Corría el 15 de setiembre y, en el salón Rojo de la Intendencia, el jefe departamental, Nicolás Olivera Seiguerman y el secretario Fermín Farinha Tacain suscribían un convenio con el ministro de Desarrollo Social Martín Lema.  El Convenio, según informó la propia Intendencia, habilitaba la implementación “…de una oficina móvil que recorrerá todo el departamento en donde los ciudadanos podrán evacuar dudas que correspondan. Dando mayores precisiones Olivera señalaba que “ambas instituciones ponemos recursos para estar a lo largo y ancho de todo el departamento”. Con ello se quería evitar que la gente, con los costos inherentes ante cualquier trámite, viajen a la capital, reproduciendo la lógica Montevideo-interior.

Aquel 15 de setiembre se sobreabundó en halagos. “Cambiar la óptica”, “ir en busca de la gente” fue parte del repertorio desplegado. Lema, preocupado últimamente por el asunto de las ollas populares, no se quedó atrás en sus expresiones. Al levantarle un centro a su correligionario, el ministro dijo que “siempre nos está llamando para hacer una actualización de cómo evolucionan las diferentes prestaciones del MIDES en el departamento, nos parece una postura responsable porque las políticas sociales no se pueden hacer en soledad”; aunque se hagan sin la participación de la gente.

Obviando el desmantelamiento de distintos programas, como el Servicio de Orientación, Capacitación Territorial (SOCAT), afincado en el MIDES, 5 meses después la oficina móvil sigue siendo una promesa. Para implementarla, la cuarta a nivel nacional, se trajo a Paysandú una moderna camioneta con solo los asientos delanteros para facilitar el armado de dicha oficina. El vehículo, destinado a tal fin, descansa, -y se deteriora-, en el Corralón municipal. Parece inaudito que la Intendencia y el propio MIDES, que tiene dificultades con su baqueteada flota vehicular que usan técnicos y codirectores, no den explicación alguna ante la excesiva demora. ¿Ya no es necesario ir a buscar a la gente? ¿no cuentan con chofer? ¿no hay rubros para combustible? Si implementar alguna nueva iniciativa insume tanto tiempo será mejor entregar canasta: es más rápido y se puede capitalizar políticamente.

Ahora, el propio intendente y directores municipales, en modo campaña, reivindican, -cosa que hacen las restantes Intendencias sin tanto aspaviento-, el llevar agua a vecinos de parajes olvidados como Buricayupí y el pueblo viejo del Eucalipto. Loable medida que está empujada por la brutal sequía y, por extensión, extenderle una mano al gobierno nacional. El poncho no aparece.

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