Escribe Manuel Russi

Hace un tiempo, tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Carlos Scanavino. Siempre tuve ganas de hacerle una entrevista, ya que en mi infancia se me habló siempre de él como un súper héroe, el mejor entre los mejores, me contaban mis familiares. Luego de conseguir el contacto llegó el momento de preguntar si la idea de una entrevista le parecía buena.  (Vale aclarar que no tenia en mi poder ninguna referencia sobre como era su persona).  Por lo que en mi voz se notaba cierto deje de nerviosismo.

Cuando empezamos a hablar, algo llamó rotundamente mi atención, la calidez y humildad a la hora de tratar conmigo que no me conocía ni sabía de mi existencia en absoluto antes de esa llamada.

De repente en mi cabeza una voz me preguntó: ¿te diste cuenta que estás hablando con uno de los más grandes deportistas de la historia de nuestro país?

Me bloqué por un instante.

Cuando me descongelé, la entrevista se acordó y así empezó la preparación para la misma. Buscando información verificada pero también consultando a la gente grande que lo vio competir y ahí surgieron comentarios que traían junto con ellos un aire a leyenda callejera que mi curiosidad puso como prioridad desmentir o confirmar ante la posibilidad de charlar durante una hora con el protagonista de las mismas.

Algunas de estas “historias “decían que entrenaba durante la madrugada a contra corriente en el medio del río Uruguay, que empezó a nadar simplemente por no quedarse quieto.

Fue probamente la entrevista que más disfruté hacer hasta el momento, hay personas con las que vos solo te encargas de preguntar para guiar la charla de un lado o al otro, y ellos de darte la información tan rica en recuerdos, logros, alegrías y momentos complicados.

Obviamente charlamos de todos sus logros, los récords que mantiene.

Algunos de estos son:

Clasificación a Moscú 1980, Los Ángeles 1984, Seúl 1988.

Una medalla de plata y una de bronce en competencia Panamericana.

Ocho medallas de oro, cuatro platas y un bronce en sudamericanos.

Pero si me preguntan a mí que fue lo que más me impresionó, fue la historia que dio inicio a todo esto.

El Big Bang de este universo de medallas, podios, récords y mil galardones.

Carlos cuenta con entusiasmo pero también reflexivo como un día de su niñez  concurrió a clases como cualquier otro día pero a la larga no iba a ser un día cualquiera, sin saberlo ese día la historia de la natación y del deporte Uruguayo estaba a punto de cambiar totalmente . Un participante del club remeros Paysandú arribó ese día a la escuela y preguntó quien quería aprender a nadar, algunas manos se levantaron, pero una significó un antes y un después. Y es acá donde me pregunto que impredecible y dependiente del instante es todo porque en el pensamiento de un escolar que decide hacer un gesto normal que significa aprobación a hacer una nueva actividad, en ese gesto la pluma del destino empezó a escribir la historia del nadador más laureado de nuestra historia.

La entrevista continuó y nos contó que con el tiempo mejoró mucho y ya en la adolescencia empezó a ser partícipe de grandes torneos.

Y en ese caso mi pregunta fue: ¿qué pasó con tu vida fuera de la natación en esos tiempos? “Tuve que dejar cosas de lado, quizá pude tener más amigos o ir a más fiestas, eso sí‘’ pero también explico que el esfuerzo de negarse a esas cosas le dio la posibilidad de vivir cosas impresionantes mas allá de las vividas como competidor, en las villas olímpicas y panamericanas formó amistades en otros seleccionados de nuestro país como el básquetbol y futbol, muchas de estas las mantiene hasta el día de hoy.

“’Pude disfrutar de estar en el banco de la celeste durante un panamericano como invitado estelar’’.

En ese momento reflexionamos juntos que su vida cotidiana de ese entonces era el sueño y envidia de cualquiera de los que somos amantes del deporte y más cuando se trata de  representar a nuestro país.

Y por si a esta historia de hitos le faltaba algo de magia nos contó en un tono cómico como casi practicó la bilocación (habilidad de estar en dos lugares a la vez).

Y ahora ustedes que leen esto pensarán que estoy loco, que está bien que es un tremendo deportista y todo, pero ni que tuviera súper poderes. Antes que dejen de leer déjenme  aclararles que todo se debe a decisiones tácticas y convenientes herrones televisivos. Scanavino fue elegido para portar el pabellón patrio en la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos.  Cerca de la hora decidió que no lo iba a hacer ya que su competencia era muy próxima y en la natación cada esfuerzo puede ser la diferencia entre una presea en tu cuello o no.

Así que otro compatriota designado tomó su lugar pero en la transmisión de tv que vio el mundo entero cuando Uruguay desfiló el nombre que apareció en pantalla como portador fue el del nadador nacido en la heroica cuidad de Paysandú Carlos Scanavino.

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