Con Sergio Feris

Un Sanducero en el Mundial de clubes de Estados Unidos

Con el mate bajo el brazo, la mochila cargada de la cámara y credenciales, y el corazón palpitando fútbol, Sergio Feris de HD (Heroica Deportiva) disfruta del Mundial de Clubes en el país del norte.

En calidad de fotógrafo acreditado por FIFA, recorre las ciudades del Este estadounidense cubriendo un Mundial de Clubes inédito. Allí vive su hijo y es la excusa perfecta para estar cerca de él y del fútbol.

Es la primera edición con 32 equipos y, para muchos, el ensayo general rumbo al Mundial de selecciones que Estados Unidos organizará en 2026 junto a México y Canadá.

“Estoy en la casa de un amigo, me ahorro el alojamiento y me muevo con los vehículos de él”, cuenta Sergio, mitad entre la logística de supervivencia y el fervor periodístico. Eligió la zona Este: Miami, Orlando, Atlanta y la gran final en New Jersey. ¿La costa Oeste? “Ahí no tengo a nadie, no vale la pena”.

En este nuevo formato del torneo, no todo es fiesta. Aunque la FIFA anunció con entusiasmo que ya se vendieron más de un millón y medio de entradas, lo cierto es que hay partidos —sobre todo en fase de grupos con estadios semi vacíos. “Ayer -por el martes-en Orlando jugaron dos cuadros asiáticos y había muy poca gente”, relata Sergio. ¿La razón? El temor de algunos migrantes indocumentados a acercarse a los estadios. La agencia de inmigración estadounidense anunció presencia en los alrededores por motivos de seguridad, y eso disuadió a parte del público latino. “Mucha gente no se arriesga”, dice.

Sin embargo, esa misma medida de seguridad ha calmado los ánimos: “Ya no te peleás con el de al lado, no hay piñas. La policía está activa, y hay hasta tres filtros de ingreso por estadio. Aprendieron de la Copa América, que fue un caos”, afirma y en la que también estuvo el colega.

La mezcla de hinchadas sigue siendo una postal llamativa. “El otro día había un grupo de Benfica con 30 de Boca, todos mezclados. Y cuando el partido se calienta, se pone ‘pesada’ la cosa”, Sergio.

Boca, precisamente, ha sido protagonista en esta primera etapa. Jugó su debut en Miami ante una multitud xeneixe. “Más de 50.000 personas. Era local como si jugara en la Bombonera”, cuenta Sergio, testigo de primera línea. Las entradas, eso sí, no bajan de los 130 dólares en las gradas altas, y pueden costar hasta 400 cerca del campo.

Desde su lugar privilegiado a nivel de cancha -“me acredité como fotógrafo”- Sergio cuenta que vive cada partido al detalle: “Tenés acceso libre en el campo, Wi-Fi en cada asiento, y todo funciona con una aplicación de la FIFA. Elegís el partido, te aprueban, y ya tenés asignado tu lugar. Es cómodo y profesional”.

Los partidos también han traído sorpresas. Hasta ahora, los equipos europeos no han logrado vencer a los sudamericanos. “Han empatado todos los duelos. Nadie esperaba eso. Pensaban que los sudamericanos iban a comerse goleadas, pero no”, comenta. Ese equilibrio ha elevado el interés por el torneo. Se rumorea que PSG es el gran candidato, luego de golear al Atlético de Madrid en un cruce europeo.

Los equipos brasileños también pisan fuerte, especialmente en New Jersey, donde hay una numerosa comunidad. “Están llevando muchísima gente”, dice Sergio. Boca, por su parte, “está en pleno rearmado”, pero su hinchada ya lo acompaña como si fuera final de Libertadores.

El torneo tiene un atractivo adicional: no se repetirá anualmente, sino cada cuatro años. Una decisión que, según Sergio, “le va a dar más valor y más interés. No va a ser un torneo de todos los años, va a pesar más”.

Sobre el juego en sí, algunas anécdotas marcan la diferencia: en Orlando, el partido entre Pachuca y un club austríaco fue suspendido por tormenta eléctrica -eso fue ayer-, siguiendo los estrictos protocolos. “Con lluvia se juega, pero si hay rayos, paran el partido por 30 minutos mínimo”, explica.

Desde el lado más humano, Sergio también habla de la experiencia de estar “ahí”, a metros del césped. “Es imposible acercarte a los jugadores. Pero te movés libre, trabajás cómodo. Es lindo ver el partido desde el campo. La gente, el griterío, la foto del once inicial… es otra cosa”.

A medida que avanza el torneo, el clima futbolero crece. Si un equipo sudamericano logra colarse entre los cuatro primeros, o incluso llegar a la final, cambiará el relato. “Si no quedan solo europeos arriba, si un sudamericano pelea hasta el final, este torneo va a dejar huella”, opina con esperanza.

El Mundial de Clubes está en marcha. Y aunque recién comienza, ya se vislumbra como un espectáculo que, entre protocolos, goles y multitudes, quiere hacerse un lugar en el calendario global del fútbol.