En los primeros días de diciembre 2023, en una reunión desarrollada junto al parque Paseo de los niños, los vecinos que habitan la zona de la vieja planta de Vialidad fueron enterados de la decisión de las autoridades de la Intendencia de promover su relocalización.

Según se ha explicado a las poco más de 40 familias asentadas en el área limitada, básicamente, por las calles Washington, Bolivar, Ayacucho, Michelini y Gutiérrez Ruiz, la acción implica liberar esa zona de la faja costera que es afectada por las crecientes cuando la altura del río frente al puerto local ronda los 7 metros, de acuerdo al conocimiento surgido de la experiencia de aquellos habitantes.

De acuerdo a la opinión de varios vecinos, el planteo de reubicación está sustentado en un argumento de relevancia como es el cumplimiento del Plan Paysandú y la consecuente desocupación de espacios no habilitados para ser utilizados para casa habitación. Ellos sufren en carne propia los efectos de los desplazamientos, cada vez más frecuentes, pero en general confiesan que la propuesta los tomó por sorpresa. De hecho relatan algunas mejoras introducidas al barrio en materia de servicios públicos para las cuales contaron con el apoyo de la institución Intendencia, en diferentes periodos de gobierno.

Desde aquella reunión del año pasado, cuyo contenido provocó en algunos que las fiestas de fin de año tuvieran una connotación especial, se han sucedido otros “cuatro o cinco” encuentros que se cumplen en el Centro Diurno de calle Uruguay esquina Michelini. Independientemente de las reuniones colectivas, para las que se convocan a todos los vecinos del barrio, se han cumplido otras de tipo bilateral con referentes de familias que muestran una posición de mayor cautela ante la propuesta.

Según pudo confirmar 20Once, en ninguno de esos ámbitos se hizo referencia al plan de construir un hogar estudiantil para universitarios en la exVialidad, ni se vinculó ese proceso con el que deberían comenzar a andar los vecinos. Pero, como un secreto a voces, entre ellos se habla de la contradicción que implicaría que se de al suelo en cuestión el uso que ahora está vedado, como espacio habitable. Y si alguna vez una mayoría especial de la Junta Departamental llegara a establecer una excepcionalidad para al área esa autorización especial deberían alcanzar a las actuales viviendas.

En principio no existe una posición de rechazo explícito a la posibilidad del realojo; de hecho, en algunos casos se trataría de la oportunidad para acceder a una vivienda de mejores condiciones que las actuales. Pero es notoria la necesidad de que se considere que el barrio no es un asentamiento sino que está integrado por viviendas que tienen, en general, buenas condiciones, en las que sus dueños invierten todo lo que pueden incluso generando infraestructura para atemperar las crecientes, caso de construcciones en altos. Ciertamente los terrenos son municipales y es habitual que quienes se asientan sobre ellos tengan con la tierra un vínculo afectivo dado que ese fue el sitio que habitaron abuelos y padres. A pesar de que la eventual mudanza no implique un traslado de muchas cuadras, en algunos comentarios aparece el rechazo a la idea del desarraigo.

En las referidas reuniones los técnicos ya presentaron los modelos de viviendas que podrían albergar estas familias, con materiales no convencionales, “tipo isopanel” según cuentan. Algunos vecinos advierten sobre la aparente reducida capacidad locativa de esas unidades, especialmente para ciertos núcleos, muestran ciertas reticencias al modelo constructivo y lamentan si es que deben de privarse del patio grande y el espacio verde.

Esas casas podrían edificarse en el transcurso de los próximos meses, desde este año, en la zona de calle Purificación entre Juncal y Verocay y/o en Antonio Estefanell y Luis Batlle Berres. Aquellos que no quieran usufructuar esos realojos podrían ser compensados con unos 55.000 dólares que serán destinado a la compra de una casa usada.

La incertidumbre es la emoción que, en general, caracteriza este momento de los vecinos de aquel viejo barrio que reclaman un diálogo fluido, sistemático, transparente y que les permita hacerse de toda la información que necesitan para tomar las mejores decisiones posibles sobre el espacio en el que desarrollan y desarrollarán sus vidas.

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