Escribe Aníbal Erramuspe Espinosa

En un programa televiso hace poco un panelista dijo que vayamos a la discusión de fondo, refiriéndose al plebiscito sobre la seguridad social. Hablemos del capital dijo.

Para resolver un problema se necesitan tres cosas. Saber hacerlo, poder hacerlo y querer hacerlo. El primer punto, del cual hablaremos en este artículo, los otros los dejaremos para otra vez, refiere al Conocimiento que hay que tener en determinada materia. En esto el país ha avanzado mucho. Sólo basta con mirar como la política convocó a especialistas para enfrentar y superar la pandemia. Fuimos de los países menos afectados por la enfermedad a nivel mundial. En el mundo también ese Conocimiento acumulado se vio beneficiado largamente, ya que en 8 meses se desarrolló una vacuna contra el Covid, que en situación  normal hubiera llevado más de 4 años.

Un invento inmejorable, aunque no del todo aceptado por algunas ideologías, es el dinero. Éste permite no sólo el intercambio de bienes y servicios, sino que permite acumularlo, para de esa forma poder tenerlo para futuros problemas económicos o para invertirlos. Esto que parece un conocimiento ya arraigado en la academia y en la población, no lo es todavía en determinados pensamientos que están instalados en algunas ideologías perimidas o en personas que no creen en el poder de crear bienes y servicios que tiene en una pata fundamental en el dinero, o también llamado capital. Basta observar como Fidel Castro en las décadas del 60 y 70 hizo lo imposible para que desaparezca el dinero de Cuba, cosa que no pudo lograr, pero introdujo una política económica que trajo pobreza a casi toda la población, situación que no ha mejorado hasta hoy en día.

Es así que los bienes y servicios aparecen desde los deseos de las personas hasta la adquisición de los mismos a través de un instrumento milenario, que es el mercado. Hay dos formas de adquirir un bien o un servicio: o lo compras con dinero o con intercambio o te lo regalan. Una vez en una clase un alumno nos sugirió que había otra manera: robarlo. Me hizo pensar esto justamente cuando está en discusión el supuesto plebiscito que se votará el próximo 27 de octubre.

Hay que tener en cuenta que para que exista progreso, hubo que existir un contrato entre los miembros de la sociedad que implica que unos tuvieron que progresar antes para que luego los otros lo hagan. Un ejemplo muy concreto. Los primeros televisores a colores en Paysandú costaron dos mil dólares, pantallas de 20 pulgadas, a transistores. Tuvieron que haber muchos que pagaron ese precio para que después la misma tecnología invirtiera y hoy un televisor led de 32 pulgadas sale 250 dólares. Y no son los dólares de 1978, estos son mucho más baratos.

Hay un supuesto que Jhonn Rawls lo describe notablemente en su monumental libro “Teoría de la Justicia”, que es interesante: no hay progreso sin desigualdad. Esto no parece obvio y no es políticamente correcto, pero es la realidad de los países que han progresado. Y esto es tan así porque en una sociedad que progresa el que innova, el que compite, va delante de otros.

La discusión de fondo entonces es que el progreso se da, entre otros factores, por la acumulación de capital y su reinversión en modelos productivos y mercados preparados para la que la gente tenga necesidades de dichos productos, que si son de calidad, traen un mejor progreso. Y es esto lo que hace aparecer mejores bienes y servicios y mejores salarios y jubilaciones.

Yo digo entonces que es necesario que de una vez por todas que hablemos con sinceridad sobre cómo se abordan las estrategias de crecimiento y de producción de bienes y servicios, que traen aparejados como dijimos bienes y servicios, y mejor si son de calidad.

Y un factor imprescindible es el capital. Y si bien éste tiene la cualidad mencionada, también es escurridizo y lo lleva al lugar en donde existen las mejores probabilidades de que éste mejore su performance, o sea rinda más para sus propietarios. Si se lo corre, se tiene el riesgo de que los bienes y servicios no aparezcan, por lo que trae aparejado la reducción del trabajo, y por ende los ingresos y por rebote las jubilaciones de las personas.

Finalmente, ese capital fue creado por el trabajo de personas de diversa índole, trabajadores, gerentes, emprendedores, inversores, etc. que forman las diversas clases sociales que integran una sociedad. Y no solo son dos, proletariados y burgueses, como se describen en la obra de Carlos Marx, El Capital. Que se diga entonces de una vez por todas a que modelo aspiran los que abrazan la idea de expropiar el capital, situación que aparecería como lógica en una sociedad que no existe pero se cree igual en ella, como otro fundamentalismo religioso, en donde algunos se apropian de algunas cosas de otros, queriendo decir que el resultado de una sociedad es una suma cero. Parte de ese capital lo tienen las AFAPs, que si es hoy de 22.000 millones de dólares no es solamente con los aportes de los trabajadores sino que también se hizo con inversiones en nuestro país que trajo y trae más trabajo y más ingresos a personas que son los pilares para que exista una jubilación posterior.

Que digan al final entonces que o se aspira a un modelo como Cuba o Corea del Norte, donde la mayoría es pobre, donde escasea el capital, o el modelo reformista uruguayo que nos ha llevado a ser el país más desarrollado de América Latina.

Lic. Trabajo Social – Certificado en Gerencia. Universidad ORT – Diploma de Estudios en Familia. Universidad Católica Candidato a diputado del Partido Independiente por Paysandú.

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