“Tomar” la UdelaR

El FS, tras aportes de egresados universitarios y terciarios, invirtió -el año pasado- 17 millones de dólares para cubrir casi 6 mil becas de apoyo económico destinado a sectores de bajos recursos.

Escribe Darío Rodríguez

Hay un vínculo estrecho entre el mayor acceso a niveles educativos y la inserción laboral. Está estudiado. También es cierto que estudiar no es gratis, más allá de las formalidades y que acceden a las formaciones más calificadas, los sectores y clases sociales con mayor nivel socioeconómico. Por todo esto, el sistema educativo, -donde se forman, entre otras, las distintas elites- es un campo en permanente disputa.

Educar es una actividad esencialmente política. El rol del Estado, con sus políticas públicas en la materia, puede facilitar que sectores  pobres, de trabajadores de escasa calificación puedan poner sus hijos en alguna Universidad. Consecuentemente no es indiferente quién tenga las riendas del Poder Ejecutivo Nacional.

Los instrumentos para ello son diversos, pero todos tienen que ver con la asignación presupuestal.

El asunto es que la educación es un tema esencialmente político, formador de sentido y subjetividades por eso se debate permanentemente; de alguna manera a todos les interesa incidir en la formación de los jóvenes.

Entonces, llegar a la Universidad de la República, (UdelaR) -tras la progresión académica- exige políticas e instrumentos concretos en la materia. El sistema de Becas de apoyo económico, implementado desde los noventa, -en pleno furor neoliberal- es un instrumento que ha sido de gran utilidad en la democratización del acceso y la permanencia en la misma.

Más acá en el tiempo, -con el FA en el gobierno- la decisión de la UdelaR de ir a un proceso de descentralización territorial contribuyó, también, a reparar la inequidad que también era geográfica. En el menú hay que sumar a la Universidad Tecnológica (UTEC) con implante exclusivo en el interior (Rivera, Durazno, Fray Bentos)

Por ejemplo, que jóvenes sanduceros puedan estudiar un conjunto variopinto de disciplinas en el territorio es un salto democratizador muy significativo.

Ampliar derechos

La beca es un instrumento muy potente pero conviene recrear la génesis del Fondo de Solidaridad (FS) Por los noventa, la UdelaR recibía escasa asignación presupuestal y con fuerte apoyo mediático, el gobierno instaló el debate que los profesionales que habían recibido “educación gratuita” debían contribuir con un aporte que permitiera estudiar a camadas de sectores menos favorecidos. El planteo lucía seductor y terminó aglutinando a buena parte de la opinión pública. Por aquellos tiempos, los estudiantes  -muchos del interior- que recibían el servicio que brindaba la UdelaR daban batalla, desde distintos Centros o desde el Gremio de Becarios Universitarios (GEBU), por una mejor dotación para el Servicio Central de Bienestar Universitario que, entre otras cuestiones, administraba dos comedores. Uno detrás del MSP y otro, más grande, en el Parque Batlle. Otro debate, siguiendo una lógica mercantil, determinaba el cobro de los posgrados; una manera entonces de financiarlos. Además el gobierno veía en la UdelaR un fuerte contradictor de sus políticas y su respuesta era la asfixia económica.

Quienes impugnaban la creación del FS, batallaban casi en solitario, ya que la UdelaR terminó aceptando la propuesta. El planteo impugnador era sencillo: dotar a la UdelaR de recursos para ampliar sistema de becas que tenía el componente alimentario, de apoyo económico y de transporte. Por otro lado, sorteando el discurso que señalaba, con insistencia, que los pobres financiaban los estudios de los más pudientes, el GEBU y algún otro sector sostenían que ello se subsanaba con una reforma tributaria que gravara más a los pudientes, hubieran o no estudiado en la UdelaR. Una de las debilidades de la propuesta era que no distinguía capacidad de pago de los egresados; se pagaba lo mismo con independencia de estar trabajando (fuera en la profesión u otra actividad) o de la situación económica.

Finalmente, el gobierno creó el FS como una institución paraestatal, con una Comisión Directiva Honoraria integrada, entre otros, por la UdelaR y la gremial de profesionales universitarios. En su devenir el FS se fue ajustando; entre otras cosas revisando el suculento salario del gerente general.

Queda clara que la discusión se circunscribió  a cómo se financiaría el flamante sistema de becas de apoyo económico que abarcaría estudiantes de la UdelaR, UTU y otros centros de formación terciaria.

Impacto democratizador

Desde la creación del FS ha pasado mucha agua bajo el puente y el mismo se fue consolidando. Según consigna el mismo FS, tomando el periodo 2012-2017 y la UdelaR como referencia, se pasó de 2.217 becarios (2012) a 2.865 (2017) en el primer año de ingreso. En el 2012, para tener idea, ingresaron a la UdelaR 15.467 y el año pasado, 18.461 estudiantes.

Partiendo de la base que un 14 % de egresados universitarios, periodo 2001-2016,  tuvo en algún momento beca y que el año pasado trepó al 16 %, se puede dimensionar el impacto. Además el FS ofrece talleres de capacitación, apoyo en materiales y apoyo en alimentación. Tener beca o no es la diferencia entre estudiar o no hacerlo.

La información proporcionada por el FS, a propósito del año lectivo finalizado, da cuenta de la existencia de 8.582 becas asignadas; 350 más que en 2017. (La beca  se da por cierto periodo y tenía un valor el año pasado de 7.696 pesos; éste año se ajusta) Valorando que “se evidencia un aumento importante del apoyo a los estudiantes que ingresaron por  primera vez a la educación terciaria y un crecimiento de becas de estudiantes” de la Ex UTU y de UTEC. Un altísimo porcentaje de becarios llega a la UdelaR, sin que sus padres hayan llegado a completar bachilleratos medios. Por ejemplo, un 61 % de las madres alcanzó un nivel educativo medio; 26 % solo llegó a completar primaria. Por su parte los padres, en un 52 % terminaron educación media y 32 % completaron ciclo primario. Estos datos hacen decir al FS que “el 94% de los becarios son la primera  generación que accede a la educación terciaria”, constituyéndose en una formidable muestra de democratización y de igualdad de oportunidades.

Otro dato a tener a tener presente es que el 76 % de los becarios del FS estudia en Montevideo y el 24% en el interior; sobresaliendo el Cenur Litoral Norte que incluye los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro. Entre Paysandú y Salto se bordea los 10 mil estudiantes de los 130 mil  que alberga la mayor casa de estudios; la UdelaR. En el Cenur 18 % dispuso de beca el pasado año.

En resumidas cuentas, el sistema de becas -discutible en su instrumentación, aunque prácticamente nadie lo discute- es un generador de oportunidades para aquellos sectores que teniendo derechos y tras un sostenido esfuerzo pueden ingresar a las aulas que pisaron, por ejemplo, Carlos Vaz Ferreira o Pablo Carlevaro.