recurrió a una herramienta más poderosa que cualquier imposición de un gobierno. Se apeló a la libertad responsable de los uruguayos. Todos nos quedamos en casa por imperio de nuestra propia conciencia responsable en uso de nuestra libertad. Y en realidad ese termina siendo el modelo del éxito uruguayo, siendo por demás elogiado a nivel internacional y poniendo a Uruguay como modelo en el mundo.
En estos 100 primero días también hubo un cambio de actitud. Con los mismos recursos se hizo evidente un cambio de gestión en el Ministerio del Interior. Hoy se entra donde antes no se entraba. Con los mismos recursos la moral de las Fuerzas Armadas se elevó y hoy ayudan en la custodia de la faja fronteriza. En estos 100 días no se toleró un solo desvió de las normas de conducta éticas, removiendo a dos presidentes de entes sin importar que tan “compañeros” podían ser. Se renegoció todo lo que se podía renegociar en el proyecto UPM, generando un ahorro millonario en rubros mal negociados en el pasado, respetando a su vez compromisos asumidos como país. En resumen: se hizo lo que se dijo que se iba a hacer.
Este período también deja nuevos desafíos. Con un Uruguay con sus cuentas públicas sumamente deterioradas habrá que generar oportunidades para miles de compatriotas a los que la crisis golpeó más fuerte. Hoy se visibiliza, pese al relato del que veníamos, la situación de 400 mil uruguayos que estaban al margen de toda regularidad y derechos.
La principal tarea que queda por delante será poner de pie a un país. Una tarea de todos.
