Con apenas 15 años y cinco días, Vicente Pesce convirtió un gol en el fútbol profesional y comenzó a escribir una historia que ilusiona a Paysandú FC. El joven mediocampista, que también integra procesos de selecciones juveniles de Uruguay, vive un presente impensado hace apenas un año, aunque mantiene los pies sobre la tierra y una premisa clara: disfrutar del fútbol.
Por estos días, el nombre de Vicente Pesce empieza a resonar cada vez con más fuerza. A los 15 años, el futbolista de Paysandú FC ya debutó en Primera División, firmó su primer contrato profesional y logró marcar un gol que lo convirtió en uno de los jugadores más jóvenes en destacarse en la categoría.
“El gol fue con 15 años y cinco días”, recuerda con naturalidad, sin darle demasiada importancia a un dato que para muchos resulta extraordinario.
Sin embargo, detrás de ese logro hay un camino de formación y crecimiento que comenzó mucho antes. Sus primeros pasos en el fútbol los dio en Estudiantil, hasta que a los 13 años se incorporó a Paysandú FC, donde rápidamente empezó a competir en categorías superiores a las que le correspondían por edad.
Del disfrute al profesionalismo
A diferencia de otros jóvenes talentos, Pesce asegura que nunca vivió el fútbol como una obligación.
“Siempre lo hice porque me gusta. Nunca me lo tomé tan en serio; sí con responsabilidad, pero siempre disfrutándolo. Hasta el día de hoy es lo que más me gusta hacer”, afirma.
Ese enfoque parece haber sido una de las claves para afrontar una transición exigente: pasar de las divisiones juveniles a entrenar y jugar con futbolistas adultos.
“Lo más difícil es el físico, pero trato de buscar mis espacios y hacer las cosas de la mejor manera”, explica.
El salto fue rápido. Hace apenas un año ni siquiera imaginaba estar en Primera División.
“Hace un año no pensaba estar en Primera y ahora lo estoy viviendo. Me voy acostumbrando a lo que es el fútbol profesional, a cuidarme y a entender que mi físico es mi herramienta de trabajo”, señala.
Sin presión y con una sonrisa
Pese a la atención mediática y a las expectativas que genera, Pesce asegura que no siente el peso de ser considerado una promesa.
“Presión no tengo. Nunca tuve. Siempre lo disfruté y me río un poco de las cosas que suben en redes con mi hermano y mi familia”, comenta.
Esa tranquilidad también se reflejó en su debut.
“No sentí nervios. Me latía el corazón a mil, pero nervios no. Cuando entré a la cancha los rivales me trataron muy bien. Pensé que alguno me iba a pegar un poco más, pero nada de eso pasó”, recuerda.
El respaldo de una familia futbolera
Uriel Pesce, exfutbolista, gerente deportivo de Paysandú FC y padre de Vicente, conoce de cerca los desafíos que implica el crecimiento de un joven talento.
“Lo principal es entender que él no soy yo y yo no soy él. Como padres tenemos que acompañar y ayudarlo a mantener los pies sobre la tierra”, sostiene.
Según relata, desde muy pequeño mostró una relación especial con la pelota.
“Ya de chico se veía. Era todo fútbol. Miraba partidos conmigo y se enojaba cuando las cosas no salían. Lo que nunca imaginamos era que todo esto llegara tan rápido”, cuenta.
Para el dirigente, el proceso debe desarrollarse sin apuros.
“Tiene apenas 15 años. Esto recién empieza. Lo importante es que vaya creciendo de forma lenta pero segura”.
Estudio y deporte, de la mano
Además de entrenar con el plantel principal, Pesce cursa tercer año de liceo mediante una modalidad adaptada a sus horarios deportivos.
La familia considera que la educación es una parte fundamental de su formación.
“Estudiar es obligatorio. Son muy pocos los que llegan al fútbol profesional y el estudio siempre queda”, remarca Uriel.
Una visión compartida por el club, que trabaja para que sus juveniles puedan desarrollarse tanto dentro como fuera de la cancha.
Un futuro prometedor
Fanático de Federico Valverde, el joven reconoce que todavía tiene mucho por mejorar.
“Me faltan muchísimas cosas. Esto recién comienza y las voy a ir trabajando con el tiempo”, asegura.
Mientras tanto, en Paysandú FC celebran el surgimiento de uno de los talentos más prometedores de su cantera. Un futbolista que, con apenas 15 años, ya logró dar un paso enorme, pero que parece tener claro que el verdadero desafío recién empieza.
Porque si algo transmite Vicente Pesce es que, más allá de los récords y los elogios, sigue siendo un adolescente enamorado de la pelota. Y quizás ahí esté la mayor explicación de su precoz éxito.