La Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) es un organismo binacional clave para la
gestión de un recurso compartido y estratégico, pero suele permanecer en las sombras del
debate público. En la percepción ciudadana, aparece como una institución vinculada
únicamente a los puentes internacionales y a la recaudación de sus peajes, entre otros temas.
Sin embargo, la nueva presidenta de la Delegación Uruguaya, la exdiputada sanducera Cecilia
Bottino, busca cambiar esa imagen y abrir el organismo hacia una mayor transparencia y
modernización. A continuación ofrecemos un resumen de la entrevista que le hiciera Víctor
Hugo Acosta en la radio Felicidad en la mañana de ayer.
Bottino no dudó en reconocer la complejidad de la institución que encabeza.
“En el imaginario colectivo, la CARU es un organismo oscuro, que maneja mucha plata y que se
ocupa solo de los puentes. Pero en realidad es mucho más complejo. Cuando entramos, nos
dimos cuenta de que es más que un ministerio, con delegaciones de ambos países y una
dinámica de trabajo muy particular”.
Un organismo binacional con decisiones compartidas
La CARU está integrada por dos delegaciones, una argentina y otra uruguaya, cada una con
cinco miembros. Todas las decisiones se toman por consenso en sesiones plenarias conjuntas,
generalmente una vez al mes, tras el trabajo previo de seis subcomisiones administrativas y
tres técnicas.
Este esquema, según Bottino, otorga un carácter “peculiar” al organismo: “No hay decisiones
unilaterales, siempre debe haber acuerdos. Eso puede enlentecer, pero también asegura un
equilibrio binacional”.
La designación y el vínculo con la frontera
El camino de Bottino hacia la CARU comenzó en diciembre, cuando su sector político -MPP- le
propuso integrar el organismo. Para la exlegisladora, había un argumento de peso: que los
organismos binacionales con fuerte inserción territorial contaran con representantes de la
propia frontera.
“Siempre planteamos que la región tenía que estar representada. Somos quienes conocemos
el territorio, sus problemáticas y sus posibilidades”, explicó.
Su experiencia previa en integración fronteriza, tanto como diputada recorriendo los
departamentos litoraleños en medio de la disparidad de precios con Argentina, como en su rol
de presidenta de la Cámara de Representantes, la avalaron para el cargo. El 5 de mayo fue
oficialmente designada y asumió la conducción de la delegación uruguaya.
La sorpresa: un organismo desactualizado
Lo que más sorprendió a Bottino al ingresar fue el atraso administrativo.
“Yo pensaba encontrarme con un organismo con controles internos modernos, informatizado,
con procesos claros. Pero nos encontramos con lo contrario. No hay digitalización, no hay
procedimientos establecidos, y eso dificulta el contralor. Parece mentira, pero todavía hay que
buscar dónde están los papeles”.
La CARU maneja un presupuesto significativo. Aunque parte de los fondos provienen de
Cancillería, el 80% se autofinancia con los peajes de los puentes internacionales. “El problema
no es tanto el monto, sino cómo se gasta. Una gran parte se va en viáticos, compensaciones y
emolumentos”, explicó Bottino. Actualmente, la plantilla ronda los 200 funcionarios, mitad
argentinos y mitad uruguayos, aunque no siempre está claro qué roles cumplen.
Por eso, la nueva conducción trabaja en un relevamiento profundo del personal para evitar un
crecimiento innecesario de la plantilla.
El legado de La Haya: ciencia para prevenir conflictos
Uno de los hitos más importantes de la CARU fue la resolución del conflicto por la instalación
de la planta de celulosa de UPM en Fray Bentos. El diferendo, que llegó hasta el Tribunal de La
Haya, derivó en la creación de un comité científico binacional.
Ese comité, con laboratorios en el puente General San Martín, realiza un monitoreo constante
del río Uruguay. “Se controlan los efluentes de UPM, del río Gualeguaychú y se analiza toda la
calidad de las aguas desde Bella Unión hasta la desembocadura en Colonia”, detalló Bottino.
Gracias a ese trabajo, hoy existe un seguimiento diario del estado del río. “Nos da tranquilidad
y nos permite responder incluso a requerimientos judiciales, como los que llegaron desde
Concepción del Uruguay”, afirmó.
Los nuevos desafíos: hidrógeno verde en Paysandú
Además de la gestión cotidiana, la CARU tiene en agenda proyectos de enorme impacto
potencial. Entre ellos, el eventual emplazamiento de una planta de hidrógeno verde en
Paysandú.
Aunque el organismo aún no abordó de lleno el tema, ya recibió notas de Argentina solicitando
que intervenga desde el inicio por la ubicación de la planta. “Todavía no lo hemos tratado
formalmente, pero sí estamos en contacto con el Ministerio de Ambiente. La semana próxima
iremos a una inspección en UPM para evaluar controles. Lo importante es que sabemos el
impacto que una planta puede tener en el río y debemos actuar con anticipación”, señaló
Bottino.
“Un organismo clave para la integración”
Más allá de las críticas a la falta de modernización, Bottino insiste en la relevancia estratégica
de la CARU:
“Es un organismo binacional que gestiona un recurso natural compartido. Tiene un papel
central en la integración regional y en la defensa ambiental. Nuestro desafío es hacerlo más
transparente, eficiente y cercano a la gente”.
La presidenta de la delegación uruguaya asegura que su objetivo es doble: actualizar los
procesos administrativos y, al mismo tiempo, fortalecer la imagen de la CARU como un actor
clave para la cooperación entre Uruguay y Argentina.
“Cuando se conoce, suele ser porque hay conflictos. Pero la CARU tiene que estar presente
antes, anticipándose a los problemas y dando certezas a la ciudadanía”, concluyó.




