Escribe Abner G. Prada da Silveira

Nos enteramos que un connotado colegio católico de Paysandú, planea separar en aulas diferentes a niños de niñas a partir del año 2018. La noticia del cambio de enfoque pedagógico la dio una persona “representante en Latino América”, suponemos que de una entelequia que rige el funcionamiento de los colegios de esa misma orientación religiosa.
Nos sorprendió ingratamente la noticia, Inmediatamente nos interesamos por conocer los fundamentos filosóficos, religiosos, y políticos que gobiernan dichas instituciones educativas.
La “Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei” pertenece a la Iglesia católica, va dirigida a personas en particular, con el objetivo de prepararlas para su santificación (según Wikipedia).
“No tiene un territorio fijo de acción, trabaja para conseguir e incorporar acólitos a través del convencimiento de que serán ellos, y solo ellos, los depositarios del beneficio de la santidad”.
Para ello y luego de incorporados, promueve entre sus miembros la oración, el sacrificio, la obediencia, etc.
Pero lo que nos interesa hoy es analizar e interpretar, sobre qué bases se fundamenta la medida de separar los niños de las niñas, en aulas diferentes de enseñanza.
Esta manera de encarar la formación de los educandos, parecía superada en el Uruguay desde tiempo atrás, en base al análisis y las conclusiones de muy connotados especialistas en educación.
La educación uruguaya desde la Reforma Vareliana se caracterizó por la formación integral del niño. La educación pública “laica, libre y obligatoria” apunta a la formación del niño en la integración social en el más amplio sentido del concepto.
Lo más alejada posible de prejuicios relativos al sexo, a la religión, al estatus social y a las ideas político-filosófica de los educandos, incorporó al sistema educativo concepciones incluyentes e integradoras con la participación en el aula de ambos sexos.
De este modo, se fomenta la inclusión social y el libre intercambio de ideas y vivencias, se enriquece la interacción solidaria de los niños de diferente origen social y económico y se impulsa la formación en el conocimiento, el respeto y la complementación de los valores y vivencias de cada género.
Nos merecemos una educación que forme al ser humano en su concepción global, y que considere al nivel académico como una parte de un todo. Una educación formadora de individuos solidarios, con valores humanistas y republicanos bien arraigados, participantes activos de la democracia en el real sentido de la palabra.
La diversidad es la base del crecimiento, todas las instituciones educativas privadas pueden y deben aportar su parte y en especial, insistimos, hay que fortalecer la escuela pública, laica, gratuita y obligatoria.
Estas concepciones, delineadas sobre bases científicas de análisis educativo sólidas y serias, colocaron a La Educación Pública Uruguaya y a sus docentes, en un sitial de privilegio en el contexto latino-americano y mundial.
Solamente los golpes mortales e irracionales de una dictadura de ultra-derecha ignorante y brutal, pudo destruir casi por completo ese camino que Uruguay venía recorriendo desde fines del siglo diecinueve. Pero los principios varelianos básicos persistieron en la cultura nacional, y hoy se mantienen en la conciencia de muchos padres, abuelos y maestros.
Nos parece que esta decisión, que no solamente consiste en separar los alumnos por sexo en las aulas, sino que encierra otras acciones y otras consecuencias, nos retrotrae lamentablemente a tiempos remotos en materia educativa.
No somos especialistas en educación, pero nos hemos criado en una escuela con maestros (nuestros padres) de profunda convicción y acción vareliana. Nos criamos en un país republicano y liberal, donde los valores no eran un simple manual o declaración para copiar en el cuaderno, sino que estaban integrados a la vida misma de la sociedad. Esos mismos maestros tuvieron que emigrar durante la dictadura, y terminaron ocupando cargos de privilegio en las estructuras educativas especializadas del mundo, como la UNESCO y otras.
Por eso esta vuelta de tuerca hacia las concepciones más conservadoras y oscuras, crecidas y fomentadas en una España bajo la dictadura de Francisco Franco -la más terrible del siglo veinte en el hemisferio occidental- nos alarma y nos llena de desazón.
La sociedad sanducera, golpeada duramente por dos tremendas crisis: la crisis económica y la dictadura, que dejaron sus secuelas terribles como en toda la sociedad uruguaya, está atravesando ahora, y en gran parte como consecuencia de ello, una crisis moral de grandes proporciones.
Crisis que viene de la mano de la falta de horizontes, y de la destrucción de un magisterio sanducero, que a mediados del siglo pasado fue un ejemplo en el interior del país.
Creemos que se vienen retomando lentamente -como son estos procesos- los caminos de la recuperación de la enseñanza y de la formación de una nueva cultura educativa y social en Paysandú, gracias a muchas escuelas y colegios privados que trabajan cada vez mejor -lo vemos a diario- y de la UDELAR que con su actividad creciente, está creando una masa crítica intelectual en nuestro terruño.
Por eso hacemos un llamado a todos los padres para que se instruyan y lean toda la información posible, que hoy esta fácilmente accesible. Pero sobre todas las cosas hacemos un llamado a la discusión y al intercambio sin prejuicios, para analizar estos fenómenos que aparecen hoy como nubarrones en el horizonte.