SCANAVINO, LA HISTORIA DE UN CAMPEÓN

Séptima entrega

Agua helada

El agua helada fue su peor enemigo. En el libro Héroes del silencio se relata que “el agua fría lo erizaba y lo endurecía de cara a la competencia y en La Paz, la piscina no estaba en las mejores condiciones. Sin embargo, se despachó con tres oros en 200 m, 400 m y 1.500 m libre, dos platas en los relevos libre, y bronce en el relevo combinado.

Felipe Vidal, uno de sus entrenadores cita, en una línea de tiempo nombres y apellidos de la natación en Paysandú, “Wilfredo, Ana María, Irene Sosa, Álvaro Saldivar, Bill Cannedy (estuvo casi 3 años en Uruguay), Carlos Scanavino, más una camada de nadadores buenos entre ellos/ellas Ana Sofía y Carolina Peroni, Cecilia Bottino, Marianella Mussio, Andrés Butteri, Adriana Curbelo, Heide Holtz, más de 100 nadadores valiosos para el equipo. Todo eso fue entre 1970 y 1980. Después vinieron nadadores a nivel nacional que algunos se lucieron y otros terminaron llegando a la capital y a Maldonado caso de Culela, Cañedo, Sanchis, Rombys”.

Agrega los nombres de Claudia Fernández y Óscar Poliya Samurio y tantos otros como Héctor Acosta y los hermanos Ferragut.

El plan de Carlitos y el objetivo de formar equipos

 Había un plan cotidiano recuerda Vidal, “un plan semanal, mensual, anual. Sabía lo que rendía y cada vez había más exigencia. Tenía 20 mil metros para entrenar por día previo a los Panamericanos de Caracas en el ´83. En el ´81 surgió en Medellín, luego vino La Paz. Uruguay tenía un muy buen plantel de nadadores varones.

Vidal apunta que “mi gran objetivo fue formar equipos sabiendo que teníamos al mejor de la historia, lo hice en Remeros, en Neptuno, en la ACJ, compartir el esfuerzo del equipo, no quiere decir que menospreciara el esfuerzo de los demás compañeros. Fui muy práctico en eso”.

El legado

Felipe cuenta que “sobre todo personas valiosas, como hombres y mujeres con responsabilidad, sacrificio y amistad. Quise a todos por igual, al talentoso, al sacrificado y voluntarioso en el entrenamiento, para después volar en las competencias. Muchos otros tuvieron la oportunidad de estar, en los viajes, en el equipo, a pesar de no llegar a las medallas, pero respetar su entrega y cariño. La masificación siempre fue mi norte. Planteles numerosos, oportunidad para todos. A la natación uruguaya no le defraudé. En lo internacional, títulos y medallas de una época gloriosa, recordando desde 1977 al 1992 en la selección nacional. Cada oportunidad de aprender, con grandes entrenadores, cursos internacionales y torneos con la élite mundial me llevó a volcarlo en mi natación y en la de todos. Espero seguir aportando ese sentimiento de pasión cada día”.

Confiesa que “siento admiración y lealtad con quien me hizo conocido: Carlos Scanavino, un deportista inigualable en la hora de entrenar, una memoria técnica y rítmica fantástica, un rendimiento deportivo insospechado, siempre iba a más, aparte era una diversión competir, su rostro feliz aminoraba a los rivales”.

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