CINE & MATE
Por Salomón Reyes
México es un país desmadroso. Todo lo que toca lo convierte en relajo, en celebración, en desmadre festivo. El Mundial no iba ser la excepción. Lo que está pasando afuera y dentro de los estadios ya se ha convertido en la narrativa principal de un Mundial que recién comienza y que tendrá muchos episodios pero el capítulo desmadrológico del mexicano, llegó para quedarse y para ganar la risa y la simpatía mundialista, pase lo que pase con los partidos.
Este lunes 15 de junio juega Uruguay y no sólo la celeste se enfrentará a los jeques árabes sino que se las tendrá que ver con un público efervescente que se pondrá de su lado y los hará parte de su fiestón loco. Veremos uruguayos manteados y vitoreados por la afición mexicana. Escucharemos el himno de batalla que dice – “hermano… uruguayo… ya eres mexicano”. Se reirán de ellos y con ellos y les quitarán por un momento, esa sonrisa tranquila y bonachona que caracteriza a los orientales para meterlos en el torbellino inexplicable del desmadre. Hoy mientras escribo esto, se reporta que se colaron tres monos selváticos en la habitación del presidente de la AUF. Conforme pasen los días, esa será una anécdota menor con todo lo que está por venir para los uruguayos viajeros. Celebro de verdad que a Uruguay le haya tocado jugar en México, las cosas que sabrán contar no tendrán comparación.
Esto que hacen los mexicanos de besar coreanos, mantear reporteros italianos, hacer luchitas con máscaras en la calle, bailar con el Dr Simi, hacerse amigos de los contrarios y tanta locura junta, quizá pueda tener una explicación sociológica pero no realista. El mexicano esperaba el Mundial no para ver a su selección ganar, sino para salir a llenar las calles de escenas bizarras, insólitas y divertidas.
Pero esto, aunque sorprende, no es nuevo, recuerdo que en el Mundial 86, salimos a la calle por el puro deseo de ser parte de la fiesta popular que eso significaba. Muchos de los que estábamos ahí, gritamos y bailamos sin saber cómo habían salido los partidos. Recuerdo un estribillo que cantábamos y bailábamos a ritmo de conga – “duro con los belgas, duro con los belgas”. La fiesta por la pura fiesta. Si México avanza quiero decirles que el desmadre se va a descontrolar y si no, el mexicano encontrará un equipo a quién apoyar para seguir haciendo el desmadre que ya se regó por todos lados. La derrota no será motivo para abandonar las calles, plazas y los bailongos con los pasos prohibidos.
Por otro lado, una curiosidad que está viviendo la selección uruguaya es que en Xcaret, un parque acuático a 6 kilómetros de donde se encuentra concentrada la celeste en Playa del Carmen, se representa, en una puesta en escena mejor producida que la inauguración del Mundial, lo que se ha denominado el antiguo juego de pelota mexicano, en donde dos equipos, vestidos con trajes mayas, reproducidos para la ocasión, le pegan a una pelota dura de caucho, solo con la cadera, con el objetivo de que la pelota entre en un pequeño aro de piedra puesto de forma vertical. Muy difícil. En muchas de las ciudades arqueológicas de la zona maya existen vestigios de lo que se han denominado los tableros o dicho en castellano, las canchas del juego de pelota.
Otro hecho llamativo es que en la zona sureste del país, donde se ubica Playa del Carmen, el deporte más popular no es el fútbol si no el beisbol, introducido a finales del siglo XIX en esa zona por los vecinos cubanos. Es más conocido el equipo de beisbol de los Tigres de Quintana Roo que compiten en la Liga Mexicana de Beisbol, que el equipo de fútbol que no sé como se llama.
En este Mundial sui generis, hemos visto un montón de pifias de la FIFA y su cuestionada organización pero entre tantas cosas que la FIFA no calculó, es el aporte espontáneo, compulsivo y mediático que el pueblo mexicano le iba a dar a la Copa del Mundo. Le ha ofrecido un nivel de “color” como se dice en televisión, que nos ha hecho distraernos de las fallas graves de organización o aspectos tan dolorosos como el costo de las entradas. En ese sentido, México ya ganó este Mundial sin importar el lugar que ocupe la selección tricolor. La verdadera gran fiesta del fútbol está en el espíritu lúdico de los hinchas y seguidores y no en esa pelea por saber quién es mejor porque el mejor sin duda, es aquel que sepa hacer un lindo desmadre a pesar de los resultados.
Foto Xinhua.
