Próximo a regresar desde Shangai donde se encuentra en este momento, el diputado Nicolás Olivera habló con 20Once sobre su experiencia de 20 días en el país asiático. Invitado por el «gigante» que tiene más de mil millones de habitantes, Olivera indicó que fueron parlamentarios de varios países aceptando una invitación del gobierno chino.
Hay 11 horas de diferencia entre China y Uruguay, allá ya es miércoles en este momento. Hubo 35 invitados de 9 países de Latinoamérica como por ejemplo Panamá, Honduras, Colombia, Ecuador, Chile, Guínea ecuatorial (África), entre otros.
«Fue una experiencia imponente, la mayor cantidad de días tuvimos aquí en Shangai. Tiene 24 millones de habitantes, el seminario consistió en charlas sobre la infraestructura y construcción. Planificación y construcción de infraestructura que está reseñada para países de Latinoamérica. Te van contando como los chinos desde 1978 que ellos empiezan el proceso de apertura y reforma económica. Se inserta en la economía de mercado China y empiezan un desarrollo que es imponente. Llegaron a crecer a tasas del 10% ahora bajaron pero igual es imponente pero en términos globales sigue creciendo mucho China». Agregó que «es brutal por el desarrollo y por cómo planifican los chinos, lo hacen a 10, 20, 50 y 100 años. Si bien su sistema político permite esa planificación porque hay un partido fuerte como lo es el Partido Comunista chino que es el órgano rector, quien coordina todas las acciones del gobierno en distintos niveles pero es realmente imponente. El metro de Shangai tiene 10 mil usuarios diarios y es un servicio impecable, eficiente, limpio, barato y cómodo. El desarrollo de la construcción también asombra, las principales marcas del mundo están acá. Esto de comunismo no tiene nada. Lo más rescatable más allá de los contactos con gente de América Latina es como piensan los chinos, a nivel tecnológico y a nivel de planificación».
El sistema multimodal «es muy bueno. Las vías, puerto, carreteras, en un solo lugar se combinan 7 medios de transporte que es brutal. La torre de Shangai es la segunda torre del mundo con 632 metros y tuve la oportunidad de subir. También estuvimos en Beijing, Taishwan y en otros pueblos. Fue una experiencia brutal difícil de reproducir en un país pequeño pero el desafío pasa por ahí».