En Avellaneda, a las 21.30, se juega la revancha de octavos: Peñarol busca sostener la ventaja y Racing está obligado a ganar.
El Cilindro de Avellaneda será escenario de un duelo de alto voltaje en la Copa Libertadores. Racing recibe a Peñarol una semana después de la trabajosa victoria aurinegra en el Campeón del Siglo (1-0), resultado que dejó abierta la serie y le dio al equipo uruguayo una leve ventaja que deberá defender en un Cilindro repleto y bajo un temporal que amenaza con condicionar el juego.
La meteorología ocupa tanto espacio en la previa como las tácticas. Se anuncia lluvia intensa, ráfagas de viento y hasta riesgo de granizo. El campo pesado obligará a jugar un fútbol directo: pelotazos, rebotes y remates de media distancia pueden definir más que la estrategia dibujada en la libreta de los entrenadores. Conmebol no detiene el negocio y el partido va, aun si el clima lo convierte en una batalla de barro.
Racing llega golpeado por una liga adversa y la derrota en Montevideo. La presión es enorme: el público no exige buen juego, exige clasificar. Peñarol, en cambio, viaja con la ilusión intacta de seguir alimentando el sueño de su sexta Libertadores, un objetivo que no alcanza desde 1987. La caída ante Boston River por el Uruguayo quedó en segundo plano; todo el foco está en la Copa.
La gran incógnita es Leo Fernández. Su rodilla no responde, pero su inclusión en la lista de viajeros genera dudas en el rival. Como el Cid Campeador, su sola mención condiciona. Si no juega, Diego Aguirre apostará a un bloque sólido, con Remedi y Trindade como doble ancla, Cabrera y Nacho Sosa por las bandas y Silvera como punta. Terans o Diego García acompañarán en ofensiva.
En este escenario, Peñarol necesita ganar o empatar para avanzar. Una derrota por un gol lo lleva a penales, mientras que si pierde por dos o más será Racing el que acceda a cuartos. La serie promete drama, agua y nervios: un partido que nadie querrá perderse.