Escribe Eduardo Rodríguez

El lunes 28 de noviembre de 2022, a las 07:45, Gonzalo Enrique Barboza Sisnández, de 23 años, se retiró del centro de atención de personas con padecimientos mentales “Alas Multicolores” que funciona en el cruce de las calles Francisco Bicudo y Felipe Argentó de la ciudad de Paysandú; allí recibía atención para enfrentar las consecuencias del consumo problemático de drogas. Sus familiares aseguran que es él quien aparece en el registro de una cámara de videovigilancia de una vivienda particular sita en la zona de las avenidas Rodó y Trillo, en el extremo norte de la ciudad de Salto. De hecho, han reconstruido el itinerario que habría desarrollado para llegar hasta allí, en la tardecita de aquel mismo día. Pero desde entonces permanece desaparecido. La madre de Gonzalo denuncia los escasos resultados del trabajo de la Policía.

La huida

En el transcurso de los siete años que Gonzalo vivió en el centro que gestiona la Asociación Civil Arco Iris “se enojó” varias veces y demostró su malestar con breves ausencias del servicio que “por reglamento” debe permanecer abierto, “sin rejas, con los portones sin llaves”, explica Andrea Sisnández, su mamá. “Es como un nene chiquito que le decís que no y se enoja, se pone a llorar. Como también si lo autorizás para algo que te pida se pone a llorar por la emoción. Es bueno, no tiene maldad”, cuenta. Su hijo “era un chico normal” hasta que se vinculó con las drogas cuando viajaba desde Palomas, su pueblo natal, hacia la cercana Villa Constitución para asistir al liceo; ambas localidades ubicadas en el norte del departamento de Salto.

Algunas horas antes del lunes 14 de noviembre de 2022 Gonzalo recibió el anuncio de que, como otras veces, sería trasladado para que visitara su familia; idéntica comunicación recibió su progenitora. Pero sucedió que “el mismo día que iba a venir, como a las cinco de la tarde, avisaron que no lo podían traer porque se había roto la camioneta del INAU”. Andrea sabe que esa frustración golpeó duramente en el ánimo de su hijo que dos semanas más tarde tomó la decisión de emprender el camino rumbo al norte para encontrarse con los suyos. Según la información que posee la señora, el muchacho se marchó sobre las 07:45 pero la dirección del centro habría advertido la ausencia a la Policía “a las 6 de la mañana”. La comunicación no se consideró “porque fue por teléfono”. Recién el miércoles 30 de noviembre la institución formalizó la denuncia ante la Seccional Primera del Departamento de Salto.

El camino hasta Salto   

A las 13:15 el joven pasó a pie por el peaje del Queguay, según quedó documentado en las cámaras. “A las 17:00, más o menos, llegó a la estancia del señor Elbio González, es un tambero que vive cerca de Quebracho. Ahí pidió para bañarse y para aprontar el mate. Dicen que agradeció muy atentamente, muy amable,  y se fue”. No obstante la familia que  lo recibió ese rato advirtió “que no estaba bien, como que le faltaba medicación o algo así” por lo que resolvieron comunicar de su presencia a la seccional de la ciudad de Quebracho. Efectivos de esa comisaría lo interceptaron en el kilometro 423 de la ruta 3 pero tres kilómetros más adelante lo dejaron marchar en tanto no tenían razones para retenerlo. Poco después lo levantó un camionero que lo alcanzó hasta la zona conocida como “de la gaviota”, en la entrada sur a la ciudad de Salto. Entonces ingresó a una estación de servicio, “se refrescó y le pidió al pistero que le arme un cigarro. Y ahí sale por la avenida Reyles, se lo ve en las cámaras cuando pasa por la Coca-Cola, después cuando pasa por el Obelisco a Rodó y la última cámara que lo registra es ahí, en Trillo y Rodó. No se va nadie que lo levante, que lo auxilie o algún malandro que lo asalte, que lo golpee, nada”. Para entonces eran las 20:15, siempre del mismo día. Las personas que interactuaron con Gonzalo aportaron sus relatos a la investigación.

Insatisfacción con el trabajo policial, el aporte de los psíquicos y el vecino del mapa

Andrea asume que es poco probable que su hijo siga vivo, de hecho varios psíquicos, entre ellos Marcelo Aquistapace, han afirmado “que ya no está con vida, que habría fallecido ese mismo día. Pienso que pudo haber convulsionado por la falta de medicamentos, por el gran esfuerzo físico que hizo”,  lamenta pero también asegura mantener un poco de esperanza,  “cuando escucho ladrar a los perros, a veces a las tres de la mañana, salgo rápido pensando que puede ser él”.

Sisnández no está satisfecha con el proceder policial, se niega a creer que alguien pueda desaparecer de esa manera y que no haya posibilidades de esclarecer la situación. Ha tenido manifestaciones públicas de duro cuestionamiento a la Jefatura de Policía de Salto y ha recibido respuestas de igual tenor de parte del titular de la dependencia. El funcionario ha mostrado ante medios de comunicación los documentos que detallan las actuaciones, pero, al fin y al cabo, siguen sin encontrar a Gonzalo. En abril de este año se desarrolló un rastrillaje en la zona del último registro sin que se obtuvieran resultados. “Ahora encontraron un cráneo y me dijeron que iban a hacer las pruebas para saber si es de un muchacho que desapareció antes y que si no es me van a llamar para una prueba de ADN, por si es Gonzalo. Pero todo es así, comprenderán que estas cosas no conforman a una madre”, sostuvo. “Yo quiero tenerlo con vida pero si no es así, necesito su cuerpo para darle santa sepultura, para llorarlo, necesito saber dónde está”, insistió.

Para Andrea es muy llamativa la actitud de un residente de la zona en la que el muchacho fue visto por última vez dado que el hombre “hizo un mapa señalando dónde desapareció Gonzalo”, le dijo que se acostumbrara a la idea de que no vuelva porque “Dios lo necesitó y se lo llevó” y asevera que el joven “llegó con una perra negra” y que el animal sí sigue con vida. Cree que esa persona tiene información que la Policía no ha considera debidamente.

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