Alert Spoilers: Si no has visto la serie Chespirito no sigas leyendo
Escribe Salomón Reyes
Nos han hecho saber que la venganza se sirve en un plato frío pero ahora, también se sirve mientras se mira el televisor. En la época del streaming salvaje, ha surgido la posibilidad de vengarte de las personas no deseadas. ¿Cómo? Contando su historia en una serie o película. Una especie de venganza audiovisual que por suerte, todavía no está al alcance de cualquiera.
Cuando me hablaron de la nueva serie de Chespirito, pensé que Televisa se las había ingeniado para seguir sacando rédito económico de la figura de Roberto Gómez Bolaños, que tanto éxito y plata les había reportado. Pero al escuchar los comentarios que la serie ventilaba la relación infiel que Chespirito tuvo con Florinda Meza (Doña Florinda), cuando él seguía casado con su primera esposa, Graciela Fernández, puse en duda mi opinión. ¿Era capaz Televisa, de sacar una bio pic de Chespirito para manchar el nombre de un muerto y el de Florinda Meza, que sigue viva?
Cuando descubrí que detrás de la serie no estaba Televisa, me asaltó una duda peor. ¿Cómo hicieron, los que la hicieron, para conseguir los derechos de toda la obra y sus derivados, que pertenecen a Televisa. Al ver el primer capítulo, se aclaró el misterio.
La serie fue creada y producida por los hijos de Chespirito: Paulina Gómez Fernández y Roberto Gómez Fernández. Aunque en México se estila incluir los dos apellidos en los créditos, en esta serie, el segundo apellido cobra relevancia por ser el de Graciela Fernández, la madre de los creadores. Esta ficción se construyó basada en el libro autobiográfico de Gómez Bolaños “Sin querer queriendo -memorias”- y que por esas cosas del destino, los derechos escaparon de las manos de Televisa y de la propia Florinda Meza, que hace poco declaró que: los únicos derechos que poseen los hijos es la historia de su padre porque ella, es dueña de las regalías, que continua cobrando por la obra de su marido. Aún así, no parecía nada sencillo, contar la vida del padre, sin incluir referencias, sucesos o nombres que desde el primer momento eran imposibles de usar.
Si la serie fue hecha para hacer plata, les ha rendido pero si lo hicieron para homenajear a su padre pero sobre todo, resarcir el nombre de su madre, la maniobra va resultando redonda, porque una cosa es hablar de su padre y su obra y otra, muy diferente, de la relación que tuvo con la actriz que interpretaba a Doña Florinda y que derivó en su separación conyugal y familiar.
Por otro lado, las repercusiones de la serie han escapado a la pantalla y se han conocido todo tipo de comentarios de los que fueron protagonistas o conocidos y siguen vivos y, declaraciones pasadas de los que ya estaban muertos. A esto se sumó toda la movida en redes, en donde un montón de influencers y público general, han sentido la necesidad de dar su opinión, aunque nadie se las haya preguntado y reiteren una y otra vez, lo que ya se sabía.
De esta manera, cobró más importancia la traición amorosa, que la misma trama general de la serie, que hay que decirlo, tiene aspectos muy interesantes. Uno de ellos es el segmento donde se aborda parte de la historia de la televisión mexicana, el sistema de estrellas y la encarnizada pelea por el rating. En esa subtrama aparece, una figura fundamental: El ‘Tigre’ Azcárraga, que aunque no aparece con su nombre, muchos lo identificamos con el personaje de Ernesto Figueras. La vida de El ‘Tigre’ Azcárraga merecería una serie aparte. No sólo por la forma en que construyó el imperio del Grupo Televisa sino por su forma de pensar y su particular forma de vida. En una bio pic dedicada a Azcárraga, la historia de Chespirito, sería una mera anécdota.
Otro aspecto llamativo, que aunque no se profundiza, es la manera como se hacía televisión en esos años y en especial en el departamento de efectos especiales que tanto impactaron en su momento, como las apariciones repentinas, las reducción de personas y el uso del croma entre otros recursos y, aunque muchos de ellos ya los había inventado Georges Méliès a principios del siglo XX, para el público mexicano fueron toda una novedad.
Pero el aspecto más revelador e ingenioso de la serie sin duda es cómo pudieron evadir los derechos autorales, al no incluir escenas de los programas reales, al cambiar los nombres reales y sobre todo, contar la trama sin mencionar ni una sola vez a Televisa, la empresa a la que Chespirito, estuvo vinculado hasta su muerte.
En lo personal, la aparición especial de Edgar Vivar (Noño y Don Barriga) en el segundo episodio, ha sido uno de los momentos más emotivos. La escena donde bautiza a ‘Chespirito’ es muy especial porque habla de la escena que pensaron los creadores para él y desde luego de la resiliencia de un actor que atravesó tiempos muy duros después de terminar aquella aventura televisiva.
Es evidente que la serie es un gran homenaje de los hijos hacía su padre, ese padre divertido y testarudo que deseaba con todas su fuerzas triunfar en la comedia televisiva pero también deja muy claro, el aguante que la familia le hizo a la carrera del padre y que resistió junto a él en las buenas y en las malas, etapa en la que sobresale la figura de Graciela Fernández y que la serie plantea sin rubor, que sin ella, Chespirito, quizá no hubiera llegado a donde llegó.
Pero la serie necesitaba una villana y Florinda Meza, ha sabido cumplir muy bien ese papel en la serie y fuera de ella, en donde, cada vez que trata de aclarar algo que no le gusta de la ficción, gana más odiadores y la serie por el contrario, más adeptos. Aunque hay que decir que su imagen en pantalla es bastante benévola, los hijos no desperdiciaron la oportunidad de construir una venganza fina y por streaming, sobre esa ‘vieja chancluda’ que en sus propias narices, les ‘robó’ al padre, sin querer queriendo.



