ALBERTO MASTRA “El Zurdo” (1909-1976)

Hilario Alberto Mastracusa, más conocido como Alberto Mastra nació en el barrio de la Aguada en Montevideo, el 9 de noviembre de 1909 y fue guitarrista, cantante y compositor; uno de los músicos uruguayos más importantes en la historia del tango. Era conocido como «El Zurdo», «Carusito» o «El Petiso». Su padre era un zapatero de origen italiano. Habiendo perdido a su madre a una edad temprana, su abuela tuvo un rol importante en su infancia. Su interés por la música se manifestó desde muy joven en los escenarios de los recreos del Parque Rodó, donde dio sus primeros pasos como mímico y cantante. Posteriormente recibiría sus primeras nociones de guitarra de la mano de Alberto Galloti. Siendo zurdo y al carecer de instrumento propio, tuvo que adaptarse a la guitarra encordada para diestros, desarrollando de esta forma una técnica particular que lo distinguiría por el resto de su vida. Amigo muy querido de Aníbal Troilo quién lo llamaba “Mastrita”, estuvo muy cerca de colocar a un amigo suyo en la orquesta del Gordo Pichuco. El hecho ocurrió cuando Troilo buscaba un compañero para Alberto Marino, luego de la partida de Fiorentino. El guitarrero Marsilio Robles, le comentó que su amigo Mastra acababa de incorporar a su trío a un notable cantor y guitarrista Orlando Verri, que llamaban Pajarito. Como Troilo andaba apurado contestó que sí para Mastra era bueno, para él también. A través de un emisario lo mandó al sastre y a ensayar el vals “Palomita blanca”. Pasaron unos días, y en ése ínterin Marino insistió que el cantor debía ser su compadre Floreal Ruiz, convence al director y, finalmente, cuando “Pajarito” Verri se presentó, el puesto ya no era suyo. Llegaron las disculpas del caso y todos amigos. Aníbal Troilo grabó cinco composiciones de Alberto Mastra: “Con permiso”, con la voz de Alberto Marino, en septiembre de 1944; “Miriñaque”, con Edmundo Rivero y Aldo Calderón a dúo, en octubre de 1949; “Un tango para Esthercita”, con Raúl Berón (1954); “Aguantate Casimiro”, con Roberto Goyeneche (1958) y “Mi viejo el remendón”, con Tito Reyes (1965). Mastra fue un artista itinerante, y aún menor de edad, se cruzó a Buenos Aires, en 1926, para proseguir su marcha por el interior de la Argentina. Se lucía con la guitarra, llamando la atención, pues era zurdo pero tocaba sin cambiar el encordado, así conseguía originales sonidos que caracterizaron su estilo. Su peculiar forma de tocar la guitarra y el sonido que sacaba generó la admiración de grandes guitarristas, como los hermanos Agustín y Abel Carlevaro, Andrés Segovia y Roberto Grela. «Laco» Domínguez y Lía Mastracusa, la hija de Mastra coincidieron en que Gardel pensó en incluirlo entre sus músicos, pero luego escucharlo en un boliche decidió no hacerlo, porque consideraba que su forma atípica de tocar llamaría demasiado la atención y podía distraer a parte del auditorio. La hija de Mastra dijo que su padre aprendió «de oído» y tuvo que «compartir la autoría de muchas canciones por no saber solfeo». Cuando aún las compañías grabadoras no estaban instaladas en Montevideo, registró cuatro temas para la empresa Víctor en Buenos Aires. Tres de ellos de su autoría: “El viaje del negro”, “La polquita de José”, “Se va la carreta”. El sello Sondor le abrió sus puertas en 1956 y allí grabó una larga duración con el acompañamiento del guitarrista Abel Carlevaro. Alberto Mastra fue un artista itinerante y, pensar en ello, nos lleva a imaginar un circo. ¿Qué cosa más errante por los caminos que un circo? Mastra la hizo completa. Por 1954, con nueva mujer, Lía Méndez, se compró un parque de diversiones —primo hermano del circo— y juntos recorrieron otra vez el Uruguay. Pero el autor de “Mi viejo el Remendón”, “Miriñaque” y “Pobre Viejo”; a los 50 años de edad, una nueva afición en la que desplegó todo su ingenio autodidacta. Obligado a reposo por una enfermedad, “un acentuado mal hepático”, con la solicitud pendiente de su pequeña hija y el asombro ante el viejo arte de construir barquitos en botellas, se volcó de lleno a un emprendimiento sui generis que consumó en solitario y del cual se puede decir que fue único cultor: la escenificación de tangos propios y ajenos dentro de botellas de vidrio. Casi todo lo que sabemos de la génesis de estas escenografías mínimas y envasadas está escrito en una nota de Agustín Pucciano y, por supuesto, de lo que surge de la contemplación directa de estas obras actualmente en exhibición en el Museo y Centro de Documentación de AGADU. Fue a fines de la década de 1950, debido a un problema de salud, que Mastra debió permanecer en reposo en su casa.                                                                                                                                            Entonces comenzó a crear la primera de estas piezas, inspirado en las tradicionales miniaturas de barcos.                Él decidió crear pequeñas escenas tangueras. Luego de la primera experiencia, se aficionó a esa artesanía. Hizo varias, algunas las regaló, otras las vendió y unas cuantas las sorteó, aunque décadas atrás pocos valoraban la originalidad y excelencia de estas obras, recordó el periodista y escritor Nelson «Laco» Domínguez, amigo del artista. «Laco» contó que a Mastra siempre le interesó el miniaturismo. «Otros embotellan barcos, yo embotello tango», le dijo una vez. El “Zurdo” Mastra, oriental sin titubeos. Jamás desmintió su nacionalidad. Era un “zurdo” magistral pulsando el diapasón de su viola compañera, la habilidad de sus manos… y toda la pasión tanguera de su vida trasnochada. Calidad multifacético como músico, autor, cantante, filósofo, charlista’… y ahora en otra dimensión desconocida, “Los Tangos Embotellados”! Mastra pasó por etapas de penurias económicas, como forma de ayudarlo, Agadu le compró muchas de estas botellas, que son parte del acervo que está expuesto en el museo de esa institución. La hija de Mastra, recordó que su padre comenzó a realizar estas obras cuando residían en Banfield (Buenos Aires) y las siguió creando cuando la familia se mudó, primero a un hotel en Buenos Aires, luego a Montevideo y después a San Carlos (Maldonado). Afirmó que a los motivos tangueros les sumó otros folclóricos e históricos. Mencionó una reconstrucción de la Batalla de Las Piedras, cuyo destino actual desconoce. Utilizaba materiales de descarte: maderas y cartón principalmente; tallaba las figuras con hojas afeitar, usaba pegamento «Pegalotodo» y agujas de tejer, a las que afinaba la punta, para introducir las figuras y colocarlas, pieza por pieza, en el interior de las botellas. Entre otras anécdotas, Domínguez relató que, en cierta época, Mastra iba seguido a la vinería Teluria (18 de Julio y Cuareim), donde cantaba algunas canciones. Entre los parroquianos había un hombre que a medida que tomaba vino se iba poniendo más cargoso con Mastra preguntándole cómo hacía esta artesanía, cómo metía todo eso dentro de una botella. «Mastra ya estaba cansado de la misma pregunta y en un momento le puso una mano en el hombro y le dijo: No me preguntes cómo meto todo eso dentro, sino cómo hago yo para salir del interior de la botella». Alberto Mastra se fue de gira eterna, el 10 de abril de 1976.                               Hasta la próxima entrega. En la próxima: Juana de Ibarbourou.