*Por Didier Bernardoni

Hemos escuchado muchas veces desde la época de Diego Armando Maradona, la frase “Dios es argentino”. Una frase para algunos chistosa, para otros ridícula pero muchos argentinos la toman como real por su profunda fe católica. En nuestro país a principios del siglo 20 José Batlle y Ordóñez separó la iglesia del estado y proporcionalmente los argentinos son muchos más creyentes que los uruguayos.

Los lectores pensarán por qué traemos a colación esta frase. Porque vimos a muchos argentinos llorar en los dos eventos que pudimos ver este sábado y muchos de ellos decían gracias a Dios. Nosotros que fuimos bautizados y tomamos la comunión pero que no somos católicos practicantes, yo diría casi agnósticos, entendemos esta frase como que los dioses de esta tarde fueron Juan Martín del Potro y el básket con Ginobili, Campazo y Nocioni.

Vamos por parte. Teníamos una duda muy grande por la semifinal de tenis y el choque de básket entre Argentina y Brasil fue a la misma hora. Y uno acostumbrado a buscar acuerdos, hacer recíprocas concesiones por nuestra deformación profesional, de alguna manera optamos por el camino del medio: decidimos ver el primer set del tenis y el segundo tiempo del básket. Con tanta suerte que vimos el segundo tiempo y los dos alargues del básket, así como el primer set y el tie break del tenis.

Empero, por una razón de no perder el hilo conductor, vamos en primer lugar a hablar del tenis. Y como precisión preliminar les vamos a comentar que el público brasileño por supuesto hinchaba por Rafa Nadal a pesar de que había eliminado al crédito local Bellucci que le había ganado a Pablo Cuevas. Nadal ganó el primer set que había empezado mejor Delpo pero lo remató sobre el final. El argentino gana muy bien el segundo set y en el definitivo tercer set cuando se pensaba que Del Potro se llevaba el set, una gran remontada de Nadal llevó al tie break. En el mismo fue más contundente Del Potro y a pesar de que desperdició cuatro match points se alzó con la victoria que lo pone en la final contra Murray y se aseguró al menos una medalla. Y más allá que fue un partido mucho más complicado que el que tuvo Murray, la garra del argentino iguala las posibilidades de la final de mañana.

Referente al básket comenzó mejor Argentina, aunque al final de la primera mitad se fue en ganancia Brasil. La hostilidad de la hinchada local hacia los argentinos nos hacía recordar a Londres 2012 cuando Luis Suárez tocaba el balón y era silbado. Pero acá eran silbados todos los jugadores argentinos cuando trasladaban la pelota y ni que hablar el abucheo escandaloso que recibían ante los tiros personales. Decíamos entonces que Argentina en base al gran trabajo de Nocioni y Campazo se acercaba y respondía con gran fuerza Nené en Brasil. A pocos minutos del final Argentina se puso a tiro y con un triple se fue al primer alargue. Los brasileños no lo podían creer. El alargue se hace parejo y sobre la hora del mismo un lanzamiento de Manu Ginobili en el último segundo pega en el aro y vamos al segundo alargue. En esta última prórroga Argentina sale a matar con un 8 a 0. Los norteños se arriman pero no llegan a empatar. Faltan pocos segundos con Argentina con dos puntos arriba que marra dos libres y en el rebote el iluminado y abanderado de esta generación dorada Manu Ginobili liquida el partido con los dos libres. Una periodista que estaba a nuestro lado se lanzó a llorar y dijo “dios no quiere cosas sucias”.

Hace algunos años cuando los uruguayos no le ganábamos a nadie -hasta que llegó el proceso de Tabarez- disfrutábamos con “la desgracia ajena” fundamentalmente cuando competían Brasil y Argentina acostumbrados a ganar. Nuestro rigor periodístico siempre nos hacía ponernos mal ante las actitudes que tenían -ahora no- los hinchas uruguayos.

Ahora bien, después de lo que vivimos en el Mundial de Brasil 2014 ante Costa Rica en Fortaleza, parece que nuestro vecinos del norte se contagiaron de la mala onda. Mala onda que se les agravó con el cántico argentino “Brasil decime que se siente, tener en casa a tu papaaaaaá…” Y después que Alemania los vapuleó con el 7 a 1 ahora sus enemigos son los argentinos, se enfrenten o no a ellos. Hincharon por Nadal, por Argelia, Protugal y Honduras contra Argentina, insultaron a Pablo Cuevas en el tenis.

Pero esta tarde Argentina los mandó al infierno.

*Nota publicada originalmente en El Guichonense