Eduardo Rodríguez

Vecinos de Quebracho con sensibilidad en la temática ambiental y conciencia de los profundos problemas que la localidad padece desde hace décadas manifiestan su preocupación en tanto el comienzo del nuevo período de gobierno no trajo las acciones, gestos y señales que se aguardan largamente para solucionar dos asuntos básicos: la falta de saneamiento en buena parte del pueblo y el colapso del basurero.
A veces pareciera que tendemos a acostumbrarnos a convivir con las carencias, a naturalizar lo que resulta cotidiano aun cuando eso no sea bueno para nosotros. Es cierto, es probable que algo así pase en Quebracho porque si una ciudad con más de 3.000 habitantes unificara todas esas voces para gritar un mismo reclamo seguramente sería escuchada y, eventualmente, atendida con otra diligencia. Quizás también habría que indagar sobre el rol de algunos integrantes de los gobiernos locales que quizás se han ocupado más de no molestar al líder de la lista o del partido que a trabajar con énfasis para resolver los problemas de sus vecinos.
No obstante, y afortunadamente, unos cuantos pobladores, representativos de diversos sectores políticos y sociales, siguen de cerca estos asuntos.
El basurero de Quebracho es un predio de unas tres hectáreas ubicado a muy corta distancia de la planta urbana y sobre pequeños cursos de agua. Varios informes de los equipos técnicos de la Intendencia y de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA) coinciden en recomendar el cierre del lugar en tanto la capacidad operativa estaría colapsada. Los residuos que generan más de 3.000 personas van a parar a cielo abierto y el único tratamiento que reciben, en algunas ocasiones, es un acotado enterramiento dado que la composición del suelo hace muy difícil realizar excavaciones considerables. Además, para agravar el panorama, a pocos metros de allí, sobre un pequeño curso que desemboca en el arroyo Guaviyú, desagotan las barométricas. Algunos estudios solventados por productores de la zona revelaron que los lixiviados filtran a los cursos de agua y confirmaron algún grado de contaminación en ellos.

Llamativamente en el quinquenio anterior la Intendencia de Paysandú que había solicitado la intervención de DINAMA en el asunto terminó desconociendo y contrariando las recomendaciones técnicas del organismo que ordenó la clausura del basurero. Algunos jerarcas, sin formación conocida en materias ambientales, se animaron a contradecir la resolución de la Dirección y aseguraron públicamente que el basurero “es recuperable” con algunas intervenciones relativamente sencillas. Al final el lugar sigue abierto sin que haya recibido intervención alguna a pesar de que también en el quinquenio pasado se había anunciado la disponibilidad de dinero para mejorar la infraestructura.

“Lo único que se intenta es tapar los residuos”
“La situación sigue igual, está todo igual, lamentablemente nada ha cambiado. Lo único que se intenta, según lo que se percibe, es tapar los residuos para que la gente no se de cuenta, para que visualmente parezca que la cosa está mejor. Pero el grave problema que tenemos no es visual”, lamentó Franklin “Gino” Belveder, concejal de Quebracho por el Partido Colorado. Anunció que reiteró el pedido de que la Intendencia, a través de la Dirección de Higiene y la Unidad de Gestión Ambiental, vuelva a inspeccionar el asunto y que otra vez se de intervención a DINAMA.
Material de yacimiento fosilifero de más de 58 millones de años utilizado para hacer calles
Oldemar Chacón, quebrachense profesor de historia y dirigente del Frente Amplio, contó que “en las proximidades” del basurero “hay un yacimiento fosilífero” de un valor inestimable y cuya conservación, estudio y difusión se podría convertir en una atractivo de primer orden para el posicionamiento de la localidad. El profesional explicó que en el año 2006 tomó conocimiento “de un trabajo de unos paleontólogos argentinos porque había descubierto que en 1930 habían encontrado unos fósiles de caracoles muy antiguos en la zona del Queguay”. De esa gestión surgió un contacto “con la gente de la Universidad y empezamos a trabajar en un proyecto de extensión universitaria”. Esto implicó que algunos investigadores llegaran a Quebracho inicialmente motivados por el hallazgo de fósiles de dinosaurios. Del relevamiento en el territorio surgió que “próximo al basurero hay un yacimiento fosilífico”. El proyecto universitario incluyó la divulgación del conocimiento a la comunidad, generando, por ejemplo, actividades con estudiantes que recorrían el lugar y veían “algún caracol y risolitos, que son unas raíces de árboles muy antiguos que aparecen en ese yacimiento de calíferas que integra la formación Queguay”.
Chacón explicó que esos caracoles “tienen más de 58 millones de años” y una de las especies encontradas “es nueva en América”, según revelan los estudios científicos que consideraron quienes hicieron las excavaciones y que la calificaron como “una vieja nueva especie”.
“En aquel momento nos reunimos con el alcalde Mario Bandera porque de esas calizas estaban sacando material para arreglar las calles y le propusimos que no se usara ese yacimiento para preservar el hallazgo. Sin embargo eso se sigue utilizando y es común, para quienes conocemos del tema, encontrar esos caracoles en la calle”, lamenta el docente. Además de ese uso, es común que la gente de Quebracho recurra a esa cantera para extraer material que pasa a formar parte de cimientos, caminos u otras obras de esas características.