El sábado pasado el espacio cultural Arteatro abrió sus puertas a un espectáculo que rescata una tradición entrañable y casi olvidada: el café concert. Allí, en un ambiente que combina teatro, humor y cercanía con el público, volvió a escena el grupo Los Viejos Tigres, logrando una primera función a sala llena y una conexión inmediata con los espectadores.
La propuesta no es solo un espectáculo de humor. Es, sobre todo, una experiencia compartida, pensada para recuperar la costumbre de pasar un buen rato entre risas, música, comidas y complicidad con quienes están alrededor.
El elenco lo componen Pablo Montaña, Eugenio Pozzolo, Gustavo Vidart, Hernán Suarez y Marcello Copello.
Un proyecto con raíces
La historia de Los Viejos Tigres tiene sus orígenes hace varios años, cuando junto al recordado “Flaco” Minetti surgió la idea de crear un espacio donde la gente pudiera sentarse a tomar algo, cenar y al mismo tiempo disfrutar de una obra. Aquella semilla, que mezclaba lo teatral con lo cotidiano, cobra nueva vida ahora en Arteatro.
“Siempre quisimos que fuera un encuentro distinto, no solo una función teatral. Que el público sintiera que podía formar parte, que tenía la libertad de reírse, de aplaudir, de intervenir si lo deseaba, o simplemente de mirar y disfrutar”, cuentan desde el elenco.
Humor y participación
El regreso de Los Viejos Tigres se sostiene en un humor que respeta al espectador, pero que también lo invita a sumarse al juego escénico. Este año el grupo encontró una vuelta original: algunas escenas se inspiran en películas reconocibles, aunque sin revelar demasiado. La sorpresa es parte del encanto, y en ciertos momentos la complicidad del público resulta clave para completar la escena.
“No hay obligación de participar —aclaran los actores—, pero lo que vimos en el estreno es que la obra misma empuja a intervenir. La gente se contagia de la energía y termina siendo parte del cuadro”.
Un espacio para reencontrarse
El espectáculo se vive como una velada completa. La sala abre a las 20:30 horas y recibe a los asistentes en un espacio transformado en un gran café. Entre mesas, mozos y mozas que circulan, el público puede acomodarse, pedir algo para beber o comer y prepararse para el inicio de la obra.
Tras la primera parte, un intervalo permite seguir conversando y compartiendo. Al finalizar, la sala queda abierta para que nadie tenga que irse de inmediato: la invitación es quedarse, brindar, charlar y extender ese momento de encuentro que, como señalan los artistas, se ha ido perdiendo en la rutina diaria.
“Queremos que el teatro sea también una excusa para compartir con tu pareja, con amigos, con quien quieras. Que no sea solo venir a ver un espectáculo, sino a vivir una experiencia distinta”, destacan.
Capacidad limitada, cercanía garantizada
La intimidad del formato exige un aforo reducido: solo 100 localidades por función. Esa limitación, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una fortaleza: asegura la cercanía con los artistas y la comodidad para el público, que se sienta en mesas en lugar de butacas tradicionales.
Las entradas tienen un valor de 350 pesos y se reservan al teléfono 099 725 840. El pago se realiza el mismo sábado en la sala, donde un listado organiza las reservas. El sistema es necesario, ya que la función inaugural se agotó con varios días de anticipación.
“Podríamos habilitar más lugares, pero queremos priorizar la calidad de la experiencia. El espacio se convierte en un café y necesitamos que haya lugar suficiente para que todo funcione bien: que los mozos puedan circular, que el público esté cómodo y que la interacción con el escenario se dé de forma natural”, explican.
Un regreso cargado de sentido
Más allá del espectáculo en sí, el retorno de Los Viejos Tigres tiene un trasfondo emotivo. El grupo se reencuentra después de años de amistad, marcada por la diversidad y el respeto.
“Nos conocemos hace tiempo, y nunca fue un tema de política, religión o fútbol. En una sociedad donde todo parece descartable, nosotros volvimos porque valoramos la amistad y porque nos hace bien hacer reír. Volvimos porque disfrutamos de abrir el telón y sentir que la gente se divierte con nosotros”, dicen en charla con diario 20once.
Reír como acto necesario
El espectáculo defiende el valor de la risa como bálsamo cotidiano. “Dicen que los músculos de la cara trabajan más que los del cuerpo, y reírnos nos hace bien. A veces hay que dejar las preocupaciones de lado y simplemente reír”, remarcan los integrantes del grupo.
Ese espíritu de disfrute colectivo es el que sostiene el regreso de Los Viejos Tigres: una invitación a recuperar un formato entrañable, a compartir un café con humor y, sobre todo, a reencontrarse con la alegría de estar juntos.



