Escribe Salomón Reyes
director y guionista
Hay de huracanes a huracanes. Hace unas semanas cuando vimos las imágenes destructoras del Huracán Harvey en Texas, nadie dudó que se trataba de una catástrofe épica y que ya calificaba entre las más dañinas de los últimos tiempos. No sabíamos en ese momento, que después de Harvey seguirían: Irma, María y Nate, cada uno, más pavoroso que su predecesor. No obstante, ninguna de esas hipertormentas, se podrán comparar con el último huracán que tocó tierra, hace unos días, en el corazón vital de la industria mundial del cine. Hablo de los abusos sexuales de Harvey Weinstein, el zar de la producción hollywoodense y casualmente homónimo del fenómeno natural que inundó parte de Texas. Lo claro es que éste Harvey, está dejando más daños morales, éticos, secuelas y precuelas que todas las desgracias materiales de los huracanes reales.
Aunque no lo tengan presente, no tendrían porque, la mayoría de ustedes ha visto alguna película producida o distribuida por The Weinstein Company que fue fundada en 2005 por los hermanos Bob y Harvey Weinstein y que en muy pocos años, pasaron de ser productores de cine indie, a generar millones de dólares con taquillazos como: The Gangs of New York, Pulp Fiction, El Paciente Inglés o Shakeaspeare in Love, por mencionar algunos.
Para darnos un pantallazo del volumen de negocio que manejan los Weinstein Brothers diremos que como productores o distribuidores aparecen en por lo menos 330 películas, y que sólo entre 2017 y 2019 tienen programados los estrenos de 17 largometrajes o series, algunas con presupuestos desafiantes. El grado de influencia que tienen los Weinstein es apabullante. Se puede afirmar sin exagerar, que no existe actor o actriz destacada en los Estados Unidos o en Reino Unido, que no haya estado vinculado a uno de sus proyectos y eso sin sumar a los equipos creativos y técnicos de los crew de filmación. Los Weinstein han sabido crear una especie de Ministerio del Estrellato, en donde, como el Rey Midas, todo lo que tocan puede convertirse en oro. Muchos matarían por trabajar con ellos, sacrificarían ‘algo’ por conseguir empleo en su emporio, algunos desde luego ya lo hicieron.
Por eso no sorprende que Harvey haya utilizado su posición dominante e influyente en la industria para dar rienda suelta a sus instintos sexuales y ofrecer trabajo, estrellatos y protagonismos a cambio de satisfacer sus fantasías eróticas. Suena fuerte pero por sus manos regordetas y sus genitales, pasaron algunas de las mujeres más bellas que conocemos en la pantalla. Es shockeante reconocer que millones de hombres han tenido el mismo deseo pero no todos tienen la vara mágica de Weinstein.
Pero el productor incontinente no es el primer caso de abuso sexual en el star system gringo. Hemos visto en la previa, los casos de Woody Allen y su hija, también a Bill Cosby que drogaba mujeres y el interminable dramón de Roman Polansky que sigue sin poder pisar los Estados Unidos por las denuncias de violación. Pero lo que asusta del caso Weinstein es que involucra a una cantidad incalculable de mujeres, muchas de ellas famosas e influyentes y el inefable silencio de los miles de miembros de la industria, entre los que están los grandes actores que sabiendo lo que pasaba, callaron por décadas. Hoy mismo siguen apareciendo testimonios de mujeres que fueron atacadas por ‘Mogul’, como se le conoce en el medio por su apariencia de feroz gigante, y miles de personas deben estar revisando sus archivos para borrar esas fotos sonrientes donde Harvey los está abrazando.
En la película francesa ‘Todo para ser felices’ la hermana de Antoine, que es un productor musical en ascenso le dice: “en tu medio es fácil hacer contactos”. Sí, existe una creencia que en el mundo artístico hay posibilidades de ligar gente. Es verdad, las relaciones de la farándula están a flor de piel por lo que no es difícil ver surgir parejas casuales, desechables, de horas o de días. Las relaciones carnales son moneda corriente en el mundo creativo pero hay códigos y los códigos no se rompen. Todos los que pertenecen a ese mundo liberal saben que a pesar de las multirelaciones, hay reglas. El silencio es una de ellas y el otro, la voluntad, vos sabes a quien te entregas.
Pero este caso se adentra en un terreno más resbaladizo, el de las relaciones corruptas, las que cuestan, las que implican ofrecer algo a cambio de trabajo o, de conseguir un papel o un espacio en la peleada industria. Los que se venden de esa manera, están en la cara oculta de la luna, la más amoral e inescrupulosa. En esa zona borrosa esta Weinstein y las que sabían que existía el intercambio de favores sexuales por privilegios cinematográficos. Weinstein era un Dios, como lo dijo Meryl Streep, que podía hacerlo todo y ahora, la actriz tiene dolor de estómago.
También los medios tienen su cuota de culpabilidad, como el New York Times que teniendo las pruebas se abstuvieron de dar el paso para liberar la información. Claro daba miedo tumbar a un hombre como Weinstein. ¿Cuánta agente perdería el trabajo? Hollywood quedaría herido, apestado y señalado y nadie quiere cargar con esa responsabilidad. Ahora todos quieren vomitar, tienen arrepentimiento, pesadillas insomnes y se asombran del proceder de Weinstein pero en su momento omitieron lo que sabían para no alterar el equilibrio de la estrellas.
Bob acaba de despedir a su propio hermano de la Weinstein Company, su esposa lo acaba de abandonar y pasará algún tiempo para que Harvey vuelva al cine pero el daño está hecho, el golpe ha ido directo a la hipocresía y a la postura tiránica de conseguir lo que sea porque yo mando y al de la postura cómoda de triunfar cueste lo que cueste.
El sexo de Weinstein consiguió lo que nadie esperaba; revelar la miseria del hombre; la fragilidad de las actrices y mujeres del mundo del cine; la complicidad actoral y varonil disfrazada de amistad y el silencio vergonzoso de todos los que hacen de la ficción su medio de vida. Este capítulo no termina aquí. Esperamos con temor, las revelaciones de toda la temporada.