Flor Infante se presentará este domingo en el Florencio Sánchez
Este domingo, Flor Infante llega a Paysandú con su espectáculo de humor que ha sido un éxito rotundo en Montevideo y en varias ciudades del país. Pero esta presentación tiene un tinte especial: una ciudad cargada de recuerdos, un teatro soñado y una actriz decidida a llevar lo mejor de sí fuera de la capital.
Flor Infante no necesita demasiada presentación. Es actriz, comediante, improvisadora, una figura clave del humor escénico uruguayo de los últimos años pero quizás no tan conocida al norte del país. Pero más allá del currículum, lo que la define en esta etapa es su conexión con el escenario, con el público, con las historias que nos atraviesan a todos. Y este domingo, esa energía la trae a Paysandú.
“Yo tengo familia en Paysandú, muchos veranos vividos ahí, muchas fiestas de la cerveza… para mí es una ciudad cargada de libertad”, dejando claro que esta no es solo una parada más en su gira nacional.
La gira, que ya pasó por San José, Tacuarembó y Colonia, forma parte de un deseo personal de salir de Montevideo, donde ha cosechado muchos aplausos -incluyendo funciones agotadas en el Auditorio Nacional del Sodre y el Teatro Solís- y acercarse al público de todo el país. Pero más allá de la expansión artística, hay una necesidad humana: la de reencontrarse con otras realidades, con otras salas, con otras miradas.
“¿Por qué salir de donde me va bien? “Porque hay salas maravillosas en todo Uruguay que merecen ser visitadas. Y porque a mí como actriz me resulta muy seductor salir de la zona de confort y llevar lo mejor de lo que hago a nuevos públicos”, explica en charla telefónica con diario 20once.
Un viaje desde la improvisación hasta la comedia personal
La historia artística de Flor empezó en la Escuela de Arte Dramático, donde una de las herramientas que la marcó profundamente fue la improvisación teatral. Tan fuerte fue ese vínculo, que formó parte de una compañía que llegó a representar a Uruguay internacionalmente.
“La improvisación se volvió una herramienta muy poderosa. Después, mucha gente que hacía stand-up empezó a venir a nuestros talleres, porque la impro tiene mucho que ver con lo que pasa en el momento en escena”. Uno de esos alumnos fue Germán Medina, un verdadero top del humor uruguayo. Agrega que “él ya tenía talento, yo no lo descubrí, pero vino a buscar herramientas. Y se notaba que iba a romperla”.
Con el paso del tiempo, esa experiencia escénica se transformó en una voz muy personal dentro del humor. En su espectáculo, Infante habla de sí misma, de las contradicciones humanas, de las nostalgias compartidas, del pasado analógico y la maternidad digital.
“No hago humor político, me gusta reírme de mí. Y en ese reflejo, el otro se ve y se ríe también. Eso es sanador y liberador. Me paro como una uruguaya promedio de casi 43 años, que mira para atrás, mira para adelante y se ríe o descarta cosas que vivimos y que vendrán”.
El teatro, un espacio sagrado
Flor se toma muy en serio el respeto por el público y el lugar en el que actúa. Lo deja en claro al hablar del cuidado con el que piensa cada presentación:
“No hay participación activa del público. Nadie tiene que hablar, ni subir al escenario. No me gusta esa tendencia de preguntar y construir con la gente. A mí me pone nerviosa, y como no me gusta que me lo hagan, tampoco se lo hago a los demás”.
“No se filman las funciones. Para mí, el teatro sigue siendo un espacio sagrado. La gente invierte tiempo y dinero, y ese rato que estamos juntos tiene que valer la pena, ser especial, único”.
Sobre la sala en la que se presentará en Paysandú, no oculta su emoción: “La vi mil veces desde afuera, cuando esa calle todavía no era peatonal. Estuve hace poco viéndola, estaba preciosa, recibiendo un encuentro de tango. Los palcos, la alfombra, la luminaria… todo te impone respeto, ganas de hacer cosas. Me recontraemociona actuar ahí”.
Humor para todos
El espectáculo que presentará este domingo a las 21:00 en Paysandú es, según sus propias palabras, un show “para hombres, mujeres y toda la familia”. Aunque aclara que no es infantil, sí está pensado para un público amplio, sin lenguaje ofensivo ni chistes que comprometan la experiencia de nadie.
“Es un espectáculo a las nueve de la noche, así que no es para niños chiquitos, pero no hay malas palabras ni nada que atente contra la infancia. Es humor desde lo humano, desde el patetismo que todos habitamos”.
Los temas que recorre son tan cotidianos como profundos: la maternidad, la soltería, los cumpleaños de 15, la música que escuchábamos antes, el vínculo entre lo que se espera de nosotros y lo que realmente somos.
“Estudiamos a Piazzolla, que vivió muchas contradicciones, y también exploramos los sentidos desde Kafka, que me fascina. Hablo del instinto de supervivencia, de cómo lo vamos perdiendo con la tecnología. Al final, todos estamos ahí, medio tarambanas, desconectados de ese chic natural con el que nacemos”.
Una crítica amorosa y una nueva mirada
Infante también reflexiona sobre cómo ha cambiado la relación del público del interior con los espectáculos que llegan desde Montevideo o el extranjero:
“Antes había como una subestimación. Se llevaban espectáculos que no estaban tan buenos, como diciendo ‘bueno, con esto les alcanza’. Eso ha cambiado. Hoy hay una mirada crítica, exigente, valiosa y muy amable. Te dicen: ‘Si vas a venir, vení con algo bueno’. Y eso es buenísimo para nosotros, los artistas”.
Este domingo, entonces, Flor vuelve a Paysandú no solo como artista, sino como alguien que vuelve a una ciudad que forma parte de su biografía, de sus veranos adolescentes, de sus primeras experiencias de libertad.
“Estoy muy entusiasmada con lo del domingo. Voy con lo mejor que tengo”.
Las entradas se venden en Lacrosse, Óptica Lauren, Blacksheep y redtickets.




