A pocos días de las fiestas, un grupo de trabajadores del citrus, en su mayoría de origen argentino, continúa en Paysandú esperando respuestas de las autoridades uruguayas y de la empresa para la que trabajaban. Llegaron con promesas de empleo y mejores salarios que los que pagan en Argentina, pero terminaron enfrentando una realidad marcada por la incertidumbre, la precariedad y la explotación.
Promesas que se transformaron en una pesadilla
Los trabajadores relataron en la mañana de hoy lunes que inicialmente fueron contactados en sus lugares de origen —principalmente en la provincia argentina de Entre Ríos— por intermediarios que les ofrecieron buenos salarios en la cosecha de cítricos en Uruguay.
Hoy permanecen 13 personas en Paysandú esperando tener alguna indemnización.
“Nos decían que acá íbamos a ganar casi el doble. En Concordia nos pagaban 400 pesos el tarro -la recolección del mismo- y acá supuestamente eran 900. Entonces, por necesidad, venimos igual”, contó uno de los cosechadores.
Sin embargo, al llegar a Paysandú descubrieron que el trabajo no era lo prometido. No contaban con contratos formales ni seguridad social, y muchos fueron obligados a firmar papeles para poder cobrar. “Nos hacían firmar recibos, pero no sabíamos qué eran. Si no firmábamos, no cobrábamos. Todo era en negro”, denunciaron.
El pago, relataron, se realizaba de forma irregular y fuera de cualquier control. “Pagaban en la plaza, con dinero en efectivo, y nadie sabía si venía de la empresa o del contratista. Era un curro armado. No había recibos oficiales ni registro de horas trabajadas”, aseguraron.
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