Por Juan Andrés Pardo
El politólogo norteamericano Samuel Huntington hablaba de las olas y contraolas de la democracia. En diferentes momentos en la historia política mundial ha habido ciclos de triunfos y derrotas de gobiernos de izquierda y derecha a lo largo y ancho del mundo.
En los primeros años de la década del 2000, la ola progresista logró avanzar en América Latina y pocos años después la situación fue la inversa, cuando gobiernos de derecha, en sus distintas manifestaciones -más o menos reaccionarias- volvieron a ganar terreno en esta región del mundo.
En los últimos tiempos la perspectiva vuelve a favorecer al progresismo, que este año logró obtuvo dos triunfos con características muy particulares en Chile y Colombia.
Sin dudas que la izquierda haya accedido al poder en el país cafetero ya de por sí es un hito histórico, sin embargo quiero poner énfasis en algunos mensajes que tanto el presidente Gustavo Petro como la vicepresidenta Francia Márquez han brindado a sus ciudadanos y que a mi entender significan un paradigma renovador para la izquierda latinoamericana.
Ante la incertidumbre que generó en los sectores más conservadores de la sociedad colombiana el triunfo de Petro, el presidente en más de una ocasión ha señalado que su país “es y seguirá siendo capitalista” y ha puesto énfasis en la idea de que su gobierno va a “desarrollar el capitalismo, respetando la identidad del trabajador y poniendo el ambiente primero, para crear una nueva economía más fuerte y productiva y para superar el feudalismo en Colombia y subiendo impuestos a los más ricos”. La fórmula Petro-Francia, logró un triunfo inédito luego de desarrollar una campaña donde el concepto de “la vida sabrosa” como filosofía de vida, captó la atención y convenció a la mayoría de los ciudadanos a elegir por el cambio. En un país donde durante décadas sus habitantes fueron presos de la violencia y el narcotráfico, el “vivir sabroso es vivir sin miedo”.
En Chile es para destacar la renovación generacional[1] que a través de la creación de una coalición de movimientos y partidos de izquierda, logró un triunfo histórico con la promesa de llevar adelante un desafío de suma trascendencia como lo es concretar la reforma constitucional cuyo gran objetivo es profundizar el desarme de las estructuras que aún mantienen vivos los legados del dictador Pinochet.
La izquierda en el Uruguay de hoy
En octubre en Brasil, es muy factible el retorno al gobierno de Lula, lo que significaría otro aliento favorable para la izquierda en la región. Ahora bien, si uno analiza la realidad y el papel que el Frente Amplio como principal fuerza política del país hoy está cumpliendo, las proyecciones no son del todo claras en vistas a intentar recuperar el gobierno nacional en las elecciones 2024.
La popularidad del gobierno de Lacalle Pou viene en caída. Si bien la intención de voto hoy marca en casi todas las encuestas un empate técnico entre la coalición multicolor y el FA, también marcan para la coalición de izquierdas una intención de voto que no supera el 39%, es decir, el mismo porcentaje que obtuvo en la elección de octubre 2019.
Si bien baja la aprobación y sube el rechazo popular al gobierno, los que rechazan la gestión no necesariamente hoy están proclives a votar al Frente Amplio.
La interrogante es saber si en las más altas cúpulas de la dirigencia frenteamplista hay algún diagnostico en torno a dicha realidad y más aún, si hay realmente una estrategia planificada para sortearla. A continuación se señalan algunos elementos interesantes para integrar al análisis.
En primer lugar, la históricamente ansiada renovación de liderazgos, sigue estando en el debe. La militancia frenteamplista en general visualiza en los intendentes Orsi y Cosse la fórmula presidencial para 2023. Se trata de las dos figuras claras de proyección, por la importancia electoral y también mediática que Mvd y Canelones suscitan. Por detrás aparece en escena la figura de Andrés Lima, intendente de Salto que ha desarrollado una estrategia innovadora al menos para el FA, en la medida que apuesta a posicionarse como candidato surgido desde el interior del país y basado en un modelo de liderazgo fuertemente ligado a la cercanía.
Por otra parte, hablando del Interior, ahí se encuentra otro gran desafío pendiente para el Frente. Es allí donde tradicionalmente ha perdido la pulseada electoral y es allí donde la coalición multicolor capta y fideliza la base electoral que le permitió lograr el triunfo en 2019.
La debilidad en este aspecto (a la cual ya me he referido en anteriores artículos) está en la dificultad de generar estrategias para intentar proyectar y consolidar figuras y liderazgos basados en gestiones de cercanía. No es casualidad que una fuerza política que tradicionalmente ha tenido su base electoral en Montevideo y áreas metropolitanas visualice en Orsi y Cosse, su futura fórmula presidencial.
Son candidatos con conocimiento del territorio metropolitano, acostumbrados a una gestión más institucional, en la medida que tanto en Canelones como Montevideo habita la mayor cantidad de habitantes y por ende las gestiones de cercanía son más difíciles de practicar.
A grandes rasgos si uno se centra en resultados electorales, el ciudadano del interior suele elegir a candidatos que se basan en la cercanía con el vecino, lo cual ha quedado evidenciado en las elecciones de nivel municipal, cuando en 2020 el Partido Nacional le arrebató nueve alcaldías al FA y también el Municipio F en Montevideo, el bastión del FA.
En tercer lugar, otro asunto difícil de sortear para el FA (relacionado con lo recién planteado) es la lógica centralista con la cual funciona.
Desde hace unos meses, con Fernando Pereira a la cabeza, el FA ha lanzado una serie de recorridos por Uruguay denominada «El frente te escucha», con la lógica de acercarse a escuchar a la ciudadanía. Desde Montevideo al interior, las más altas cúpulas viajan para escuchar lo que tienen para decir ciudadanos de 18 departamentos. ¿No sería más práctico y realista organizar dicha actividad pero siendo los dirigentes locales quienes recorran sus departamentos y escuchen a la ciudadanía? Para tener mejores diagnósticos locales, se requiere realizar diagnósticos con actores locales. La lógica centralista no es solamente responsabilidad de la dirigencia montevideana, sino también es producto de un tradicional papel poco activo que los frenteamplistas del interior han tenido.
¿La Ola Esperanza?
A la dirigencia y militancia frenteamplista le ha costado reacomodarse en el papel de oposición. Pero sobre todo no ha podido marcar un rumbo claro para salir a navegar en el mar de incertidumbres en el que se encuentra. No se puede construir futuro apelando únicamente al pasado como bandera. Con el único relato de recordar lo mejor de los gobiernos progresistas y de manifestar indignación por los desastres del gobierno, no se avanza. Para progresar, para cambiar, para renovarse, es necesario cuestionar y cuestionarse. Y el Frente no parece transitar por este proceso.
No se puede tampoco condenar a la ciudadanía por sus propias decisiones y posiblemente tampoco se puede seguir haciendo política con una lógica de otros tiempos, quizás sea momento de entender que no es solamente desde los comités de base que se construyen los cambios sociales. De que si se logra una autocrítica real, se puede levantar la mirada y visualizar mejor el horizonte.
Mientras la incapacidad de interpretar con mirada amplia a la ciudadana siga existiendo, mientras siga sin existir capacidad de renovarse en la práctica y el relato, será más difícil volver a ganar la confianza de la mayoría ciudadana.
Quizás también vaya siendo la hora de que en la dirigencia del FA se den cuenta de que los militantes de izquierda están y seguirán estando, que miles de esos militantes son los que casi lograron la hazaña de ganar el balotaje y fueron claves para lograr las firmas que permitieron dirimir en referéndum algunos artículos de la LUC.
Si bien son países con realidades diferentes, tanto en Colombia como en Chile, la izquierda logró un sentido renovador que permitió convencer a las mayorías ciudadanas. Quizás estos ejemplos, deban ser tenidos en cuenta para repensar al Frente Amplio en Uruguay.
Si una fuerza política por sí sola no tiene capacidad de promover la esperanza, quizás sea hora de que sus dirigentes y militantes se den cuenta de que la renovación puede llegar desde la militancia que en silencio y con los pies en la tierra, miles de ciudadanos anónimos realizan. Ciudadanos que en ciertos casos han optado por alejarse de la dureza estructural y las internas feroces que conviven dentro del FA.
Quizás sea hora de visualizar que “La ola esperanza” pueda llegar desde afuera y contagie hacia adentro, renovando a un Frente Amplio que (huérfano de su último gran líder) le está haciendo falta para navegar hacia un rumbo más claro.
«No hay proyecto que soporte el peso de su edad / Si le habla solamente a sus fieles
Si no cambia la conciencia, nada va a cambiar / Sin camino no se puede caminar»
Murga Un título viejo, 2020
[1] El Presidente Gabriel Boric y gran parte de su gabinete, son quienes impulsaron en 2011, las movilizaciones estudiantiles que a nivel nacional se manifestaron en contra del sistema educativo, provisto en gran parte por amplia participación del sector privado.
