Entrevista al Dr. Álvaro Alza, presidente del Colegio de Abogados de Paysandú

El presidente del Colegio de Abogados de Paysandú, Álvaro Alza, reflexiona sobre el estado actual de la abogacía, el rol del gremio, los cambios generacionales en la profesión y los desafíos que enfrenta el sistema de seguridad social para profesionales.

El abogado del siglo XXI: entre la vocación y la reinvención constante

Paysandú cuenta hoy con entre 150 y 200 abogados en ejercicio, aunque es una cifra difícil de precisar porque no todos están colegiados. Según datos del Colegio de Abogados local, actualmente hay 94 socios activos en Paysandú.

Álvaro Alza, abogado con 13 años de ejercicio profesional, fue elegido recientemente presidente del Colegio y se muestra comprometido con un enfoque de trabajo que prioriza la formación continua, la mejora de las condiciones para el ejercicio de la profesión y la defensa gremial de los derechos de los abogados.

En la directiva lo acompañan Yanet Vigo, Eduardo Piaggio, Walter Arruda y como Tesorero  Pedro Dávila.

“Nuestro principal objetivo es brindar herramientas útiles al ejercicio profesional. Desde facilitar el acceso a timbres judiciales, hasta impulsar jornadas académicas que permitan actualizar conocimientos y adaptarse a las nuevas demandas del mercado”, explica Balsa.

La comisión directiva, compuesta por cinco miembros, se reúne semanalmente o cada 15 días en la sede ubicada en un espacio físico dentro del Juzgado, el llamado “kiosco”.

Formación académica: clave para sobrevivir en un mercado competitivo

La abogacía, tradicionalmente vista como una de las profesiones más prestigiosas, enfrenta hoy una transformación. La especialización ha dejado de ser una opción y se ha convertido en una necesidad.

“El mercado ha cambiado. Hoy el abogado debe estar preparado para enfrentar una competencia creciente, donde los costos también aumentan y el ejercicio liberal se complejiza”, reflexiona Alza.

Entre las áreas más demandadas en Paysandú, se destacan el derecho laboral, civil, penal y de familia. Muchos abogados optan por trabajar en varias ramas a la vez.

“Yo mismo trabajo en varias áreas, aunque no tomo todo lo que venga. Pero es cierto que hay una necesidad de diversificar”, comenta el presidente del gremio.

¿Ha perdido atractivo la carrera de Derecho?

Una de las preguntas que surgen naturalmente es si la abogacía sigue siendo una vocación atractiva para las nuevas generaciones. Alza cree que el contexto ha cambiado, pero que no se trata necesariamente de una pérdida de interés, sino de una mayor variedad en la oferta educativa.

“Hoy los jóvenes tienen más opciones. Carreras tecnológicas o técnicas ganan terreno. Y la orientación humanística ya no es la más elegida en los liceos. Pero también hay más orientación vocacional, lo cual permite una decisión más consciente sobre qué estudiar”.

No obstante, hoy en día hay una contradicción de fondo: mientras muchos no terminan el liceo y quedan excluidos del sistema universitario, otros logran obtener un título profesional pero no ejercen. En Uruguay hay más de 100.000 profesionales que declaran no ejercer, una cifra que preocupa por su impacto en el sistema previsional.

La Caja Profesional en crisis: «La seguridad social no es un negocio»

Uno de los puntos más críticos que aborda Alza es la situación de la Caja de Profesionales Universitarios, un subsistema clave dentro del esquema de seguridad social uruguayo, hoy en situación de desfinanciamiento.

“La técnica legislativa en Uruguay se ha empobrecido. Muchas leyes surgen como respuestas de urgencia y no como planificación. La reforma de la Caja es un ejemplo claro”, asegura con énfasis.

El abogado sostiene que la sostenibilidad del sistema se basa en un equilibrio entre activos y pasivos, y que esa ecuación se está deteriorando.

“No se puede pensar la seguridad social en términos de negocio. No lo es en Uruguay ni en ninguna parte del mundo. Y requiere del aporte de todos. El problema no es solo demográfico: también hay miles de profesionales que no aportan porque no declaran ejercicio”.

Según informes recientes de la propia Caja, la relación entre cotizantes y beneficiarios ha venido en caída. Esto compromete el futuro de las jubilaciones profesionales y genera incertidumbre entre quienes sí aportan regularmente.

Una profesión exigente, pero con vocación de servicio

Más allá de las dificultades del mercado, de los cambios legislativos y de las tensiones previsionales, Alza rescata el carácter vocacional de la abogacía y su rol social. Destaca que el abogado sigue siendo un puente entre la ciudadanía y la justicia, entre los conflictos y su resolución.

“Ejercer el Derecho implica brindar un servicio. Muchas veces es a personas físicas, a empresas, o a quienes necesitan asesoramiento para defender sus derechos. Ese es el núcleo de la profesión: estar al servicio del otro”.

Alza cree que “el sistema necesita ajustes, pero no debe perder su sentido. Porque la justicia y la seguridad social no son solo estructuras: son derechos. Y los abogados, como servidores públicos en el sentido más amplio, tenemos un rol central que defender”, concluye el jerarca.