Dilema, en región convulsionada
Escribe Darío Rodríguez
Los gobiernos del FA pueden exhibir un conjunto de buenos indicadores que, de última, hacen a la calidad de la democracia y la participación social de la riqueza. El asunto es dar continuidad, con menor conflictividad, o apostar a un cambio regresivo.
El mundo aparece convulsionado. “Paren el mundo que me quiero bajar” diría Mafalda, el personaje creado por Quino, entre la denuncia y la resignación. El barrio “Nuestra América” de José Martí está agitado al punto que analistas se preguntan dónde saltará un nuevo conflicto. Situación que tiene que ver, además, con el desarrollo político de cada lugar y otras variantes exógenas. Por ejemplo, en Brasil, jóvenes y clases medias, sin adscripción partidaria comenzaron la presión sobre Dilma Rouseff, -tras sucesivos errores-, luego la derecha capitalizó descontento. Lo demás es cosa conocida.
Individualmente el FA sigue siendo aunque en votación menor (casi 40%), el partido político más apoyado, tras 15 años de gobierno, con todo lo que ello implica. Más allá de errores y aciertos de la actual gestión, conviene recordar que el sistema electoral uruguayo reformado, a impulsos del Partido Colorado, tuvo el propósito de retrasar la llegada del FA al gobierno y en caso de suceder, como sucedió, dificultar su gestión y/o permanencia. El gobierno tuvo un par de problemas, además del degaste fruto de la gestión, perdió la batalla por la subjetividad (la cabeza) de sectores medios y empobrecidos. La derecha instaló en su cosmovisión que hay que “cambiar el gobierno”. Los sectores medios, mirando a los de más altos ingresos, -no obstante sus notorias mejoras económicas- son reacios a brindar mayores contribuciones y tienden a querer recrear niveles de aquella. Por otra parte, se martilló con insistencia en el complejo fenómeno de la(in) seguridad que se presta para hacer demagogia e insistir con más punición siendo que la experiencia mundial indica que no pasa por ahí. Observamos con estupor y dolor atentados, matanzas, en países de avanzada como los EE.UU.; revelando nuevamente la complejidad del asunto. Aquí ya hay 11 mil presos. Tampoco se puede “comprar” que nada se ha hecho.
Consecuentemente, deliberado o no, al Frente le faltó trabajó político que fue alimentado por la tendencia mundial a la despolitización -peligroso hastío por la política- y a la compra de un candidato como si fuera un cosmético. Dejó sin herramientas a su militancia.
¿Qué se juega?
Se ha reiterado insistentemente que están en juego “dos modelos” de país. Sería bueno hablar de dos sensibilidades que se traduce en prácticas y resoluciones concretas. Una, de izquierda, más centrada en el ser humano, en el abatimiento de la pobreza, la indigencia, en incorporar a los excluidos a la trama social y en la recuperación del poder adquisitivo de los salarios a través de diversos instrumentos. Con críticas, cuestionamientos, esto es verificable. En Salud Pública ya no existe el carné de pobre, por ejemplo y los hijos de trabajadores, es verificable en Paysandú, acceden a las Universidades, (UdelaR, UTEC). La otra visión, pues vivimos en una sociedad de intereses, más centrada en la renta del capital y en pasarle factura (ajuste fiscal) a los trabajadores.
Pregunten
Curiosamente, la gente y algunos medios no consultan varias cosas que aparecen en programas pocos leídos. Uruguay tiene un déficit fiscal importante (4.9% del PBI) y todos dicen, gobierno y oposición, que es menester abatir. En algún momento, el PN que encabeza la coalición dijo que la cuestión pasa por crecimiento económico y el ahorro de 900 millones de dólares. Acá empiezan las trampas y no se dice a la gente a que la exponen con tal recorte. Es subestimar la capacidad ciudadana decir que se reducirán asesores y flota de vehículos. Se manifiesta que no se recortarán las políticas sociales. Inevitablemente hay que ir a los antecedentes que indican que los partidos tradicionales cuando aplican ajuste fiscal (recuerden el gobierno de Lacalle de Herrera) lo hacen sobre las políticas sociales: rebaja salarial, de jubilaciones, en inversión en vivienda y otras prestaciones. Curiosamente, es escandaloso lo que pone toda la sociedad (400 millones de dólares) para sostener el privilegio que significa las jubilaciones de la oficialidad de las FF.AA. Tímidamente el FA aplicó un impuesto (IASS) a las jubilaciones más altas que alcanzó a miembros de las FF.AA. Curiosamente, Manini Ríos incluyó en el “plan de gobierno” de los coaligados la rebaja progresiva del IASS. Adivinen ¿quiénes se beneficiarán? Es de perogrullo decir que se toman opciones y se gobierna defendiendo intereses.
Se habla de la instrumentación, al amparo de la Constitución, de la tramitación parlamentaria de una ley de urgente consideración; esa será, junto al presupuesto el verdadero plan de gobierno. Lo demás viruviru. Lo cierto es que nada se dice de sus contenidos; o una de dos, o no tienen acuerdos entre ellos, lo que alude a problemas de gobernabilidad, cosa nada menor, o hay gato encerrado. Distintos actores coaligados consultados esquivan el bulto; no saben, no contestan. La actitud es un poco fraudulenta.
El sistema democrático fomenta la alternancia, asunto al cual se recurre ahora, sin decir nada del propósito del balotaje ni de la continuidad de partidos en varias Intendencias con, además, prácticas clientelísticas notorias.
De todas maneras, serán 5 años movidos, particularmente si se va contra avances. El movimiento popular y distintas organizaciones sociales estarán alerta y esto es válido para ambos candidatos. No es casual, por ejemplo, el planteo de modificar los Consejos de Salarios como tampoco lo es que los principales asesores en la materia de los coaligados provengan del sector empresarial poco amigo del reparto de utilidades. Preservar lo conquistado es una imperiosa necesidad democrática. Por otra parte, es difícil darle continuidad a la búsqueda de los detenidos desaparecidos contando con la ultraderecha.
Hay que tener en cuenta el difícil contexto regional y propiciar el diálogo, máxime ante dificultades que aparezcan. Los créditos ciudadanos -en sociedades altamente consumistas, hedonistas, tecnologizadas- se pueden conseguir legítimamente, pero también dilapidarlos rápidamente. Los próximos tiempos, con una u otra opción, requerirán de una sociedad participativa, organizada, movilizada. Esto lo saben quiénes históricamente han esperado y nadie les regaló nada.
