Darío Rodríguez

La aparición de la pandemia mundial y la consiguiente obtención de vacunas dejaron a la vista el rol de la investigación científica, las universidades y los Estados nacionales. Capítulo aparte merecería la mercantilización de la misma y las leoninas condiciones que, para cubrirse ante eventuales adversidades, plantean distintos laboratorios y son aceptadas, sin más, por los distintos países. También es bueno analizar cuáles son las vacunas que han llegado a América Latina. Hay que observar con atención el tránsito que realiza Cuba, un país bloqueado y con enormes problemas de todo tipo, en lo que sería la primera vacuna (Soberana) fabricada en este desigual continente.
Las derechas, siempre autoritarias, desprecian muchas cosas; entre ellos los feminismos y las ciencias. El paradigma lo constituye el desastre que atraviesa Brasil de la mano de un capitán del ejército. Un troglodita al frente del país continente.
En Uruguay, hay menos brutalidad, más racionalidad y hasta se podría decir que la pandemia, terminó urbi et urbi, jerarquizando el rol de las ciencias. Una lectura más atenta de la cuestión pone los apoyos en entredicho.
El problema siempre es el punto de partida que define el resto. Esto es, ¿los países del tercer mundo deben formar científicos y realizar ciencia? ¿La creación científica hace o no a la soberanía? Seguramente los gobiernos dirán que sí, aunque luego tomen decisiones que contraríen lo verbalizado. En algunos casos hasta crean ministerios de Ciencia y Tecnología.
En Uruguay, como en tantas otras esferas, las ciencias fueron bastante maltratadas y se visualizaban, en el imaginario social, como un lujo de una “elite”. A tal visión contribuían decididamente los sucesivos gobiernos. La derecha uruguaya, hoy en el poder; muy conservadora pero muy moderna en las cuestiones comunicacionales, simbólicas, y ello hace que parezca que apoya la actividad científica. Conformar el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) es casi la metáfora perfecta.
Apoyar el desarrollo científico nacional implica potenciar la UdelaR, -que realiza el 80 % de la investigación-, a otros Institutos, formar cuadros de alto nivel, facilitar acceso a intercambios académicos y publicaciones mundiales, establecer becas, montar estructuras de inserción e infraestructuras adecuadas. Hoy, el país brinda un exiguo 0.4 % de su PBI a las ciencias; de ahí al reclamo incumplido durante las gestiones del FA, de llegar a una asignación del 1 % del PBI. En el 2014 todos los candidatos presidenciales firmaron un compromiso apoyando las ciencias; mera declaración.
De todas maneras es bueno señalar que durante las gestiones frentistas, más comprensivas del fenómeno, se observaron decisiones muy significativas en el propósito de potenciar el desarrollo científico nacional. Ello se adosó con una medida singular: la descentralización universitaria que posibilita acceso a la misma de sectores otrora excluidos que, más allá de formarse en algunas de las disciplinas impartidas, pueden seguir una carrera científica dentro del país. La UdelaR vigorizó sistema de becas de posgrados, régimen de dedicación total, repatriación de científicos, ampliación en la formación de posgrados, radicación en el interior, etc. Muchos científicos de espigada calidad los cruzamos en los territorios donde la UdelaR montó sus Centros Universitarios, como Paysandú, Salto, Tacuarembó. Los instrumentos han sido de altísimo impacto y el país afronta la pandemia, más allá de las decisiones políticas, sustanciales, con relevante masa crítica.
Una de las medidas que concurren al apoyo de las ciencias es lo asignado en cada presupuesto quinquenal. El actual gobierno encabezado por el herrerismo, siempre proclive a recortar asignaciones, maltrató a la UdelaR y al resto del sistema público educativo. Estuvo lejos de asignar lo solicitado y concretó otras prioridades. Los recortes inciden negativamente en los distintos programas institucionales. Los mismos fraguan en prejuicios ideológicos y en el descreimiento de conducciones colectivas: es demasiado participativo. Antes del presupuesto en la LUC buscó erosionar rol de la UdelaR. No obstante, en los inicios de la pandemia, no sin cierto cinismo, se pedía aplaudir a profesionales y científicos. El recorte impiadoso involucró a otras agencias de investigación, al tiempo que se facilitaban exenciones a jerarcas.
El gobierno, como modus operandi, recorta y después ve…Eso fue lo que hizo con la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) El ministro de Educación y Cultura (MEC), Pablo Da Silveira, había dicho que en el organismo •”hubo una fiesta”. La comunidad científica, ahora con un respaldo mayor de la sociedad, hacia “cola para pegarle”. La conducción universitaria señaló “su profunda preocupación por el debilitamiento del sistema científico y cultural nacional”. Entienden que “las restricciones a las suscripciones a revistas especializadas fragilizan el acceso al conocimiento y a la literatura académica como bienes públicos y afectan muy gravemente a una política nacional novedosa en el mundo”. Advirtió la “disminución del compromiso presupuestal para financiar el portal Timbó-Foco y la consiguiente limitación del acceso a publicaciones arbitradas”. El Rector de la UdelaR, Rodrigo Arim dijo que las declaraciones del ministro “no ayudan”.
Con gran aspaviento, el MEC anunció que revisaría lo actuado. Recuérdese que había recortado a la ANII 13.5 millones de dólares y que la posterior revisión implica reincorporar tan solo 1.65 millones de la moneda norteamericana. Tras el anuncio la comunidad científica y la población se enteraban que lo restablecido era mínimo; fruto de “pasar la gorra” por distintos organismos (UTE, MEC, Presidencia) Nada de incorporar recursos genuinos. En todos los casos son aportes puntuales. La consolidación de los recortes, más allá de ciertas cuestiones que puedan ser corregidas, obedece a una concepción que, en cierta medida, solo piensa en el mercado, soslayando la importancia que un país haga ciencia y forme científicos. Es indigno que la comunidad científica ande mendigando recursos.

El paradigma lo constituye el desastre que atraviesa Brasil de la mano de un capitán del ejército
En el 2014 todos los candidatos presidenciales firmaron un compromiso apoyando las ciencias; mera declaración.

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