MARGARITA HEINZEN
Como integrante del equipo de la Dirección General de Promoción y Desarrollo de la Intendencia de Paysandú durante el gobierno de Guillermo Caraballo, el fin de semana recibí la excelente noticia de que el proyecto El Paysandú que Queremos, que tanto nos desveló, fue primer premio como experiencia subnacional de Gestión de Resultados para el Desarrollo de América Latina y el Caribe, otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Como supondrán, siento una gran alegría por el reconocimiento al trabajo de un equipo y de un gobierno que se tomó en serio aquello de la Planificación Estratégica y también, por qué no decirlo, por ciertos sarcasmos escuchados en la campaña electoral en los que se decía que no hay que querer sino hacer (o algo por el estilo) y que consultar a la ciudadanía era evadir las responsabilidades como gobernantes. Nuevamente, se demuestra lo difícil que es ser profeta en su tierra y que en el exterior se valora más el trabajo de nuestra gente que acá mismo.
Durante décadas Paysandú tuvo un perfil definido vinculado principalmente a una base agropecuaria diversificada y una matriz industrial procesadora de estas materias primas. Fue nuestro perfil y nuestro orgullo. Aún recuerdo cuando niña, ver pasar las bandadas de obreros en bicicleta, como torcacitas, hacia o desde las fábricas, a ciertas horas fijas. Ese fue nuestro perfil identitario durante al menos 4 décadas. Impregnó nuestro ADN y moldeó, no solo nuestra idiosincrasia sino también nuestra relación con el trabajo. A su vez nos enseñó otros valores, como que la unión hace la fuerza y que la organización divide el esfuerzo y multiplica los resultados, aspectos que a veces olvidamos, pero que nos caracterizan de manera distintiva en el país. Pero el mundo cambió y las variables macroeconómicas fueron apretando cada vez más a las opciones de industrialización de una producción agropecuaria que fue perdiendo la diversificación y a la que le costó incorporar tecnología.
Ni bien asumió el anterior gobierno departamental, que integré de 2015 a 2017, emprender la búsqueda de ese nuevo perfil productivo con el cual poner proa al desarrollo fue una preocupación central. Con apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el gobierno nacional, definimos que esta tarea no podía “decretarse” ni diseñarse desde la oficina de algún político o consultor, sino que debía hacerse con compromiso ciudadano. Teníamos claro que pensar Paysandú era una tarea para los sanduceros pero sobre todo, de los sanduceros. Es relativamente fácil acordar con un diagnóstico, no es tan fácil lograr un acuerdo prospectivo respecto hacia dónde ir.
A partir de ese diagnóstico (ver 20Once de 14.12.17), que reseñaba nuestras fortalezas y debilidades como comunidad trabajadora, se propusieron instancias de diálogo participativo con los vecinos, a fin de lograr implicancia ciudadana para construir y validar colectivamente una matriz de líneas estratégicas. Estos diálogos comenzaron con sanduceros radicados en Montevideo, que incluyeron estudiantes universitarios, trabajadores y empresarios. Luego, convocamos a una instancia pública, colectiva y participativa a todos los vecinos que sintieran que tenían algo para decir. En esa actividad participaron más de 250 personas que discutieron, en una metodología llamada World Café, sobre cinco ejes: Infraestructura para el desarrollo; Actividades turísticas e industrias culturales; Tecnología, innovación y conocimiento; Producción, sustentabilidad y desarrollo y Comunidades sostenibles y bienestar. De las categorías que emergieron de este encuentro surgieron con fuerza las dimensiones Turismo y Cultura, siendo importantes también las menciones referidas a Tecnologías digitales, Emprendedurismo, Producción y Cooperativas.
Estos resultados dieron lugar, a su vez, a los Foros Ciudades, para los que se trajeron expertos de ciudades que han transitado por procesos de reconversión productiva y que hoy muestran buenos indicadores de desarrollo humano, como Medellín, Barcelona, Rafaela o Rosario (Argentina). Estos encuentros, que fueron cinco y tuvieron gran poder de convocatoria (1500 personas en total), fueron muy removedores, muy inspiradores y muy reflexivos. Fueron un viaje desde Barcelona y su capacidad para transformar el patrimonio cultural en una pujante actividad productiva, a la conversión de Medellín de capital del narcotráfico a capital del desarrollo con rostro humano. De Rafaela, acá nomás, a Rosario que decidió dejar de darle la espalda al río. En todos estos procesos el común denominador, y por lo tanto parte de la razón del éxito, es la continuidad de las líneas de acción asumidas más allá de la alternancia de los gobiernos. Haber entendido que el desarrollo no se logra en cinco años y que es un compromiso de todos.
En simultáneo, se realizaron consultas en todo el departamento para conocer la opinión de los ciudadanos acerca de los sectores estratégicos que deberían profundizarse en Paysandú, utilizando varios formatos para interaccionar con los vecinos, con los que se recogieron más de 2000 opiniones. En los Municipios se trabajó con la misma metodología de World Café, definiendo las necesidades y oportunidades de desarrollo locales e identificando proyectos e iniciativas. Participaron unas 200 personas.
Una vez definidas las líneas estratégicas por consulta ciudadana y, dentro de ellas los sectores productivos que aparecen con mayor dinamismo a nivel mundial, durante los años 2018 y 2019 se realizaron estudios analíticos que permitieron identificar oportunidades para impulsar, así como posibles inversiones. Se definieron para explorar Logística, Turismo, Ciencias de la tierra (actividades de soporte al agro) y Tecnologías de la información y la comunicación.
Para completar el llamado triángulo de Sábato del desarrollo, aquel que se refiere a la necesaria interacción Estado/Academia/Sector productivo, concepto indispensable para pensar el desarrollo en los países periféricos, se elaboró un plan departamental de capacitación y formación, que incluyó a INEFOP, la UTU y la UTEC. Parte de este plan es el proyecto productivo educativo que se instaló en el predio de la ex COTRAPAY. 400 personas fueron capacitadas en informática, robótica y audiovisual; 1.500 personas participaron en las dos ediciones de la Batalla Robótica; 160 niños participaron en talleres de robótica en los Talleres de Sensibilización; 280 participaron en el ciclo de charlas del área tecnológica en el área de Innovación del programa; más allá de las carreras universitarias y técnicas que comenzaron en Paysandú por parte de UTU y UTEC. En el área de Industrias Creativas, 700 personas fueron beneficiadas.
De las líneas detectadas como prioritarias, se logró el financiamiento por parte de diferentes fuentes nacionales e internacionales de alrededor de 25 proyectos, algunos ya ejecutados, otros en curso y otros que comenzaron o comenzarán a ejecutarse con el actual gobierno departamental. Entre los resultados que fueron premiados, se destaca también la mejora y creación de Infraestructuras para el Desarrollo, como el Centro Cultural Gobi; la nueva biblioteca José Pedro Varela; los planes de inversión para recuperación del puerto de Paysandú; las prospectivas para Corrales de Abasto; la Escuela Departamental de Artesanías, Museo Educativo y de la Memoria “Perpetuidad” y el Centro de Investigación Histórica, que acompañan este proceso.
Esto que relato fue la ejecución de un enfoque conceptual a través de una metodología de trabajo, en el convencimiento que, como ya expresé, el desarrollo es un proceso lento que se construye entre todos, si bien al gobierno le cabe la responsabilidad de apuntalar, empujar, potenciar. Dentro de la Dirección General, la que se ocupó, en particular, del proyecto fue la Dirección de Desarrollo Productivo, primero a cargo de la Ing. María Bruni y luego del Dr. Sebastián López y siempre bajo la coordinación de la Lic. María José Mannise. Vayan a todos los integrantes del equipo y a los que participaron, de una u otra manera, mi más sincero agradecimiento y felicitaciones.