Escribe Emiliano Molinari
En los últimos meses la basura de nuestro departamento ha estado en las noticias, volquetas repletas y con basura al costado, empresa que trajo el intendente cierra sus puertas, vertedero incendiado día por medio. Un gran problema de nunca acabar, y el intendente que no ha tenido la solución responsabiliza al Frente Amplio sobre ese gran problema, a pesar de que es el quien tiene el sartén por el mango.
El Problema
La basura es un gran problema de todos, ha superado a casi todas las intendencias del país y en Paysandú últimamente ha desbordado las capacidades institucionales como resultado de mala gestión y de una ciudadanía poco acostumbrada a un manejo responsable de los residuos, esto sumado a una indigencia que ha copado las volquetas en los últimos 5 años. En este último tiempo se ha visto como factor común volquetas desbordadas, basura al costado de las volquetas, una ciudad más sucia de lo normal, algo que puede generar inconvenientes en la salud colectiva de la población, además de efectos negativos en las economías de emprendimientos que ven sus entornos sucios.
La gestión de residuos
En los últimos años el intendente hizo una apuesta fuerte, trajo la empresa Sandeco que era la responsable de la gestión de residuos, dejando de lado el trabajo de recicladores particulares y de la cooperativa de reciclaje, la cual vio como esta empresa se llevaba toda su materia prima, obligándola a esta a su mínima expresión, con el efecto que eso genera en el trabajo y la organización de los clasificadores, en beneficio de una empresa, buscando de esta forma una especie de profesionalización en el manejo de residuos que no fue tal. Esta apuesta del intendente fracasó, esa empresa cerró sus puertas, no logró los niveles necesarios de ingreso para sostenerse, a pesar de que la Intendencia le entregaba para su uso maquinaria, materia prima e incluso cobraba un pago por esa gestión. El apostar por esta empresa generó que el trabajo organizado de los recicladores se viera afectado, la Cooperativa que los organizaba se vio disminuida a su mínima expresión, perdiendo así de pagar jornales a los recicladores, los cuales muchos optaron por volver a la informalidad. En resumen, la Intendencia y Sandeco destruyeron el trabajo formalizado y fomentaron trabajadores en la informalidad, donde el único que gana es quien especula con esa basura al menor costo posible.
La limpieza de la ciudad
A pesar de buscar una profesionalización en la limpieza, esta no generó una mejora en la calidad de vida de los sanduceros, al contrario, el vertedero pasó incendiado, no hubo una mejora en la clasificación de residuos, las volquetas se llenaron de basura y pasamos de una ciudad limpia a una ciudad con problema de residuos en la vía pública. Porque si hay algo que es necesario reconocerle a la Intendencia del Frente Amplio es que la ciudad estaba limpia, las plazas, las calles, estaban limpias y se notaba, y ese fue quizás uno de los puntos débiles de la gestión de Olivera ya que en 5 años no lo pudo mantener. Ante el cierre del contrato con Sandeco la solución planteada por el intendente es apostar a una gestión a realizar por la Fundación A Ganar, se cambia la organización que aprovecha los frutos del reciclaje, pero no los procedimientos de gestión que son en parte el problema que hoy existe. Si no hay en el medio un cambio en cómo se clasifica, recolecta y gestionan los recursos, la fundación no cambiará el bienestar de los sanduceros.
Las responsabilidades
En estos días el intendente se ha empeñado en pasar responsabilidades al Frente Amplio, pero después de todo ¿quién gestiona los residuos? ¿Quién decide la contratación de Sandeco y ahora A Ganar? Creo que Olivera equivoca en buscar responsables fuera de su gabinete, debería haber tomado medidas a su interior antes, cuando la solución buscada no daba resultados en la calidad de vida de los vecinos. En estos 5 años Olivera tuvo oportunidad de contar con recursos, el tener un fideicomiso de Obras por 20 millones le libera recursos para destinar a mejorar esta gestión, algo que evidentemente no sucedió.
¿Y esto cómo sigue?
Como dijimos antes, si no hay cambio en la gestión de los recursos, no existirán mejoras evidentes en la limpieza de la ciudad por mas nombre distinto que tenga la empresa y para ello es necesario buscar alternativas al proceso de gestión actual en los recursos. El mejor ejemplo en recolección y limpieza lo tiene Canelones, pero es necesario ver alternativas a nivel mundial para ver que esquema se adapta mejor a la realidad local, porque ningún sistema es igual, pero si hay patrones que se pueden considerar. Primero retornar a la recolección y clasificación intradomiciliaria en los hogares, esto ayuda a eliminar los focos de basura que rodean las volquetas, mantener sistemas de recolección colectivo en complejos habitacionales o edificios, donde deberían ser estos los responsables del cuidado de sus residuos. Para esto unos de los factores centrales es la formación, comunicación y fiscalización. Es necesario avanzar en un buen manejo de los residuos clasificados, si el ciudadano no ve el resultado de su clasificación, dejara de hacerlo, para ello es necesario diferenciar su recolección y darle al clasificador la oportunidad de la gestión de estos residuos diferenciados para darle un valor especifico, logrando no solo una gestión responsable, sino también, un trabajo formal para el clasificador. Sumado a esto es necesario generar mecanismos para compostaje de residuos orgánicos, apostando a una red entre quien realiza compostaje y aquellos que utilizan ese compost como insumo en su cadena de producción. Al realizar una razonable clasificación, el resultado final del residuo para el vertedero será menor al actual, lo que ayudara a un mejor manejo de los recursos, esto sumado a un mayor cuidado del recinto y una gestión de la disposición final responsable ayudara a disminuir o eliminar los incendios que permanentemente se registran, lo que sumado a una gestión del residuo domiciliario más ordenado ayudara a bajar los niveles de basura en la calles y eliminara el centro de mugre que son las volquetas en cada esquina de la ciudad. Para cambiar la realidad actual, no se puede seguir haciendo lo mismo, y quien debe hacer es quien la población votó, el intendente Olivera. Si existe un cambio en la gestión de residuos, si la ciudad vuelve a ser una ciudad limpia, entonces tendrá el apoyo de quienes no lo votamos, pero en estos últimos años, con recursos, esos cambios no se dieron. Esta nota es una apuesta a una alternativa en la gestión, que apueste a mejorar la realidad, si esos cambios no se dan el intendente ya no podrá buscar otro responsable que no sea en su gabinete.
Si la actual administración no logra hacerse cargo de los procesos de innovación anunciados en materia de gestión de residuos —como el convenio con Sandeco, la incorporación de una máquina encapsuladora con un costo cercano al millón de dólares, presentada en su momento como una solución definitiva, así como otros intentos que no alcanzaron los resultados esperados—, al menos sería razonable que se aspirara, como piso mínimo, a igualar las condiciones de gestión heredadas en 2020, con una ciudad limpia y una planificación a mediano plazo que garantizaba la disposición final de los residuos debidamente compactados para los años siguientes, algo que hoy parece ausente.



