El desarrollo, ese concepto muy debatido en el pasado, tiene más vigencia que nunca, debido a que implica el aumento de la calidad y la cantidad de vida para todas las personas de una sociedad. Por supuesto para todas las que quieran, dejando ya un presupuesto para que esto ocurra: cada persona es dueña de su destino y pude hacer lo que quiera con su vida, teniendo por supuesto parámetros normales dentro de la salud mental.

Vivir en una sociedad desarrollada debería ser el norte de cualquier comunidad, dado que apunta a la felicidad del mayor número, como dirían los utilitaristas, o mejor dicho a vivir con prosperidad la mayor cantidad de gente que se pueda.

Se dice que esto pasó a ocurrir a partir desde 1760 en Inglaterra, pero también en los países bajos, como Holanda, donde se comienza a profundizar el capitalismo, y no tenemos miedo de escribir esta palabra tan defenestrada por marxistas y anarquistas, pero que el estudio de la realidad mundial y local ha demostrado que se equivocaron, observándose que el sistema ha traído prosperidad para la mayoría de los países del mundo, a pesar de que en nuestro país muchos no lo entienden. Es solo ver lo que hizo el Frente Amplio en 15 años de gobierno, profundizar el capitalismo (el número de ricos pasó de 80.000 a 180.000 según algunos estudios y se bajó notoriamente la pobreza), cuyo resultado implicó, tanto por la “mano invisible” notablemente descripta por Adam Smith en 1776 como por la intervención de políticas socialdemócratas del gobierno, la mayor prosperidad de la historia para la mayoría de los uruguayos.

Pero solo con esto no alcanzó. Seguimos siendo un país con desarrollo cerca del medio, pero insuficiente todavía.

¿Qué es lo que pasa? Para que haga desarrollo, dicen algunos autores que deben existir algunas ideas o valores favorables que deben prevalecer en la cabeza de la gente. Y que el desarrollo integral es un triángulo en donde los vértices son el desarrollo económico, la democracia política y la modernidad cultural.

Se supone ingenuamente que el hecho que la mayoría de la gente comparte ciertas ideas y sentimientos, demuestran la validez de esas ideas y sentimientos. Nada más lejos de la verdad. La validación consensual, como tal, no tiene nada que ver con la razón ni con la salud mental. (Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea) Erich Fromm. 11va. Impresión, pag. 20 (1976).

Sabias palabras de un reconocido escritor, que sirven bien para explicar por qué los uruguayos tenemos algunas ideas, que por consensadas, no dejan de ser erróneas, y que hasta que no salgamos de ellas continuaremos navegando en las mediocres aguas del subdesarrollo.

Para empezar pongamos dos ideas muy insertas en la población: 1.- La enseñanza es gratuita. 2.- Las empresas públicas son de los uruguayos. Estas ideas, muy arraigadas, se deben al fuerte impulso desarrollista que dio el batllismo en el siglo XX, más bien en la primera mitad del mismo, que nos trae la ilusión que “no hay que pagar” para obtener la educación formal (llámese ésta a los cursos preescolares, de primaria, de secundaria, y universitarios). Estas ideas, tan arraigadas, y vamos a incluir lo de laica y obligatoria, por suerte algunos, a causa en primer lugar de nuestros padres, y luego por impulso propio, ya con conciencia de la realidad, no calaron en nosotros y en muchos uruguayos, que nos permite discentir con las mismas.

Siempre alguien paga por la educación, y solo basta preguntar a algún estudiante del interior, como fuimos nosotros, el esfuerzo que se hizo y se hace, para tener estudios por ejemplo universitarios, cuando antes los mismos se concentraban casi exclusivamente en la capital del país. Si bien esto cambió, en primer lugar no están todas las carreras en el interior del país, situación que abarata los estudios, y por otro los universitarios pagan un impuesto, que contribuye a un fondo de solidaridad, que beneficia solo a estudiantes que vayan a la UDELAR y por supuesto a sus empleados. Estas ideas valerianas, e introducidos en un contexto político dictatorial, pasaron a ser endiosadas y a abarcar el acervo cultural del país.

La otra idea, de que las empresas públicas son de los uruguayos, también proviene del batllismo y su sucesor, el pensamiento frenteamplista, aunque nunca nadie poseyó una acción de dichas empresas. En realidad es producto de la idea de que son del Estado, aunque éste históricamente no nació para que suministre portland por ejemplo.

Si bien estas ideas han traído cierto progreso a mucha gente en nuestro país, no es suficiente para llegar al desarrollo. Éste pude tener diversas acepciones, pero vamos a dar una que todo el mundo la entiende: el desarrollo implica un sueldo mínimo cuatro veces mayor al que tenemos hoy y que el valor de la nafta, producto determinante en la fijación de casi todos los precios, valga la mitad. Cuanto nos falta !!!

 

Aníbal Erramuspe Espinosa

Lic. en Trabajo Social. Udelar

Certificado en Gerencia. Universidad ORT

Diploma de Estudios en Familia. Universidad Católica