Paysandú, 26 de marzo de 2019
A 48 años del primer Discurso Público del Frente Amplio.
Escribe Prof. Nelly De Agostini
El 26 de marzo de 1971 el General Líber Seregni se dirigía a la ciudadanía, desde la Explanada Municipal de Montevideo. Cientos de miles, trabajadores, hombres y mujeres, estudiantes, jubilados, se volcaron a la calle constituyendo el acto político más grande de nuestro país hasta el momento. Hoy recordamos esa primera manifestación pública y ese primer discurso político de nuestra fuerza.
Curiosamente la bandera uruguaya, que la derecha no usaba en sus actos, envolvía el atril desde el que se expresaron los oradores. Y con un toque de clarín fue izada la bandera artiguista, símbolo de la Provincia Oriental Libre, que en 1815 había izado en Montevideo Fernando Otorgués.
Seregni hace entonces que los frenteamplistas nos apropiemos de la frase, que por entonces se les escuchaba a los estudiantes de la Facultad de Medicina: “Un pueblo unido, jamás será vencido”.
Hablar del 26 de marzo implica hablar de Seregni y es una gran responsabilidad, porque es hablar de uno de los grandes hombres de nuestro país, en el transcurso de su proceso histórico. Tuvo una vida muy rica y un rol principal en la fundación de nuestra fuerza política. Un hombre con un sentido cabal de responsabilidad histórica, que asumió decisiones fundamentales en momentos difíciles, aún a sabiendas de lo que le podía costar y que efectivamente le costó, la prisión y la renuncia a las más alta posiciones que había alcanzado en el ejército nacional. Fue un artiguista declarado, un defensor a ultranza de la Constitución y de la negociación como forma inherente al quehacer político, pensando siempre en un futuro mejor para nuestro pueblo, con quien selló un compromiso inquebrantable. Un hombre que identificó su militancia con la primacía de la política en su más alta expresión. La historia política reciente de nuestro país, nuestra democracia, es hoy imposible de entender sin su relevante figura.
Le correspondió la difícil tarea de liderar a la izquierda uruguaya en una encrucijada compleja, con avatares a enfrentar, donde se superaba la etapa de la dispersión para aspirar a una efectiva vocación de gobierno. Pero tenía confianza en su pueblo, en su coraje heredado de Artigas, en sus jóvenes y en sus intelectuales como piezas centrales en un proceso de cambio.
El 17 de febrero la nueva organización política había aprobado sus bases programáticas; en marzo sus candidatos unitarios, por unanimidad, el Gral. Liber Seregni y el Prof. Dr. Juan José Crottogini. En el mismo mes aprobó su Reglamento de Organización. Y el 26 de marzo, en un acto multitudinario en la Explanada Municipal, hacía su primera presentación pública con la consigna “La patria nos llama, orientales al Frente”. O en palabras del Prof. Dr. J. J. Crottogini “Un plebiscito en la alegría, como el de Líber Arce fue un plebiscito en el dolor”.
En aquel acto de 1971, el general Liber Seregni, trazaba una línea divisoria entre quienes «quieren mantener un orden como el actual, un régimen caduco, opresor, antipopular» y «aquellos que desean los cambios que el país exige». «De un lado está la oligarquía blanca y colorada, y del otro lado el pueblo, blanco, colorado, democristiano, comunista, socialista, independiente “, demarcaba.
Decía “El Frente Amplio no es una ocurrencia de dirigentes políticos. Es una necesidad popular y colectiva del Uruguay. Por eso el Frente Amplio desencadenó tan rápidamente este movimiento popular de adhesión, participación y militancia. Porque interpreta una necesidad objetiva de nuestra sociedad. Son estos los primeros pasos, pero son pasos de gigante. Hoy tiene su bautismo en la calle, en la multitud, en ustedes, en un movimiento político sin precedentes en el país y que tiene la estatura del Uruguay entero. Son los primeros pasos, que los que falten los daremos con los zancos del pueblo y con la inteligencia del pueblo (…) Somos una afirmación pacífica. Pero no nos dejaremos trampear nuestro destino”.
Pero también nos alertaba en más de un sentido. No sólo nos decía “la marcha que nos espera a todos es larga, sacrificada y compleja, y la derecha sabe que seremos un obstáculo, no solo inevitable, sino también permanente. Sino también “El Frente es una unidad viviente, y por eso se puede perder a cada paso”. Por eso la necesidad de cuidarla, la necesidad de preservar la condición de coalición y movimiento.
La unidad fue una decisión estratégica en la fundación del Frente Amplio, precedida por la unidad de la clase obrera en la Central Única de Trabajadores (CNT). El tiempo otorgó la razón al Gral. Seregni, la unidad fue una decisión inteligente, porque lo valioso es la unidad de todos los sectores que lo componen y no de cada uno de ellos por separado. Está basada en el convencimiento de que a partir de ella, del debate de ideas, es posible llegar a una síntesis, una unidad superadora. La unidad es también fruto de la confianza, es una decisión ético-política que hace a la construcción colectiva y participativa en proyectos de sociedad alternativos. Y es sobre la base de la confrontación de ideas, de discusiones fermentales, con un profundo respeto por las diversas posiciones que pueden ser inicialmente discrepantes, que se construyó el Frente Amplio. Así se pudo aunar en un mismo proyecto político a comunistas y cristianos, entre otros. La movilización estudiantil y una fuerte movilización popular empujó a los dirigentes de izquierda a acordar una unidad trabajosa, sin exclusiones, venciendo los recelos existentes. La unidad política y electoral fue en definitiva la suma de varios factores, producto de una larga acumulación de fuerzas. Son historia conocida todos los sucesos posteriores que llevaron al país a la dictadura con sus nefastas consecuencias. Sobre los militantes de izquierda y sus organizaciones, sobre los militantes sindicales, recayeron la represión, la tortura y la muerte, de la que aún hoy el ejército no rinde cuentas. Después de largos y heroicos años de militancia clandestina, un 10 de agosto de 1984 fue testigo del reencuentro de los frenteamplistas. La izquierda se convertía en una fuerza constructora, apta para conducir el país. Seregni lo dijo con claridad, “Fuimos, somos y seremos una fuerza constructora…obreros de la construcción de la patria del futuro que soñamos”.
Llegamos al gobierno y aspiramos a ejercerlo por un cuarto período. Es absurdo no reconocer que se han cometido errores, pero son muchos más los logros, en especial aquellos que favorecen a los sectores más vulnerados de nuestra sociedad, hasta ahora no reconocidos. Podríamos enumerar una importante agenda de derechos conquistados en la constante búsqueda de “la pública felicidad”, por la que luchó Artigas. Y vale hoy tener presente que como fuerza política siempre estuvo al servicio de la defensa de la República, del respeto irrestricto a la división de poderes, y la democracia.
Estamos transitando un año especial, un año electoral donde nuevamente estarán enfrentadas dos propuestas de país diferentes, como aquellas a las que hacía referencia el Gral. Seregni en 1971. Hoy enfrentamos a aquellos que pretenden volver a políticas fracasadas, que sólo favorecen a determinados grupos sociales. Que con discursos demagógicos, que no resisten los más elementales análisis racionales, prometen lo que en años y años de gobernar no quisieron implementar. Un año en el que algunos/as, se esforzarán, como ya lo tenemos presente, en descalificar a los gobiernos frenteamplistas, con términos y falsedades que actúan en detrimento de la democracia que dicen defender. Pero llegamos a este año – que pretendemos sea nuevamente una fiesta de la democracia como queremos todas y todos los uruguayos – con una propuesta definida en base a la discusión de miles de frenteamplistas de todo el país, y aprobada en nuestro Congreso. Un programa claro, armónico y global, orientado a ampliar y profundizar lo mucho que ya hemos hecho. A continuar bregando por la justicia social y la redistribución de la riqueza.
Con cuatro candidatos/a que ofrecen no solo recambio generacional sino formación, calidad ética y un abanico de posibilidades para la conducción de un nuevo gobierno frenteamplista. Con fuerte vocación unitaria, sin espacios para la descalificación. Dispuestos a escuchar y aceptar críticas pero también a defender con ahínco los logros obtenidos. Dispuestos a hablar con vecinas, vecinos, amigos y familiares, a hablar sin agredir, con fundamentos. Con la responsabilidad que nos exige la defensa de aquella máxima artiguista, que no por conocida deja de tener vigencia, “que los más infelices sean los más privilegiados”!
Por todo lo hecho y por todo lo por hacer es que pedimos reflexionar a la hora de ejercer nuestro derechos.



