Ya en el tramo final de nuestro trabajo sobre Carlos Scanavino que está en su totalidad en la edición papel de 20Once, compartimos algunos mojones interesantes, de tinte más anecdótico y noticioso como el accidente, en la previa a Medellín

Un par de días antes de viajar al Sudamericano juvenil de 1981 de Medellín, el plantel celeste salió a pasear en una camioneta y cerca del Club del Lago de Punta del Este, chocaron. Todos los nadadores terminaron en el hospital, la madre de Carlos sufrió fractura de clavícula y varios esguinces de tobillo. Así, rengueando, subieron al avión. No obstante el accidente, Uruguay cosechó 17 medallas, con cuatro oros, uno de ellos, de Scanavino, el primero a nivel continental, en 1.500 m libre, aunque también consiguió el bronce en 400 m libre. El podio comenzaría a tener a un asiduo concurrente que se haría amigo con el paso de los años.

Las inundaciones

En 1983, es digno de destacar en su carrera, sobre todo, por el sacrificio que debió afrontar. Hubo inundaciones en Paysandú justo meses previos a los Juegos Panamericanos de Venezuela. Entonces, Scanavino debió deambular por casi todo el país para entrenar, ya que no podía acceder a la piscina de Remeros. Primero estuvo en Montevideo, pasó por Maldonado, regresó a la capital, recaló en Mercedes. Todo para poder ponerse a punto para esos Juego. Junto a Vidal, se alejaron de sus respectivas familias durante casi tres meses. Llegó a nadar hasta 20 mil metros por día, 10 mil de mañana y otro tanto por la tarde. Así se ganó la primera medalla panamericana en su historia en 1.500 m libre. Su desempeño fue tan importante para Sudamérica, que le otorgaron el trofeo Cabeza de Palenque, que es conferido como estímulo a las grandes actuaciones cumplidas por atletas latinoamericanos de la natación en sus cuatro disciplinas.

La servilleta y los números

“En un torneo internacional en el Banco República el 5 de setiembre de 1982 vinimos a Montevideo y nos instalamos en el hotel. Merendamos en La Pasiva enfrente a la Biblioteca Nacional. Agarré una servilleta y le anoté a Carlos los promedios que quería que estableciera cada 100 m en la carrera de 1.500 m libre, y nos fijamos como meta 15´27”. No solo cumplió los promedios, sino que llegó al récord nacional en 15´27 seg. 17 centésimas en pileta, recordó Vidal.

Marche un chivito

Cada vez que Carlos lograba bajar una marca o ganaba algo importante en Montevideo, su lugar predilecto era El Chivito de Oro. El técnico lo desafiaba antes de las competencias y él siempre cumplía y, por supuesto, degustaba los chivitos, uno de sus platos preferidos.

De inglés, nothing

En Mission Viejo, Estados Unidos, Felipe Vidal no sabía mucho inglés y le compró a Carlos un alimento que pensó que le iba a gustar mucho. Cuando llegó a la casa de la familia que los hospedaba, la duela le agradeció por la compra. Felipe no sabía que había comprado alimento para perros.

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