ECO: Cultura Crónica

El comediante uruguayo Germán Medina vuelve al escenario del Teatro Florencio Sánchez con una propuesta de humor de observación cargada de cotidianidad. Hablamos con él sobre el oficio, los silencios, los límites del humor y su relación especial con el público sanducero.

Por estos días, Germán Medina se prepara para reencontrarse con el público de Paysandú, una plaza que visita con frecuencia y donde se siente como en casa. Antes de su función en el histórico Teatro Florencio Sánchez, conversamos con él sobre la presencia del humor en su vida, el proceso creativo detrás de sus espectáculos y su visión del humor como herramienta de comunicación y reflexión.

El humor más allá del escenario
“Hace ya más de 12 años que el humor es mi única fuente de ingreso”, cuenta Germán, reflexionando sobre cómo se entrelazan su vida personal y profesional. Aunque reconoce diferencias entre su personaje en escena y su vida diaria, señala que hay una continuidad en el tipo de humor que lo atraviesa: el de observación. “Me río de cosas que me pasan, que veo, que escucho… muchas de esas terminan siendo rutinas. Confío mucho en el humor que nace de experiencias personales, aunque no necesariamente hable de mí”.

De lo particular a lo universal (y viceversa)
Sobre su enfoque creativo, destaca que busca partir de lo general para llegar a lo particular, sobre todo cuando trabaja temas como la paternidad o la vida en pareja. “Lo que trato de evitar es subir al escenario cosas que solo me causan gracia a mí y a mis amigos. El humor tiene que funcionar incluso si el público no sabe quién soy”, afirma. Para Medina, el objetivo es encontrar lo común, lo compartido, aquello que genera conexión más allá de lo anecdótico.

El silencio y sus aprendizajes
¿Qué pasa cuando el público no se ríe? “Es desesperante”, admite con franqueza. Pero también lo considera parte del oficio: “El humor es comunicación. Si no se da, hay una falla en ese ida y vuelta. Con los años uno aprende a tener herramientas para salir de esos momentos sin que se transforme en un bache irreparable”. Reconoce la empatía del público y cómo esa misma empatía puede jugar a favor… o en contra.

¿Hay límites en el humor?
“La clásica pregunta”, dice entre risas. Su respuesta, sin embargo, no evade la complejidad: “Hay tantos límites como personas en el público. Lo que a uno le parece genial, a otro le puede parecer ofensivo o insuficiente. Yo creo que el público tiene el derecho a decidir qué ve y qué no, pero no creo que haya un solo límite universal”.

Paysandú, un vínculo que se renueva
El cariño por Paysandú es evidente: “El Teatro Florencio Sánchez es uno de los más lindos del país. Siempre la gente acompaña. Es una ciudad grande, lo que permite que podamos seguir viniendo con diferentes propuestas”. Germán recuerda con afecto tanto al público como al equipo técnico del teatro. “Cuando llego me acuerdo de lo bien que suena, lo bien que se ve, y de todas las veces anteriores. Es un gusto volver”.

El humor como herramienta vital
Finalmente, reflexiona sobre la trascendencia del humor en la sociedad: “Creo que más allá de quién lo haga, el humor hace bien. Es una herramienta poderosa, sobre todo cuando uno puede reírse de sí mismo. En mi caso, diría que el 90% de mi humor es reírme de mis propias desprolijidades. Me ayuda a enfrentar la vida de otra manera”.

Este jueves, a las 21:00hs, Germán Medina vuelve a Paysandú con una invitación clara: “Ojalá puedan venir a acompañarnos y reírnos juntos de cosas bastante parecidas. Nos vemos en el Florencio”.
Las entradas se pueden adquirir en redtickets.uy