Espacio FA
Guillermo Caraballo, Intendente de Paysandú
Transcribimos el discurso del Intendente de Paysandú, Guillermo Caraballo en los actos centrales del Encuentro con el Patriarca en la Meseta de Artigas quien en principio reconoció el compromiso de quienes han hecho propio el reencuentro que es regional porque «así debe ser siempre: crecer a partir del aporte de todos. Así se hace la patria grande, la de Artigas».
«Sepan ustedes que representa para mí, un gran compromiso acompañar año a año esta instancia; aportar desde la reflexión, evitar ser reiterativo a otras ocasiones, a otros actores, a superar el mero relato histórico que más o menos todos conocemos.
Quiero referirme más que al Artigas Protector de los Pueblos Libres, a una visión mucho más abstracta y compleja de desentrañar, que resume de alguna manera más que a una persona, a una época. Es un fenómeno que en nuestra historia se resume bajo la definición de Artiguismo.
¿Qué es para cada uno de nosotros el sentirnos de alguna manera artiguistas?, ¿cómo se relaciona cada uno con ese proceso?, ¿cómo cada uno de nosotros se posiciona frente a la concepción de formar parte de una nacionalidad identificada y construida a partir del Artiguismo?
Quiero por eso hacer algunos modestos aportes a la reflexión de lo que me mueve como integrante de esta comunidad, comenzar por definir al Artiguismo como un movimiento de respuestas revolucionarias:
El Artiguismo enfrentó la opresión de una aristocracia con libertad popular; enfrentó el latifundio con la distribución de tierras; enfrentó una sociedad basada en privilegios con justicia social; enfrentó al sometimiento servil de la clase dirigente local con la emancipación de su pueblo, construyó federalismo frente al poder central; construyó ilustración sobre la ignorancia; a la visión unilateral de un credo se amparó la diversidad incluyendo a la dimensión de los indígenas y de los negros; a la concepción europeizada del mundo y de la ciudad puerto la contrarrestó con la concepción del gaucho de la pradera y del interior continental; puso al trabajo y al progreso como condición fundamental para asegurar el futuro de la nación. En definitiva, bregó por más libertad, por más derechos, por más felicidad.
No hay en este proceso ingenuidad. Al contrario. Recurrió al más natural de los modelos de construcción de una sociedad justa y solidaria. Levantó con esto los peores fantasmas, puso en acción a los enemigos más formidables, alertó a todos con la posibilidad de arrasar con el statu quo americano, diseñado por España y continuado por otros imperios como Inglaterra y Portugal o lo que es peor, los pretendientes a herederos criollos concentrados en las urbes cabeceras virreinales no sólo del Río de la Plata.
Sólo eso, tan sólo eso, una idea. Con esa idea alcanzó para alinear a todos los que se sintieron amenazados y arrasar con Artigas si fuera posible y sobre todo, con el Artiguismo. Sobre su memoria pusieron muchas cosas, pero sobre todo silencio. Pasaron decenas de años para que la historiografía nacional comenzara a rescatar los restos de ese movimiento de respuestas revolucionarias, poner negro sobre blanco y circunscribirlo a eso, a ser parte de nuestra historia científica por un lado, pero también de nuestra literatura histórica.
Como herederos orientales lavamos nuestro pecado en esa acción, en el rescate de la memoria. Pero, como sociedad, no nos animamos a dar un paso más. Ponemos en valor, nos juntamos, realizamos conmemoraciones, nos inspiramos, hacemos de esto un sentimiento nacional sin dudas, pero no somos capaces de romper las estructuras, no estamos como sociedad promoviendo un movimiento de respuestas revolucionarias. Tenemos un país que está lejos del Artiguismo, tenemos una construcción institucional que fue generada por quienes arrasaron las ideas artiguistas de la región, se aseguraron que todo, absolutamente todo lo concerniente al Ideario Artiguista sea en todos los casos evitado: sus propuestas políticas, sociales, culturales y económicas como acto final perverso y hasta se dieron el lujo de permitirnos construir nación a partir de sus ideales, inspirarnos en su ideario, promulgar sus principios. Esto permitió mantener ese fuego sagrado que nos hace únicos a la hora del rescate de la idea. Vivimos en una comunidad que tiene todo para crecer y mejorar. Hemos ganado en los últimos años en la agenda de derechos. Hoy, miles de compatriotas son más iguales que antes, sin dudas. Hicimos un esfuerzo como sociedad y creamos la mayor descentralización política de este país en su historia. Más acá o más allá estamos generando ciudadanía y podrán haber coyunturas de retroceso, pero la marcha es imparable. Estamos haciendo un esfuerzo por ilustrar a todos los uruguayos por igual, hay más universidades públicas, más acceso a todos los niveles. La digitalización sigue una carrera imparable y nos posicionamos como uno de los países más avanzados en inclusión digital en los procesos de educación. Dicho de otra forma: uno de los pocos países del planeta que está incluyendo a sus gurises en el mundo que se nos viene. Sostenemos una agenda social sin precedentes, estamos mirando escalones más elevados con el Sistema Nacional de Cuidados. Somos conscientes que todo esto no alcanza, que hay núcleos duros que requieren otro tipo de intervención, pero se ha promovido acceso a educación, a formación, a salud, a vivienda como nunca antes. Logramos entre todos bajar la pobreza, la indigencia, nos permitimos crecer en riqueza y mejorar la distribución de la misma en el país que mejor distribuye en el continente que peor distribuye. Podría seguir una larga lista de esfuerzos y compromisos que como sociedad estamos encarando todos juntos, los que estamos de acuerdo y los críticos también, porque de alguna forma u otra todos somos parte y todos navegamos juntos en este barco. Los desafíos a futuro son aún más complejos y debemos alcanzar ese salto cualitativo de desarrollo. ¿Cómo incluimos al 100% de los compatriotas a una sociedad de oportunidades y derechos? ¿Cómo logramos acceso de todos los trabajadores al mercado de trabajo? ¿Cómo enfrentamos a la revolución tecnológica que amenaza 6 de cada 10 empleos y reconvertimos a unas 300 mil trabajadoras y trabajadores? ¿Cómo hacemos para aprovechar las condiciones de desarrollo actuales, el nivel educativo y el acceso a instrumentos de innovación? Nos falta audacia, nos falta visión, nos falta a todos trabajar en equipo, sobre todo a los que asumimos el rol de ser dirigentes. Cada vez que alcanzamos un objetivo, el horizonte se aleja un poco más. La búsqueda de la utopía no cesa. Nos falta la capacidad para entender que bajarnos del caballo y construir desde el llano un movimiento de respuestas revolucionarias es ineludible para enfrentar con éxito los grandes desafíos que se nos avecinan.
Por ustedes. Por nosotros».