Walter Verri: Un año perdido: sin rumbo, sin liderazgo y mirando al pasado
Se cumplió el primer año de gobierno del Frente Amplio y del presidente Yamandú Orsi, si hubiera que resumirlo en una frase, sería esta: un año sin definiciones para el Uruguay.
No es una afirmación antojadiza ni meramente opositora. Es la conclusión que surge de los hechos. Doce meses después de asumir, el país no sabe hacia dónde lo quieren llevar. No hay hoja de ruta, no hay reformas estructurales, no hay grandes decisiones estratégicas. Hay administración, pero no conducción. Hay relato, pero no liderazgo.
Se prometió “la revolución de las cosas simples”. Sin embargo, ni siquiera eso ocurrió. Las cosas simples siguen igual. Y las complejas, peor.
En seguridad, tras un año completo de gestión, el gobierno reconoce que todavía está “elaborando el plan”. Mientras tanto, los homicidios se mantienen en cifras dramáticas para un país de nuestra escala. Uruguay convive con un promedio cercano a un homicidio por día. No hay giro, no hay innovación, no hay conducción firme del problema más angustiante para la ciudadanía.
En materia social, se anuncia un intento moderado de reducción de la pobreza infantil —objetivo que todos compartimos— pero sin la contundencia presupuestal ni la profundidad estructural que permitan cambiar verdaderamente los números. El problema es demasiado grave para respuestas tímidas.
Tampoco hay avances claros en salud mental, en asentamientos irregulares, en saneamiento o en infraestructura estratégica.
Son problemas históricos, sí. Pero quien asume el gobierno lo hace para enfrentarlos, no para paralizar el impulso que traian, no para diagnosticarlos durante un año entero.
Y mientras no se gobierna con decisión hacia adelante, se gobierna mirando por el retrovisor.
En lo que si demostró el gobierno tener claro el objetivo es al dedicar buena parte de su energía a dejar sin efecto decisiones de la administración anterior.
Primero fue Arazatí y el abastecimiento de agua para el área metropolitana. Dejaron sin efecto la licitación que ya estaba adjudicada, avanzaron con un proyecto que no resuelve el problema, que inundará 3000 ha. y que tiene un alto costo ambiental y productivo. Encima el nuevo contrato fue cuestionado por el Tribunal de Cuentas, pero aun así el gobierno decidió avanzar.
En el caso de dejar sin efecto el contrato de la construcción de las patrulleras es algo similar, ya se estaban construyendo, este mismo gobierno pago varios millones de dólares, pero por razones políticas rescindieron el contrato generando un escenario de litigiosidad internacional. Cuando el Estado actúa sin la debida solidez jurídica, termina pagando. Y no paga el gobierno; pagan los uruguayos.
Esa decisión nos puede costar varias decenas de millones de dólares, que además nos dejó sin las patrulleras, que tanto necesitamos para combatir el narcotráfico y la pesca furtiva.
En paralelo, el país pierde competitividad y perdemos empresas y fuentes de trabajo.
Se prometió no aumentar impuestos. Sin embargo, se crearon en el Presupuesto Quinquenal 3 nuevos impuestos.
Luego se modificaron bases imponibles, se alteraron criterios de cálculo en el IRPF, se ajustaron parámetros del Fonasa. El resultado es el mismo: más de 200 millones de dólares adicionales que salen del bolsillo de los contribuyentes. Técnicamente puede no llamarse “crear un impuesto”, pero en la vida real de la gente significa pagar más.
A eso se suman tarifas elevadas, energéticos caros.
Un ajuste fiscal feroz pero contundente.
El resultado empieza a verse: empresas que reducen personal, capitales que se relocalizan en la región, proyectos que se postergan. En un mundo que compite por inversiones, Uruguay no puede darse el lujo de enviar señales de incertidumbre.
Muchas empresas que se van o se reducen: Yazaki, Eurofarma, Schneck, Calcar, Verizon, Alpa, La Gotita, Sabre, Basf, Ukg, Ambev, Paycueros, y algunas más.
El golpe es duro, Paysandú lo está sufriendo muchísimo.
Este no es el gobierno que muchos hubiéramos querido. Y no se trata de una cuestión electoral ni de alternancia democrática —que es saludable y fortalece el sistema— sino de gestión. Gobernar es decidir. Gobernar es marcar rumbo. Gobernar es asumir costos políticos para producir transformaciones reales.
Hoy el país no percibe ese rumbo.
Ojalá el segundo año sea distinto. Porque cuando un gobierno fracasa, no fracasa un partido: pierde el país. Y nadie quiere que a Uruguay le vaya mal.
Pero el tiempo corre, parece que pasara muy rápido.
