Se nos fue otro referente del Paysandú de antaño, Álvarito Verri.
Aquí reproducimos una nota que le hiciéramos el 15 de junio de 2017, en el número 257 del semanario.
Alvaro “Álvarito” Verri nació en Agraciada, departamento de Soriano, el 20 octubre de 1939 pero al poco tiempo ya estaba en Paysandú.
El encuentro con 20Once es una invitación a recordar el Paysandú de antes en el que no faltó alguna lágrima por parte del entrevistado quien gustosamente se prestó a la entrevista.
La misma se realizó en el histórico club Diego Lamas donde esa noche se prepara una buseca a beneficio de Morencio, ex empleado municipal. Se saluda con todos los que van ingresando y se interrumpe por momentos el diálogo, solo por unos pocos segundos.
El comienzo
“Mi padre hizo un recorrido por Paysandú, y vio la esquina de Zorrilla y 18 de julio. Había una óptica, que era de la familia de Rodríguez Legar. Mi padre eligió ese lugar, esa esquina. El dueño del edifico era Adolfo Fariña, mi padre venía de Rosario, mirando y dijo en aquel momento, ¿cómo es posible que en Paysandú no haya un café, un bar en una esquina tan importante como la del momento. Entonces lo que hizo fue hablar con Fariña y charlaron y discutieron como todos los señores de la época. Por intermedio de la señora de él accedió a que le alquilaran, era un mundo de plata y muchos le dijeron a mi viejo, en esa esquina nadie puso nada. Usted se va a fundir.
Y él decía, que venía de Rosario, (Colonia) yo no puedo concebir que en una ciudad como Paysandú tan hermosa, en el centro de la plaza principal no haya un bar, una confitería. Estamos hablando de 1940. Los café y bares estaban más abajo. De Queguay (hoy Herrera) para abajo, La Cosechera era uno de ellos, había otro con villar. Estaba el bar de Marziotto, el París no estaba aún. Ese era el gran hotel de aquel momento”.
Un agradecido a la vida
“Abrió el bar y a través de una firma, Bitaca y compañía hizo instalar para el momento el bar más moderno, era la última palabra. Abrió el 10 de noviembre de 1940. Yo a título personal soy un agradecido a la vida por haber vivido en Paysandú, lo he contado una y mil veces, tuve la oportunidad de conocer el Paysandú romántico, lindo, uno venía y la gente abría los brazos a los visitantes. Uno venía acá y no se quería ir nunca más, era una ciudad encantadora. Eso fue así del `40 hasta el `50, luego en la post guerra se convirtió Paysandú en una ciudad. Solo había plaza de deportes y la playa, luego los paseos clásicos de la estación de ferrocarril que eran los miércoles y la vía blanca por 18 de julio. En esa época se había inaugurado la playa municipal, la zona A. era el punto neurálgico. La vuelta por la playa era para completar una fiesta, era un paseo obligado”.
Manifestaciones de alegría
“Luego de la guerra hubo manifestaciones de alegría por Paysandú, el centro Zorrilla era uno, y el Universitario era otro en Montecaseros y Florida. Se aglomeraban los estudiantes de la época. De allí salían todas las manifestaciones, de rebeldía contra la guerra”.
La época de la abundancia
“En el ´50 un montón de señores en Paysandú miraron el futuro, “Bocha” Fraschini, Henderson, Orta, los conocí a todos, yo era jovencito. Empezaron con la idea de fabricar, justo vienen unas elecciones que gana Tomás Berreta que se muere y lo sucede Luis Batlle. Allí fue la gran levantada de Paysandú. Apoyó todas las manifestaciones de progreso que tenía esa gente y Paysandú, usted no sabe lo que era. Contarlo es una cosa, el que no lo haya vivido es otra. Ver 3, 4 o 5 mil obreros que iban a trabajar, todos en bicicleta. Las calles de Paysandú eran de Uruguay e Ituzaingó y de Cerrito para el puerto, las demás eran calles horribles. Yo le llamo la época de la abundancia, eso fue hasta el `95 cuando se cerró la Azucarera. Fue cuando mucha gente recibió sus beneficios, mucha gente contenta había y yo me sentía triste porque decía que ese dinero se iba a acabar. La gente puso kioscos y compró taxis y remises.
Del `95 en adelante comienza la decadencia. En el momento actual yo lo miro a Paysandú y me viene una tristeza tan enorme porque lo veo tan pobre, tan triste, se terminaron las cosas hermosas que había, la gente contenta. Ahora hay dificultades”.
Los carnavales
“Paysandú era una ciudad alegre, los carnavales usted no sabe lo que eran, yo estuve 60 años en la esquina de 18 y Zorrilla con mi padre, y ahí en calle Florida, había un corralón, en ese corralón se hacían en tiempos de carnaval los tablados. Por lo general presidía el fotógrafo Mario Mautone, muy conocido en la época. Se hacía un baile todo a lo largo por calle Florida y los conjuntos desfilaban. Había un montón de conjuntos y de personajes también, el “Rengo” Sosa, Careco, me voy a olvidar de un montón, el “Gaucho” Schmidt, era de Entre Ríos para abajo, Pino. Yo soy un agradecido a Paysandú, pero Paysandú ganó y perdió tantas cosas. Perdió la gentileza de la gente, la confianza, nadie dormía con rejas, era con las puertas abiertas. Venían las navidades y se salía a dar serenatas. Con bandoneón, con orquestas, y la gente lo invitaba a entrar y le daba un pan dulce y una sidra. Había alegría de estar, se soñaba…y hoy lo veo triste. Miro para abajo y se me cae un lagrimón”.
El desfile era de Zorrilla hasta 33 “había alegría, disfraces, todo se fue muriendo. Lanza perfumes como todas las cosas se rellenó con alcohol. Se relajaron un poco. Eso le quitó vigencia”.
Un lugar de referencia
“El Verri era un punto de referencia, lo fue durante 60 años. Nadie decía que iba a Paysandú al bar de calle Zorrilla, decía, “voy al Verri”, era como el kilómetro 0. Los ómnibus paraban en plaza Constitución. Tenía tanto impulso que toda la gente se volcaba al bar. Era el único gabinete higiénico que había para toda esa gente que entraba a Paysandú, estaba en el Verri. Los políticos, los doctores, la gente de bien, la gente regular, la gente de dudosa procedencia también como se dice medio en broma, todos se encontraban. Era un boliche “cosmopolizado”, nadie se molestaba.
El bar funcionó hasta el 2000 cuando la firma Mc Donald´s compró el local.
Abrió en 1940 y Hugo fue el último representante, un primo tres años mayor que Álvaro.
“Cerramos el 5 de febrero del 2000. Siempre trabajó la familia. Los dos primeros mozos fueron José Blanco y José María Falco y como cotelero un señor de Mercedes, Cané de apellido, mi viejo y yo éramos lavacopas y también estaba Hugo. El Verri tenía cocina, cafetería y bar y una sala de villar. Un boliche que para la época era lo más completo que había. Llegamos a trabajar de corrido 20 horas. Después que cerró la azucarera que volcaba cada 15 días el dinero de Paysandú allí, fue otra cosa. Cuando se abrió el puente nosotros hicimos de un “cuarto de baño” que era Colón, una ciudad. A la gente le entró una locura de ir a Colón, antes se iba en lancha y existía el contrabando pero a otro nivel”.
En la charla no falta la referencia a la casa que estaba enfrente, la de Piperno, “nos reíamos, Piperno está loco era el slogan, salía a la calle a saludar a clientes. Tiempo después funcionó por años tienda La Perfección que tenía un slogan también muy efectivo, “El boom de los precios bajos”.
Fútbol, los torneos del litoral
“Aquello era una locura, era contagioso. La gente de Salto venía y daba vuelta todo. Y también la de Fray Bentos. Venían 30 camiones todos para acá. Directamente a la cancha no iba nadie. Una desprolijidad impresionante, pero Paysandú cuando iba a otro lado era igual. Eran 8 o 9 mil personas en el antiguo Parque Artigas. Los hinchas se llevaban todo por delante cuando venían pero gente bien. Eran hinchas de la época. En una oportunidad jugaba Di Pascua que era de Fray Bentos pero jugaba acá. Se lesiona Cáceres y nos ganaron. Nos dijeron de todo, que dolor”.
Es allegado a Pelotaris y socio de Wanderers y lo fue del club de Pescadores, “30 centésimos por mes pagaba. Yo debía unos meses y discutí con el cobrador y luego me echaron. Pero me dio una pena y me quedé con Pelotaris y Wanderers. Nosotros fundamos Progreso, llevamos 62 años en la zona industrial”.
El político blanco
“Fariña era un político blanco. Su hermano era diputado, todos los personajes de otra época como Herrera pasaron por el bar. Yo no fui nunca muy allegado a la política pero los conocía a todos. Si usted no viene al Verri no gana yo decía y eso le dije a Lacalle. Para ser presidente hay que pasar por el bar. Pasaron Víctor Diogo, Amézaga, Baldomir, la primera vez que vino a Paysandú siendo presidente. También Berreta y Batlle, venían a estar con sus allegados. No fueron del copetín ellos. Lacalle vino con Lauro “pueblo” García y Candela Rodríguez”.
El bar llegó a tener 12 empleados pero no contínuos. La cantidad fija eran 6.
Los que “hacían marchar a Paysandú”
Juan Carlos Henderson, así se llama el gimnasio de club Remeros, eran otras épocas en la que había un fuerte compromiso de las personalidades de la época con Paysandú y el deporte. “Vivía la familia acá frente al París-Londres, era la gente que hacía marchar a Paysandú. Nosotros éramos botijas que andábamos ahí. No había distinción de clase pero cada uno se ubicaba en su sector”.
