Escribe Eduardo Rodríguez
La aparición de casos de covid 19 en Quebracho revela una multiplicidad de acciones y omisiones, discursos que van y relatos que vienen, señales convergentes y divergentes y decisiones que resultan extremadamente interesantes. La presencia del virus en «la villa ciudad», básicamente por su reducida dimensión y la plena identificación de los actores que participan en estas escenas, podría constituirse en un precioso caso de estudio sobre cuán responsables somos de nuestras acciones y decisiones; cómo actuamos y reaccionamos ante una situación de adversidad; de qué forma se gestionan las instituciones públicas, cuánto de reflejos, experticia, profesionalismo, compromiso y sentido común hay en quienes las gestionan; la incidencia de la redes sociales; las particularidades de las decisiones que toman los empresarios en coyunturas de emergencia.
Tendríamos elementos de sobra para completar largas listas en las columnas sobre "lo bueno y lo malo" de vivir en "un pueblo chico"; podríamos preguntarnos ¿qué es la solidaridad y cómo se manifiesta?, así como considerar porqué muchas veces sigue siendo más cómodo el silencio, tratar de ignorar lo sucedido, esconder, barrer hacia debajo de la alfombra, quizás demostrando una consideración elevada con quienes no la tienen con sus vecinos.
Pasaron largas y tensas horas desde que se comenzó a manejar, extraoficialmente, que Quebracho tiene su propia «Carmelita» hasta que las autoridades sanitarias departamentales asumieran la situación. El dato corrió con fuerza el viernes 13 de noviembre por la mañana pero recién dos días después llegó la confirmación oficial en una conferencia dominguera nerviosa y cortante, más cercana a la información social y la reconstrucción episódica de los quehaceres de los involucrados que a la comunicación de la aplicación de políticas de Estado. Algunas horas después se consolidaron los cinco positivos quebrachenses a los que, días más tarde, se agregaron otros siete casos mientras esperamos que la operación no tenga más sumandos.
El positivo de los test reveló las conductas humanas, a las que alguien pretenderá colocar el signo de menos. Desde la cuestionable decisión de quien aun presumiendo que podría portar el virus viaja cientos de kilómetros para hacer, allá y acá, una intensa vida social; la polémica que implica el desarrollo de eventos sociales con el consecuente riesgo que la reunión conlleva; la participación activa de las autoridades en esas instancias, cuando se podría considerar que deberían ser los primeros en poner en práctica el «quedate en casa», entre otros asuntos de ese tenor.
Y así, como algunas conductas personales son cuestionadas, a veces duramente, también existen durísimos reparos a las conductas institucionales y en particular a las formas de gestión de sus responsables. Por ejemplo: el manejo de la comunicación de crisis ha sido bastante erróneo y contraproducente, cargo que debería asumir el Comité Departamental de Emergencia y, específicamente, la Dirección Departamental de Salud. Algunas familias quebrachenses sometidas a cuarentena esperaron varios días para ser hisopadas así como larga ha sido la espera de los resultados, especialmente cuando se los aguarda en medio del nerviosismo colectivo. Es que pareciera que en algunas ocasiones quienes conducen el Estado tienen la intención, la voluntad y la decisión de hacerse cargo pero quizás no siempre esté tan claro cómo se hace, especialmente en casos como éste cuando corremos «de atrás». Así, el tranquilo paisaje quebrachense ha sido escenario de la instalación de puestos de control de ingreso y egreso de personas como una de las medidas aplicadas para frenar la expansión del virus. La intervención, que seguramente implica un costo importante y que se podría pensar resultaría más lógica si fuese aplicada por personal de salud, está a cargo del Ejército y consiste, básicamente, en registrar el nombre de quienes llegan o se van, ofrecer alcohol en gel y medir la temperatura corporal. Entonces, no habrá inconvenientes para ir o venir, salvo que el termómetro juegue una mala pasada aunque la ausencia de esa señal no implica la ausencia del virus.
Y mientras todo eso pasa algún empresario resolvió despedir a los quebrachenses porque podrían contagiar a sus compañeros que, en general, vienen de un lugar en el que también existen casos. Esa decisión implicó que decenas de personas queden sin changa y agravó una situación compleja. Buscando ayudar a palear la situación el MIDES activó la entrega de una canasta pero inmediatamente se escucharon voces que señalaron que se trató de una ayuda bastante poco generosa.
Llamativamente el Municipio ha brillado por su ausencia. Según confirman algunos concejales, ni siquiera hubo contacto virtual para analizar qué se podría hacer para ayudar a los vecinos así como intervenir, de alguna manera y en la medida de lo posible, en el manejo de una emergencia que involucra a la comunidad. Puede que haya quebrachenses que tomen nota de esa omisión aunque seguramente muchos no sintieron la falta. En lo que sí todos estamos de acuerdos es en valorar y agradecer los múltiples gestos de solidaridad.
Será interesante ver de qué manera la comunidad de Quebracho cura y cierra las heridas que abrió esta situación; si es que de alguna manera y en algún momento pide explicaciones a quienes expusieron el lugar; a quienes debiendo cuidarse y cuidar no lo hicieron; a quienes fueron elegidos para representar los intereses colectivos y ni siquiera llegaron a plantearse qué hacer; a quienes desinforman, confunden y hacen padecer interminables esperas. O si va por el camino «asintomático» y da por cierto y se embandera con el discurso que se pregona desde hace días y que propone, palabras más, palabras menos: «no hay que mirar atrás, lo que importa es el futuro y hay que estar más unidos que nunca».