Un trámite en Tránsito, una fila y una historia que expone por qué la Intendencia sigue siendo un lugar de encuentro.
Fuimos a la Intendencia Departamental a realizar un trámite en la Dirección de Tránsito. Nada extraordinario. Sin embargo, mientras aguardábamos nuestro turno, apareció esa sensación difícil de explicar: una mezcla de expectativa y cierta angustia. Porque, aunque muchas veces reclamamos agilidad y modernización, esos pasillos siguen siendo espacios de encuentro, de historias mínimas que dicen mucho más de lo que parece. Y para un periodista, ni que hablar.
No pasó mucho tiempo hasta que una conversación, escuchada casi al pasar, capturó la atención. Delante nuestro, una señora esperaba en la fila para hacer una consulta que, en rigor, bien podría resolverse por teléfono o a través de un call center. De esos que tanto se mencionan cuando se habla de modernizar el Estado, de evitar traslados innecesarios, de que no sea imprescindible “venir hasta la Intendencia” para cada trámite.
El planteo era sencillo, pero cargado de sentido común y urgencia. La mujer vive en la zona de COMEPA, en un lugar donde hay varias viviendas con garaje. Allí —contaba— es habitual que algunos conductores estacionen frente a las entradas, incurriendo claramente en una infracción. Su consulta era concreta: quería saber si podía pintar la calle, a la altura de su garaje, para advertir de forma más clara que en ese lugar no se puede estacionar.
Pero detrás de la pregunta administrativa apareció la historia personal. “Mi madre tiene 91 años”, explicó. “A veces me llama porque necesita algo urgente y yo tengo que salir enseguida. Más de una vez me encontré con que alguien dejó el auto justo en la entrada del garaje”. La infracción, en ese contexto, deja de ser una simple falta de tránsito para transformarse en un problema real, cotidiano, angustiante.
Ahí es donde las palabras del intendente Nicolás Olivera vuelven a la memoria. La necesidad de modernizar la Intendencia, de incorporar tecnología, de facilitar trámites y consultas sin que la gente tenga que moverse de su casa. Todo eso es cierto y necesario. Pero también es cierto que, en esas filas, en esos mostradores, siguen apareciendo historias que no entran del todo en un formulario digital.
Tal vez el desafío esté ahí: avanzar hacia una Intendencia más moderna, más ágil y eficiente, sin perder de vista que detrás de cada trámite hay personas, urgencias y realidades que muchas veces solo se comprenden en el cara a cara. Porque mientras existan historias como la de esa mujer y su madre de 91 años, la Intendencia seguirá siendo algo más que un edificio administrativo: seguirá siendo un lugar donde la ciudad se cuenta a sí misma, en voz baja, mientras espera su turno.